jueves, marzo 12, 2026
Editorial

EL SISTEMA POLÍTICO LIBANÉS

-Hasta cuándo habrá que esperar pues después de casi dos siglos todavía sigue presente en la mente de los libaneses.

Dr. Román López Villicaña*

El sistema político libanés, es un sistema híbrido, trató de adoptarse el sistema republicano francés, pero al llegar a la realidad libanesa, resultó ser una especie deformada y muy sui generis. En esto se parece al país, pues Líbano fue una creación del colonialismo francés, que formó ese Estado, separando su territorio de la Gran Siria. Beirut es el puerto natural de Damasco. Dado que los cristianos maronitas (reconocidos como católicos por la Santa Sede) eran la mayoría de la población en esa montañosa región, los franceses crearon ese Estado para esos súbditos favoritos de los intereses metropolitanos.

Lo montañoso del país lo han transformado en refugio natural de todas las minorías presentes en el Medio Oriente. Así se encuentran no solo cristianos y musulmanes, sino todas las variantes de éstas, así hay cristianos de las denominaciones: maronita (católicos), griegos católicos, griegos ortodoxos, melquitas, cristianos protestantes en varias denominaciones, etc. Dentro de los musulmanes: hay chiítas, sunníes, alauíes, drusos, etc. Todos esto se ve complicado por la presencia de judíos, palestinos, armenios, circasianos, sirios. En lo ideológico: falangistas, hermanos musulmanes, progresistas, conservadores, comunistas, capitalistas, explotadores cristianos y explotados musulmanes, etc.

Esta enorme variedad aunada a un crecimiento exponencial de la población ahí, hacen que la situación sea siempre explosiva, y Líbano sea una caja de resonancia de todos los conflictos que estallan a su alrededor. Aumentado esto con la intervención de las grandes potencias, más las potencias regionales. Desde el punto de vista poblacional, ya en 1840 en la montaña libanesa había una densidad de población de 159 habitantes por kilómetro cuadrado, mientras en Alepo era de 15 habitantes, 13 en Damasco, 25 en Jerusalén. En parte esto llevó a la gran masacre de cristianos, a manos de los drusos, en el que 4000 cristianos mueren en combate, 4000 más mueren por desnutrición más 100 000 desplazados. También la superpoblación empujó a la población a la emigración, dándose así la diáspora libanesa que conocemos hoy. La masacre llevó a que los otomanos crearan la Mutasarrafiyah de El Líbano (provincia semiautónoma dentro del imperio), y la intervención de Francia como protectora de los súbditos católicos del imperio. Los límites de la Mutasarrafiyah será el lineamiento que los franceses tomarán para crear El Líbano independiente.

Es curioso, pero en el siglo XIX había bastante libertad religiosa en El Líbano, pues algunas comunidades podían dejar su religión para convertirse a otra. Así Bashir II se convirtió al catolicismo y abandonó el islam sin represalia alguna, incluso de las autoridades suníes otomanas. La Mutasarrafiyah dura hasta la primera guerra mundial. Al fin de la guerra, Inglaterra y Francia se dividen la zona. Inglaterra se queda con todos los territorios que bordeaban el canal de Suez, en tanto que a Francia le dan la parte que quedó de Siria en donde creo dos Estados: Siria y Líbano.

Entre 1920 y 1945, El Líbano fue gobernado por un compromiso entre jefes comunitarios bajo la supervisión de Francia. La lealtad política pues era hacia los jefes no hacia el Estado, en parte esto continúa. Se crean dos bloques: el nacional maronita que en su mayoría quería la independencia, pero no lazos con otros Estados árabes. Y el bloque constitucional que buscaba mejorar la relaciones con Siria. Así en 1943 se crea el Pacto Nacional. Dicho pacto otorgaba a los maronitas la presidencia de la república. El primer Ministerio a los musulmanes suníes, la jefatura del parlamento a un musulmán chiíta, y así se repartían los puestos hasta el último que hubiera en la burocracia. En el parlamento la proporción era de 6 cristianos por 5 musulmanes.

Este régimen lejos de invitar a la unidad invitaba a la discordia. Además, lo que pasara alrededor seguía teniendo repercusiones en el país. Así la revolución iraní inspiró al surgimiento del movimiento chiita Amal, que, con la intervención israelí de 1982, va a terminar convirtiéndose en Hezbollah, que hoy es la principal fuerza política. Cabe destacar que los chiítas eran la mayoría de la población a la vez que el estrato más pobre. Se transformaron en mayoría pues no emigraban y se quedaban fuera como los maronitas que terminaron integrados en las sociedades a las que emigraron. Los chiítas no emigraron, cuando lo hacía ahorraban dinero y regresaban a El Líbano a comprarse una casa grande y a gozar de sus ahorros.

Según estimaciones para 1977 había 900 000 musulmanes chiítas, 800 000 maronitas, 600 000 musulmanes suníes, 300 000 ortodoxos griegos, 250 000 musulmanes drusos, 200 000 católicos griegos y 160 000 cristianos armenios. Estos hacían el 99% de la población, sin embargo, el poder político seguía con la misma distribución. Debe agregarse que cada una de estas minorías cuenta con su propio ejército, lo cual hace que en cualquier momento estallen las hostilidades, como se vio en la guerra civil. Luego de los acuerdos de Taif, el sistema no cambió sustancialmente.

La solución a los problemas políticos del país: 1) Mayor comunicación entre los jefes comunitarios y dejar de lado los discursos que reflejan las ambiciones personales, no de las comunidades que dirigen. 2) Evitar dentro de lo posible la interferencia de fuerzas extranjeras, sean nacionales o internacionales. 3) Regreso a la democracia mediante el desmantelamiento de las milicias de cualquier denominación, 4) Depurar el ejército de elementos sectarios, 5) Diálogo entre libaneses, tendiente a organizar elecciones libres sin las ataduras sectarias y que se presenten candidatos de cualquier denominación que pueda ser votado libre por toda la ciudadanía. Por todos aquellos que sientan que el cedro de la bandera es un símbolo que todos deben defender.

A pesar de que esto puede ser posible, la sombra del pacto nacional antes citado sigue presente en El Líbano. Hasta cuándo habrá que ver esperar pues después de casi dos siglos todavía sigue presente en la mente de los libaneses.

 

*Román López Villicaña: Profesor pensionado UDLAP

Imagen: LVÁ        

La Voz del Árabe (LVÁ) – EDITORIAL – Cd. de México, agosto 24 del 2020

 

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