La Voz del Árabe

HELICOBACTER PYLORI: INFECCIÓN QUE AUMENTA RIESGO DE CÁNCER GÁSTRICO

HELICOBACTER PYLORI: INFECCIÓN QUE AUMENTA RIESGO DE CÁNCER GÁSTRICO

-Helicobacter pylori: la infección silenciosa que puede aumentar el riesgo de cáncer gástrico

Pepe Herrera

Durante décadas, Helicobacter pylori ha sido una de las infecciones bacterianas más extendidas en el mundo. Aunque estimaciones históricas han señalado que cerca de la mitad de la población mundial está expuesta a esta bacteria, una revisión sistemática reciente calculó que afecta actualmente al 43.1 % de las personas.

Su importancia no radica únicamente en su elevada frecuencia. H. pylori puede permanecer durante años en el estómago y causar gastritis crónica y úlceras; además, está reconocida como un factor de riesgo para el cáncer gástrico. De acuerdo con la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), la infección fue atribuible a alrededor de 850,000 casos de cáncer en 2020.

Se trata, por tanto, de una infección común que puede tener consecuencias importantes cuando permanece sin atender. Conocer cómo se adquiere, cuáles son sus manifestaciones y en qué circunstancias requiere atención médica resulta fundamental para reducir sus posibles complicaciones.

Para profundizar en estos aspectos, conversamos con la profesora Yolanda Flores Cabrera, de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza, quien explicó qué debemos saber sobre Helicobacter pylori, desde sus características y formas de identificación hasta la importancia de atender la infección oportunamente.

¿Qué es Helicobacter pylori? – La profesora Flores Cabrera explicó que Helicobacter pylori es una bacteria gramnegativa, de forma característica curva o espiral y con flagelos que le permiten desplazarse. Esta movilidad es fundamental para su capacidad de colonizar el estómago.

El estómago constituye un ambiente particularmente difícil para la mayoría de los microorganismos debido a la elevada acidez de su contenido. Sin embargo, H. pylori ha desarrollado mecanismos que le permiten sobrevivir en este entorno.

Una de sus características más importantes es la producción de una enzima denominada ureasa. Esta enzima permite a la bacteria utilizar la urea disponible en su entorno y generar productos que modifican las condiciones químicas que la rodean. Como consecuencia, se produce una disminución local de la acidez y se crea un microambiente más favorable para la supervivencia de la bacteria.

Además, los flagelos permiten que H. pylori se desplace a través del moco que recubre el estómago. De esta manera, puede aproximarse a la superficie de las células epiteliales y establecer una colonización persistente.

¿Cómo produce daño en el organismo? – Una vez que H. pylori coloniza el estómago, puede producir una inflamación crónica denominada gastritis. En algunas personas, esta inflamación permanece relativamente estable y no genera síntomas importantes; en otras, puede evolucionar y producir lesiones más graves.

Entre las enfermedades relacionadas con H. pylori, señaló la especialista de la FES Zaragoza, se encuentran la gastritis crónica, la enfermedad ulcerosa péptica y determinados tipos de cáncer gástrico. La importancia de H. pylori como factor de riesgo para el cáncer gástrico está ampliamente documentada. La IARC ha estimado que alrededor del 89 % de los casos de cáncer gástrico no cardial son atribuibles a esta infección, según estimaciones basadas en métodos de detección más sensibles.

Esto no significa que toda persona infectada vaya a desarrollar cáncer. La evolución depende de múltiples factores, entre ellos las características genéticas de la bacteria, la respuesta inmunitaria del huésped, la edad en que se adquiere la infección, los antecedentes familiares, las condiciones ambientales y otros factores de riesgo.

Por esa razón, es importante diferenciar entre estar infectado y tener una enfermedad grave. Una gran proporción de las personas infectadas permanece sin síntomas, pero la infección puede representar un riesgo acumulativo a lo largo del tiempo.

Una infección frecuentemente silenciosa – A esta complejidad se suma otro problema: la infección puede permanecer silenciosa durante años. Muchas personas no saben que están infectadas, ya que H. pylori puede adquirirse durante la infancia y permanecer en el organismo sin manifestaciones evidentes. Una persona puede sentirse completamente saludable y, aun así, tener la bacteria. Cuando aparecen síntomas, estos pueden confundirse con otros problemas digestivos.

Entre las manifestaciones que pueden hacer sospechar una infección o una enfermedad relacionada con H. pylori se encuentran el dolor o ardor persistente en la parte superior del abdomen, la sensación de inflamación, los eructos frecuentes, las náuseas, la disminución del apetito o la sensación de llenarse rápidamente después de comer. También puede existir dolor que empeore cuando el estómago está vacío. Sin embargo, estos síntomas no son exclusivos de H. pylori, por lo que no permiten establecer por sí mismos un diagnóstico.

Existen, además, signos que deben considerarse de mayor gravedad. La profesora Yolanda destacó que la presencia de heces negras, vómito con sangre o material semejante a posos de café, pérdida de peso inexplicable, anemia, dificultad o dolor para tragar u otros signos de sangrado digestivo requieren valoración médica.

Ante estos signos no se debe esperar a que desaparezcan espontáneamente ni intentar resolverlos mediante automedicación. Es necesario acudir con un profesional de la salud para determinar la causa y recibir la atención correspondiente.

¿Cómo se transmite? – Además de conocer cómo puede manifestarse la infección, es importante entender cómo se adquiere. La transmisión de H. pylori es compleja y no existe una única vía que explique todos los casos.

La evidencia científica señala que la transmisión de persona a persona tiene un papel importante y que pueden participar las vías fecal oral, oral oral y gastro oral. También se ha estudiado la posible participación de agua y alimentos contaminados.

La infección suele adquirirse durante la infancia y tiende a concentrarse dentro de las familias. Las condiciones de hacinamiento, el acceso insuficiente a agua segura y determinadas condiciones sanitarias se han asociado con una mayor frecuencia de infección.

Esto ayuda a explicar por qué las tasas históricas de H. pylori han sido particularmente elevadas en regiones con mayores dificultades socioeconómicas y sanitarias.

Medidas de prevención – Comprender las principales vías de transmisión permite identificar también las medidas que pueden contribuir a reducir el riesgo de infección. Por ello, las acciones preventivas se relacionan principalmente con la higiene, el saneamiento y el acceso a agua segura.

El lavado correcto de manos con agua y jabón, especialmente después de utilizar el baño y antes de preparar o consumir alimentos, es una de las medidas básicas.

También es importante consumir agua potable o agua sometida a un método seguro de tratamiento cuando no exista acceso confiable a agua potable. La preparación y manipulación higiénica de los alimentos también resultan relevantes.

Estas medidas adquieren mayor importancia en lugares donde existen problemas de saneamiento, hacinamiento o contaminación del agua.

Sin embargo, debe evitarse presentar la infección como consecuencia exclusiva de una “mala higiene”. La epidemiología de H. pylori es compleja y está influida por condiciones sociales, económicas, ambientales y familiares. La transmisión puede producirse incluso en personas que mantienen buenos hábitos de higiene.

¿Cómo se diagnostica la infección? – Una vez que se conocen las características de la infección y sus principales vías de transmisión, surge una pregunta fundamental: ¿cómo saber si una persona está infectada?

El diagnóstico de H. pylori puede realizarse mediante diferentes métodos. La elección depende de la situación clínica del paciente.

Entre las pruebas no invasivas se encuentra la prueba de aliento con urea marcada con carbono 13. En términos sencillos, al paciente se le administra urea marcada y, si H. pylori está presente, la ureasa producida por la bacteria descompone esa urea. Esto genera productos que pueden detectarse posteriormente en el aire exhalado.

Esta prueba es particularmente útil porque no requiere realizar una endoscopia y puede utilizarse tanto para detectar la infección como para comprobar posteriormente si el tratamiento logró eliminarla.

Otra alternativa es la detección de antígenos de H. pylori en materia fecal. También existen métodos basados en biopsias obtenidas durante una endoscopia, especialmente cuando el paciente presenta indicaciones para realizar este procedimiento.

El problema creciente de la resistencia a los antibióticos – Cuando la infección ya está presente, el siguiente desafío es conseguir su erradicación. Y en este punto aparece uno de los principales problemas actuales: la resistencia a los antibióticos.

Uno de los aspectos que más preocupa actualmente de H. pylori es precisamente la resistencia antimicrobiana, destacó Flores Cabrera. Durante años se utilizó ampliamente la llamada terapia triple, que combinaba un inhibidor de la bomba de protones con dos antibióticos, entre ellos, frecuentemente, la claritromicina. Sin embargo, la bacteria ha desarrollado resistencia a diferentes antibióticos, especialmente a este medicamento y al levofloxacino en numerosas regiones.

Esto explica por qué una persona puede tomar medicamentos y, pese a ello, continuar infectada. El problema no necesariamente significa que el paciente haya hecho algo incorrecto: la bacteria puede ser resistente al medicamento utilizado.

“Pero existe otro factor fundamental: el incumplimiento del tratamiento. Cuando una persona toma los medicamentos de manera irregular, olvida dosis, cambia los horarios o suspende el tratamiento porque se siente mejor, disminuye la posibilidad de erradicación completa. Por esta razón, el tratamiento debe ser prescrito por un profesional de la salud para ir viendo la evolución y cumplirse exactamente de acuerdo con las indicaciones recibidas”, agregó la especialista de la FES Zaragoza.

Por ello, aunque desaparezca el dolor, esto no significa necesariamente que la bacteria haya desaparecido. Incluso se recomienda realizar una prueba de curación después de finalizar la terapia. Esta comprobación permite determinar si realmente se logró la erradicación.

Tratamientos actuales – Precisamente por el aumento de la resistencia antimicrobiana, las estrategias de tratamiento de H. pylori han cambiado. Las recomendaciones actuales del American College of Gastroenterology señalan para muchos pacientes una terapia cuádruple optimizada basada en bismuto durante 14 días. Este esquema incluye un inhibidor de la bomba de protones, bismuto, tetraciclina y metronidazol.

El bismuto tiene un papel importante en los esquemas cuádruples porque contribuye a la actividad contra la bacteria y complementa la acción de los antibióticos.

La guía también contempla otras alternativas, como vonoprazán, un bloqueador competitivo de potasio que produce una supresión potente de la secreción de ácido gástrico. La elección del esquema depende de factores como los tratamientos previos, las alergias, la exposición anterior a antibióticos y los patrones locales de resistencia.

Lo fundamental es comprender que el tratamiento no debe seleccionarse de manera autónoma. No se debe tomar una combinación de antibióticos sobrantes de tratamientos anteriores ni utilizar medicamentos recomendados informalmente por familiares o conocidos.

La situación en México y América Latina – La relevancia de este problema no es únicamente global. En América Latina y, particularmente, en México, la carga de enfermedad asociada con el cáncer gástrico hace que la prevención, detección y erradicación de H. pylori tengan especial importancia.

La región presenta históricamente una importante carga de cáncer gástrico, aunque existen diferencias considerables entre países. La IARC ha documentado que esta enfermedad representa una importante carga y mortalidad en América Central y del Sur, ya que en esta región constituye una de las principales causas de muerte por cáncer. Además, existen diferencias importantes entre países en cuanto a sus tasas de incidencia y mortalidad.

En México, las cifras actuales también muestran la importancia del cáncer gástrico como problema de salud pública. De acuerdo con las estimaciones más recientes del Global Cancer Observatory (GLOBOCAN 2024), en 2024 se estimaron 8,573 nuevos casos de cáncer de estómago y 7,073 defunciones por esta enfermedad en el país.

El cáncer gástrico representó aproximadamente el 4.3 % de todos los casos nuevos de cáncer y el 7.3 % de las muertes por cáncer, ubicándose en ambos casos entre los cinco tipos de cáncer con mayor impacto en México.

Estas cifras permiten dimensionar la relevancia de la enfermedad y adquieren especial importancia al considerar que la infección por Helicobacter pylori es uno de los principales factores de riesgo conocidos para el desarrollo del cáncer gástrico. Por ello, la prevención, detección y erradicación oportuna de esta bacteria constituyen estrategias relevantes para reducir, a largo plazo, la carga de esta enfermedad en la población mexicana y de la región.

¿Existe una vacuna? – Si la prevención y la erradicación son herramientas importantes para reducir las consecuencias de H. pylori, surge una última pregunta: ¿es posible prevenir la infección mediante una vacuna?

Actualmente no existe una vacuna comercial de uso general capaz de prevenir la infección por H. pylori. La especialista de la FES Zaragoza subrayó que el desarrollo de una vacuna ha resultado particularmente difícil debido a las características de la bacteria y a la compleja interacción que mantiene con el sistema inmunitario y con la mucosa gástrica.

Otro problema es la gran diversidad genética y de factores de virulencia de las distintas cepas. Una vacuna dirigida exclusivamente contra un único componente podría no proporcionar una protección suficientemente amplia.

A pesar de estas dificultades, la investigación continúa. Una de las estrategias que se estudian consiste precisamente en desarrollar vacunas capaces de dirigirse contra varios antígenos o factores de virulencia simultáneamente, en lugar de depender de una sola proteína. La ureasa constituye uno de los objetivos estudiados, pero también se investigan otras proteínas y factores relacionados con la capacidad de H. pylori para colonizar y producir daño.

Mientras no exista una vacuna disponible, la prevención de la infección depende principalmente de mejores condiciones sanitarias y de medidas de higiene, mientras que la reducción de sus consecuencias depende de identificar y tratar adecuadamente a las personas infectadas. En ese sentido, conocer cómo se transmite H. pylori, reconocer sus posibles manifestaciones y recurrir a un diagnóstico y tratamiento adecuados sigue siendo fundamental para disminuir el impacto de una infección que, aunque con frecuencia permanece silenciosa, puede tener consecuencias importantes a largo plazo.

Información: GlobalUNAM / Imagen: GlobalUNAM    

La Voz del Árabe (LVÁ) – VIDA y SALUD – Cd. de México, septiembre 2 del 2026

Las declaraciones y opiniones expresadas en esta publicación sitio web en Internet son exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de La Voz del Árabe.  

Salir de la versión móvil