La Voz del Árabe

AQUELLOS CUATRO PELAGATOS EN LA RADIO DEL TÉ Y LAS PASTAS

AQUELLOS CUATRO PELAGATOS EN LA RADIO DEL TÉ Y LAS PASTAS

-La verdadera fragua de The Beatles

Miguel Ávila Vázquez*

​Miren que les gusta engordar el pavo a los mitómanos de salón. Llevan seis décadas masturbándose mentalmente con las virguerías de la consola de cuatro pistas de Abbey Road, adorando la orquestación aristocrática de George Martin como si fuera el mismísimo Evangelio según San Mateo. Se les llena la boca hablando de la psicodelia, del sargento Pimienta y del misticismo de pacotilla en la India, mientras contemplan los retratos del cuarteto con la veneración beata de quien admira un cromo del Sagrado Corazón.

Sin embargo, toda esa turba de indocumentados suele pasar por alto, con esa ignorancia supina tan propia del melómano de estantería, el verdadero lugar donde esos cuatro chicos de Liverpool se convirtieron en bestias salvajes del rock and roll: los tugurios de Hamburgo, la sudorosas paredes de la Caverna y por increíble que parezca, los estudios de la muy flemática, muy británica y muy victoriana BBC.

​Allí, entre tazas de té, moqueta rancia y técnicos de corbata fina que parecían funcionarios del Ministerio de Agricultura, The Beatles perpetraron una proeza que hoy los analfabetos del vinilo ignoran. Entre 1962 y 1965, John, Paul, George y Ringo se presentaron ante los micrófonos de la radio pública para escupir decenas de canciones a bocajarro, en vivo, sin trucos de estudio, overdubs ni componendas. Nada menos que más treinta y tantos temas jamás editados en sus discos oficiales pasaron por aquel filtro de onda media.

​Pero claro, para apreciar esto hay que tener algo de oído y menos vanidad de postureo. Aquellos muchachos no llegaron a la BBC siendo unos angelitos del pop diseñados por una discográfica para encandilar a las quinceañeras; venían curtidos de los antros nauseabundos de Hamburgo —empastillados hasta las cejas y tocando ocho horas seguidas entre marineros borrachos y putas de poca monta— y del barro húmedo de The Cavern. Tenían las manos llenas de callos y una maestría encubierta que solo da el patearse los escenarios antes de que existieran los focos de colores. Poseían el colmillo retorcido de quienes sabían llevarse a la boca cualquier composición ajena para destrozarla, engullirla y escupirla convertida en algo propio, infinitamente superior al original.

​En programas legendarios como Pop Go The Beatles —hecho a su medida para regocijo de la parroquia—, Teenager’s Turn, Here We Go o el mítico Saturday Club, la banda no se limitó a despachar sus éxitos de lista. Engulleron el rhythm and blues americano, agarraron a Chuck Berry, a Arthur Alexander, a Buddy Holly o a Carl Perkins, y les reventaron las costuras para rehacerlos a su antojo. No eran simples versiones; eran atracos a mano armada. Escuchar a Lennon desgañitarse con una rabia casi animal en «Soldier of Love», a McCartney domar el «Besame Mucho» o la salvaje ejecución de «Lonesome Tears in My Eyes» es presenciar a cuatro felinos hambrientos adueñándose del repertorio ajeno con una chulería insuperable.

​El idilio con las ondas tuvo además sus propios santuarios radiofónicos diseñados por y para ellos. Mención aparte merece el especial de días festivos del programa From Us to You, donde regalaban a la audiencia versiones inéditas con la fresca desfachatez de quien se sabe dueño del cortijo. Y como cereza para este festín de nostalgia ignorada por el gran público, ahí queda para los anales The Beatles Invite You to Take a Ticket to Ride, emitido en junio de 1965: su último programa y testamento definitivo para la BBC. Aquel show fue el canto de cisne de su etapa más pura, el cierre de la persiana para The Beatles que tocaban juntos en una misma habitación mirando al micrófono de frente, antes de encerrarse en la torre de marfil del estudio a estratificar capas de cinta magnética.

​Así que dejen de mirarse el ombligo con las sutilezas tardías de producción y ríndanle homenaje a lo que de verdad importa. Esas grabaciones de la BBC no son una curiosidad menor para coleccionistas friquis o eruditos de catálogo: son la prueba irrefutable de que, antes de ser endiosados por la posteridad, esos cuatro tipos eran la mejor y más peligrosa banda que jamás pisó la Tierra. Y a quien no sea capaz de verlo, que le den la extremaunción musical.

*Miguel Ángel Ávila – Me batí el cobre en las trincheras del periodismo deportivo de 1992 a 2008: dieciséis años dejando la piel en prensa escrita, radio, televisión e Internet, cuando el oficio aún olía a tinta y urgencia de cierre de edición. ​Pero la vida obliga a cambiar de tercio y, desde aquel año, me adentré en el implacable frente de los contact centers. Hoy, curtido por los años y la línea de fuego, ejerzo como gerente; soy el capitán que pone orden, mando y táctica para mantener a raya el caos diario de la operación. ​En la retaguardia, soy historiador aficionado y devoto leal de The Beatles desde los nueve años. Un hombre de la vieja escuela que defiende su oficio y sus pasiones con la terquedad de un soldado de los Tercios. Este soy yo.

Imagen: Autor     

La Voz del Árabe (LVÁ) – La Voz del Arte – Cd. de México, agosto 29 del 2026

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