La Voz del Árabe

EN LA HORA DEL SILENCIO

EN LA HORA DEL SILENCIO-Lm.Cobo

-Un amor deseado, un amor hablado, un amor que…

Luis Miguel Cobo

La exposición colectiva había sido un gran éxito, algo nunca antes visto en este país, participaron más de cien fotógrafos artísticos de toda América.

El cóctel de inauguración resultó para la Galería Internacional de mucha ayuda comercial. La exposición estaría cinco días expuesta para el público aficionado ya que se tenía que trasladar a Europa y después de tres meses regresaría nuevamente a la capital.

Los tres días estuvo abarrotada de gente joven y adultos que la vieron, muchos solicitaban información y precios porque deseaban comprar algunas obras, pero como viajaría en breve fuera del país no se vendieron, solo se podían apartar, pero sería hasta que regresara si llegaba completa, aunque la obra vendida en el viejo continente sería repuesta por otra del mismo autor.

Ya eran más de las diez de la noche del sexto día después de la inauguración, el espacioso salón ya estaba prácticamente desarmado, las mamparas y obras pictóricas descolgadas se podían ver por todos lados para su clasificación y ser empacadas para el largo viaje.

Aunque aún quedaban algunas colgadas, entre ellas estaba la obra de Jean, el joven fotógrafo de moda. Era una gráfica en color impresa en papel de 20 x 24 pulgadas, enmarcada dentro de un fino marco de aluminio resaltando la marialuisa gris de fino cartón y tela bajo un cristal antireflejante. Fue una de las fotografías más vistas, admirada, criticada y enaltecida por los especializados en la materia y el público en general, gracias a la extraordinaria belleza que poseía en cuanto a su composición, y definitivamente por su contenido.

Jean fotografió a la mujer y modelo más hermosa, sensual y atractiva de toda la exposición, Veronik, nadie había logrado lo que este joven fotógrafo, el desnudo, pero no tanto de la mujer, sino de la belleza… Ella se colocó frente a su foto cuando llegó cuando por fin la encontró captando la atención de los periodistas que se encontraban cubriendo el evento.  

Jean, por estar de viaje no había asistido a la inauguración, así que del aeropuerto se dirigió directo a la galería y solicitó permiso al gerente para entrar a ver y revisar su obra.  Llegó ante ella, miró a un lado y otro del lugar, se dio cuenta de que el cuadro estaba colgado en un magnífico lugar, eso le agradó mucho.

 Luego mirando alrededor suyo buscó algo en dónde sentarse, rápidamente encontró una silla plegable, la abrió y colocó frente a su obra a unos tres metros de distancia. La luz era tenue pero clara, alcanzaba a ver todo el cuadro frente a él.

Jean sabía que su obra había sido la más vista y deseada por la gente que asistió a la muestra, lo había leído en el periódico a bordo del avión: “una obra que habla por sí sola, su belleza es inaudita y muy poco vista en la actualidad…”, decía el diario.

Le daba gusto y sentía necesidad de hacer algo mucho mejor a futuro, pero en ese momento le preocupaba lo que estaba mirando, esa fotografía de la modelo Veronik, una de las modelos más cotizadas en ese momento y una de sus mejores amigas, la más hermosa, lo que en persona radiaba lo hacía también posando para la gráfica, había sido una verdadera obra de arte lo que logró Jean con su foto plasmando la realidad en esa gráfica que todos habían admirado, además de que sus filtros para sus lentes creados por él habían llamado la atención a quien miraba la imagen, al grado que la fotografía llegaba a parecer una pintura…

Cruzó la pierna sin dejar de mirarla, sentía algo extraño, su mirada se fijó en aquella imagen que estaba frente a él, se compenetraba cada vez más, volvía nuevamente a meterse en su propia obra, la vivía de nuevo y recordaba lo que había pensado cuando hacía la serie de fotografías con la que logró la que miraba…

Fue algo maravilloso y muy excitante, —se decía en la mente— mirar a Veronik cuando se quitaba la bata blanca quedando desnuda frente a mí, lo primero que sentí fue el gran deseo de lanzarme sobre ella en esa cama, besarla y acariciarle todo su hermoso y terso cuerpo, besarla cada vez más y acabar con su cuerpo acariciándolo parte por parte, —continuaba pensando e imaginando y recordando—, su vientre que semeja a una mesa de billar lo besaría y lamería hasta acabar con mi lengua sobre su piel, —y recordaba más—, sin soltar la cámara y tras de cada destello de luz que se repetía cuando oprimía el disparador la miraba y me excitaba más, me abatía el enorme sentimiento de saltar sobre ella cada vez que se rodaba de un lado a otro de la gran cama, sus pequeños senos se movían como si fueran a romperse, el cabello se enredaba y ella lo acomodaba rápidamente, todo su cuerpo tenía movimientos normales que mi mente los transformaba en eróticos, —continuaba recordando y excitándose—, en un momento la miraba de frente, aquel sexo finamente rasurado y de pronto sus nalgas, perfectas y dignas de una mujer como ella, su cara tan bonita que daban ganas de besarla por largo tiempo toda milímetro a milímetro saboreando su tersa piel, todo ese conjunto era fotografiado por mí, y aquí está el resultado de todo ese tiempo de masturbación y erotismo mental detrás de la cámara, y aquí estoy, sí, mirando a esa mujer que no he podido hacerla mía…

Pero Jean no se mostraba molesto, aunque pensaba en todo lo que pasó y pensó cuando hacía su obra no perdía la fe, continuaba pensando: —es increíble que esté aquí solo, mirando esta que es una fotografía hecha por mí y que la modelo es mi amiga de hace tiempo, pero que por sólo unos momentos de estar frente a ella sentí que me enamoraba y que hervía por dentro por verla denuda, —se decía aún ahí sentado—, así no la conocía, haciendo caras representando un gran éxtasis por el que parecía lograba un orgasmo, pero esa mentira era solamente para la cámara, no para mí…

Respiraba profundo y continuaba pensando si moverse del lugar: —en fin, algún día podré hablar con ella y decirle todo lo que sentí por ella gracias a esta obra fotográfica…

Habían pasado varias semanas después de que Jean estuvo frente a su obra por última vez, la expo completa ya estaba en Madrid, según informes de la galería, los diarios y las crítica habían hablado bien de todas las gráficas, pero la de Jean, titulada simplemente “Veronik” había aparecido en casi todas las páginas de cultura de los diarios y revistas, eso le dio pie al fotógrafo para continuar con su obra y pensar en otra serie con la modelo.

A los pocos días de haber aparecido en los diarios su amiga habló al fotógrafo, era Veronik, lo felicitó y le pidió una cita, deseaba hacerse un estudio fotográfico profesional para su portafolio ya que el actual había caducado. Él aceptó de inmediato y quedaron para verse en unos cuantos días.

Empezaron a hacer las fotografías a las diez de la mañana, todo se realizaba muy bien, sin fallas, ella lo daba todo, parecía que ninguna foto había salido mal. Ya habían hecho más de doscientas fotos y Veronik estaba fatigada, decidieron descansar unos minutos antes de continuar trabajando.

En ese descanso y cuando Jean dejó todo preparado se acercó a Veronik, se dio cuenta que estaba en el interior del camerino, sola y abanicándose con un pedazo de cartón, vestida en ropa interior. Al verla Jean se excitó una vez más, la saludó y se sentó junto a ella,

—¿Te sientes bien? 

—Sí… —respondió mirándolo de frente, luego dijo, —Jean, que hermosos ojos tienes, con razón tus fotografías son tan buenas, con esa mirada…

—No digas eso Veronik, me apenas… —guardaron silencio y luego de unos minutos Jean habló, —Veronik dime algo, ¿si quieres podríamos salir esta noche, o mañana o cuando tú quieras conmigo? —Quedó pensativa y le respondió al fin,

—¡Claro! ¿A dónde quieres ir Jean?

—No lo sé mujer, tú escoge, a donde quieras y ¿cuándo será?

—El sábado, ¿está bien? —Él asintió con la cabeza sonriente y se retiró al estudio.

Continuó trabajando hasta muy tarde y al final cuando ya se retiraba le recordó la cita para el sábado, ella la confirmó y luego abandonó el estudio despidiéndose con un ligero beso entre los labio y la mejilla.

Jean quedó solo y pensando en ella, estaba a punto de declararse enamorado de la hermosa modelo, pero no quería aceptarlo hasta que ella no le diera el sí definitivo, —sería jugarle al tonto— pensaba.

Durante los días anteriores al sábado no dejó de pensar un instante en ella, estaba como hipnotizado, todo lo hacía y pensaba con la imagen de la hermosa mujer en la mente.

Cuando llegó el momento de estar y salir con Veronik, se sentía muy nervioso, de entre tantas modelos jamás había tenido a su lado y como pareja a una mujer tan hermosa como lo era ella, pero en el fondo sabía que su sentimiento era más grande que una amistad. Aunque había salido de fiesta con muchas modelos, con Veronik era diferente, la deseaba como a ninguna, tanto y de todas las formas posibles que estaba al borde de la histeria por no obtener a esa mujer, era la única que en verdad le había gustado y era la única que no le había hecho caso alguno, excepto la amistad que había llevado, pero nunca habían salido ni siquiera a tomar un café, era amistad de teléfono y trabajo.

Pasó por ella a su casa y luego se dirigieron hacia la Condesa, ahí habría cualquier cosa, desde un café hasta un antro o discoteca o restaurante elegante…

Por fin, después de platicarlo y decidirlo ambos entraron a un antro situado sobre la avenida principal. Jean llevaba en su mente las más limpias intenciones para empezar una hermosa y sana relación con Veronik, de tal manera que pudiera decir que era su novia.

Habían permanecido en ese famoso antro por más de tres horas, la invitó a salir del lugar y fueron al parque que se encontraba al otro lado de la gran avenida. Ya eran más de las dos de la mañana y hacía frío, ambos caminaban despacio y en silencio por los corredores del parque, se abrazaban como si fueran ya una pareja…

En cierto momento sobre la acera rumbo al antro él se frenó y medio volteó para verla, ella sorprendida también lo miró, esperó a que él hablara,

—Vero, ya no aguanto más, es que la verdad siento que te quiero y me gustaría… bueno, que anduviéramos, que fueras mi novia… —hubo silencio, ella lo miraba sonrojada sin saber la respuesta, dijo después de unos segundos,

—Pero Jean, si somos buenos amigos, nos conocemos mucho, pero… es que… —decía nerviosa, —mira, son tantos los hombres que me abordan, que desean salir conmigo, por amistad y negocios, bueno, la verdad es que no me gustaría fallarte, aunque sí, sí me gustaría salir contigo siempre, me gustas y todo eso, pero es que tengo tantos compromisos que…

Con lo que había dicho comprendió todo, estaba a punto de volverse loco, no creía haber sido rechazado por la modelo que él había hecho famosa…

La vida continúa, una vez somos ganadores y otra somos perdedores. Jean a los pocos meses se encontró con una mujer que lo comprendió y se enamoró de ella.

Después de casi un año Veronik le habló y Jean sintió en el fondo algo muy especial.

Ella le pidió salir con él, le platicó que la habían maltratado mucho y que ya no quería saber más de su carrera de modelo, deseaba sentar cabeza y empezar a vivir tranquila junto a él…

—Veronik, mi amiga, —le decía Jean, —fíjate que estoy comprometido ya con una mujer, en verdad lo siento, pero lo nuestro pudo haber sido hermoso si lo hubieras pensado cuando te lo pedí…

En la hora del silencio pudo haber deseado a la mujer más hermosa conocida en su vida, pero esa hora se rompió cuando se atrevió y habló con ella…

FiN…


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Imagen: LVÁ – Lm.CoBo.FoTo

La Voz del Árabe (LVÁ) – Lm.CoBo – Cd. de México, agosto 19 del 2026

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