La Voz del Árabe

MENOS SEMINARIOS Y MÁS BERNARDO DE GÁLVEZ

MENOS SEMINARIOS Y MÁS BERNARDO DE GÁLVEZ

– Bastaría con que esa recua de advenedizos abriera de vez en cuando un libro de Historia…

Miguel Ávila Vázquez*

Ahí tienen a los oráculos del management moderno, derramando litros de tinta en libros de autoayuda ejecutiva para descubrir la pólvora: que un tipo con mando en plaza debe saber bregar con gentes de distinto pelaje, fe y condición si no quiere que el chiringuito se le vaya al carajo. Qué novedad, oigan. Qué alarde de finura conceptual.

​Lástima que no inventen nada. Bastaría con que esa recua de advenedizos abriera de vez en cuando un libro de Historia —esa disciplina tan demodé— para enterarse de que el asunto tiene un par de siglos de solera. Y que lo firmó un español.

​El Capitán General Bernardo de Gálvez ya sabía de qué iba la copla cuando el resto del mundo aún vestía calzón corto. En lugar de disertar en aburridos seminarios sobre «gestión de la diversidad», el hombre juntó en el mismo barro a lo mejorcito de cada casa: soldados de la Corona, indios de la Nueva España, colonos angloamericanos, criollos cubanos, indios con plumas y machete, y hasta tramperos canadienses. Una tropa mestiza, estrafalaria y temible, unida no por discursos buenistas de salón, sino por la disciplina, el coraje y la mala leche necesaria para poner en su sitio al Imperio británico.

​Con esa melé multicolor que habría hecho hiperventilar a cualquier burócrata del Pentágono, Gálvez les dio una tunda inolvidable a los ingleses en Pensacola, allá por 1781. Sin melodramas. Sin cuotas. Solo un soldado español al que le importaba un carajo la raza o la cuna de sus hombres, siempre que supieran disparar recto y avanzar bajo la metralla hacia un objetivo común.

​Para los que prefieran la imagen a la letra —que hoy son mayoría—, ahí está el lienzo de Ferrer-Dalmau, Por España y por el Rey, Gálvez en América. Contemplen a ese tipo al frente de sus hombres, entre el humo de los cañones y el crujir de la madera, y aplíquense el cuento.

*Miguel Ángel Ávila – Me batí el cobre en las trincheras del periodismo deportivo de 1992 a 2008: dieciséis años dejando la piel en prensa escrita, radio, televisión e Internet, cuando el oficio aún olía a tinta y urgencia de cierre de edición. ​Pero la vida obliga a cambiar de tercio y, desde aquel año, me adentré en el implacable frente de los contact centers. Hoy, curtido por los años y la línea de fuego, ejerzo como gerente; soy el capitán que pone orden, mando y táctica para mantener a raya el caos diario de la operación. ​En la retaguardia, soy historiador aficionado y devoto leal de The Beatles desde los nueve años. Un hombre de la vieja escuela que defiende su oficio y sus pasiones con la terquedad de un soldado de los Tercios. Este soy yo.

Imagen: Ferrer-Dalmau    

La Voz del Árabe (LVÁ) – CULTURA – Cd. de México, agosto 3 del 2026

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