La Voz del Árabe

BAILÉN 1808: CUANDO LA CANALLA ILUSTRADA MORDIÓ EL POLVO ANDALUZ

BAILÉN 1808: CUANDO LA CANALLA ILUSTRADA MORDIÓ EL POLVO ANDALUZ

– España en estado puro: capaz de la mayor barbarie recibida, ¿el resultado? Aquí lo conocerás…

Miguel Ávila Vázquez*

Aquel 19 de julio de 1808, el suelo de Bailén quemaba como el mismísimo infierno, pero a los españoles, que ya venían quemados de casa, les importaba un carajo. Hacía un mes que la fina y civilizada canalla gabacha de Napoleón había pasado a sangre y fuego a la levantisca Córdoba, violando, robando y degollando en nombre de las luces y el progreso ilustrado. Pero en los campos de Jaén, los generales Castaños y Reding les tenían preparada la clásica receta de la casa: plomo, golpes y orgullo patrio.

Aquello no fue una escaramuza de tres al cuarto; fue la primera vez que el imbatible, soberbio y estirado Ejército Imperial mordió el polvo a campo abierto, demostrando a la vieja Europa que a esos ilustrados hijos de la Grandeur también se les podía romper la crisma. El eco de Bailén corrió como la pólvora, sirviendo de oportuno recordatorio a toda la nación de que un labrador cabreado con una faca es más peligroso que tres regimientos de húsares.

La comedia venía de atrás. A principios de junio, el general Dupont —un tipo que se creía el rey del mambo— había salido de Madrid con sus jactanciosos muchachos para socorrer a la flota francesa sitiada en Cádiz y meter en cintura a una Andalucía que no entendía las bondades de ser invadida.

No contaban con que, en Sevilla, la Junta Suprema ya le había declarado la guerra a muerte con esa solemnidad tan española. El 13 de junio, los soldados de la Fraternité —vaya sarcasmo sangriento— entraron en Córdoba. Mataron, saquearon iglesias con devoción por lo ajeno, reventaron conventos y deshonraron a cientos de cordobesas para demostrar su superioridad moral. Tras aquella infamia y tras apuntarse el tanto de Alcolea, Dupont plantó su cuartel general en Andújar, frotándose las manos a la espera de unos refuerzos de Madrid que debían sumarle 34.000 bayonetas. Se las prometían muy felices.

Pero los españoles, que para organizarse son un desastre salvo cuando se trata de ir a la contra, reaccionaron. Castaños, por orden de la Junta, levantó de la nada un ejército de 30.000 hombres correosos, duros y con pocas ganas de aguantar discursitos en francés, secundado por tipos curtidos como Reding, Jones, La Peña y el marqués de Coupigny. Cuando el 18 de julio Dupont ordenó avanzar hacia Bailén creyendo que el camino sería un idílico paseo militar, se topó de bruces con la cruda realidad. Allí estaban, formadas y esperando, las divisiones de Reding y Coupigny. Lo divertido del caso es que ninguno de los dos bandos esperaba encontrarse al otro; una genialidad logística muy de la época, pero la suerte ya estaba echada.

A las tres de la mañana del 19 de julio, con una noche cerrada y un silencio espeso, el suizo Reding organizó la línea con pulso firme. En la vanguardia, infantería armada con mosquete y bayoneta intercalada con piezas de artillería; detrás, la reserva y la caballería lista para morder los flancos. El tableteo de los mosquetes empezó a ciegas. A las cinco, con las primeras luces del alba, los españoles, echando los redaños que siempre los salvan a última hora, tomaron las alturas del cerro Haza Walona.

El combate fue un sálvese quien pueda feroz, cuerpo a cuerpo, oliendo a pólvora, sudor y sangre. Los artilleros españoles, que ese día tenían la puntería fina, barrieron los cañones franceses para sorpresa de los oficiales imperiales. Al mediodía, con el termómetro rozando unos criminales 40 grados a la sombra andaluza, un Dupont desesperado y sudando el uniforme se puso a la cabeza de 3.300 hombres para romper las líneas españolas en una carga suicida.

Pobres diablos. Enfrente tenían a hombres de otra pasta. Mientras los gabachos se asfixiaban en sus paños y desfilaban como en París, las heroicas mujeres de Bailén se jugaban el pellejo bajo las balas para llevar cántaros de agua fresca a los suyos. Aquel trago de dignidad los mantuvo en pie. El ataque francés se estrelló contra un muro; el propio Dupont cayó herido y, tragándose su orgullo imperial junto con el polvo del camino, no tuvo más remedio que rendir las armas ante Reding. El balance para la gloria napoleónica fue menudo chiste: 17.150 prisioneros, 450 muertos y 1.500 heridos.

Bailén amputó de un plumazo la cuarta parte de las fuerzas francesas en España y dejó el camino libre hacia Madrid. Al infeliz de José Bonaparte, a quien el ingenio popular despachaba con el mote de Pepe Botella, le faltaron piernas para huir de la capital con el botín a cuestas, donde las tropas de Castaños entraron el 23 de agosto. La mayoría de los gabachos que sobrevivieron a aquella jornada terminaron pudriéndose de mala manera como prisioneros en los pontones de la bahía de Cádiz o confinados en las Canarias.

Fue la terrible y justa factura para aquellos que, semanas antes en Córdoba, habían dejado tal rastro de horror que las crónicas de la época aún recuerdan, con un escalofrío que hiela la sangre, cómo los cerdos se comían en las calles los senos de las mujeres asesinadas.

España en estado puro: capaz de la mayor barbarie recibida y de la más implacable y heroica venganza.

*Miguel Ángel Ávila – Me batí el cobre en las trincheras del periodismo deportivo de 1992 a 2008: dieciséis años dejando la piel en prensa escrita, radio, televisión e Internet, cuando el oficio aún olía a tinta y urgencia de cierre de edición. ​Pero la vida obliga a cambiar de tercio y, desde aquel año, me adentré en el implacable frente de los contact centers. Hoy, curtido por los años y la línea de fuego, ejerzo como gerente; soy el capitán que pone orden, mando y táctica para mantener a raya el caos diario de la operación. ​En la retaguardia, soy historiador aficionado y devoto leal de The Beatles desde los nueve años. Un hombre de la vieja escuela que defiende su oficio y sus pasiones con la terquedad de un soldado de los Tercios. Este soy yo. Miguel Ángel Ávila

Imagen: Ferrer-Dalmau      

La Voz del Árabe (LVÁ) – CULTURA – Cd. de México, julio 27 del 2026

Las declaraciones y opiniones expresadas en esta publicación sitio web en Internet son exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de La Voz del Árabe. 

Salir de la versión móvil