-Tlacatecolotl, el hombre búho: entre la cosmovisión nahua y la figura colonial del mal
Pepe Herrera
La figura del Tlacatecolotl ocupa un lugar complejo dentro de las tradiciones mesoamericanas y de los procesos culturales que se desarrollaron durante la época colonial. Lejos de tratarse de un personaje con un significado único o estable, representa un claro ejemplo de cómo las creencias indígenas fueron reinterpretadas, transformadas y resignificadas tras el encuentro entre las culturas originarias y la cosmovisión cristiana introducida por los evangelizadores españoles.
En este sentido, Tlacatecolotl no puede entenderse únicamente como un demonio en clave cristiana ni como una entidad puramente prehispánica, sino como el resultado de siglos de reinterpretación cultural y sincretismo religioso, señaló Ah Chimal Balam González Sánchez, estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), durante el 2.º Coloquio Nacional de Demonología Clásica y Angeología Judeocristiana.
Un ser difícil de definir – La investigación de González Sánchez sobre Tlacatecolotl, bajo la supervisión del maestro Alberto Juárez Carbajal del Instituto de Investigaciones Filológicas (IIF) de la UNAM, surgió del interés por identificar dentro de la tradición mesoamericana una figura comparable con el “hombre polilla”, una leyenda urbana contemporánea de origen estadounidense.
A diferencia de otras entidades más claramente delimitadas del imaginario mesoamericano, Tlacatecolotl se caracteriza por su ambigüedad. Aunque suele describirse como un ser de baja estatura, con apariencia humana y rasgos de búho —grandes ojos y una mirada penetrante— asociado con la noche y el inframundo, estas características no constituyen una definición fija ni universal.
Su significado varía según las fuentes, ya que aparece tanto en la tradición oral indígena como en los textos novohispanos, donde adquiere matices distintos. Desde sus primeras referencias, por tanto, Tlacatecolotl carece de una interpretación única.
El propio nombre ofrece pistas sobre su carga simbólica: proviene del náhuatl tlacatl (hombre) y tecolotl (búho), es decir, “hombre búho”. En diversas culturas mesoamericanas, el búho se vinculaba con la noche, la muerte, los malos presagios y el mundo espiritual. Sin embargo, estas asociaciones no implicaban necesariamente una concepción moral equivalente a la del mal cristiano, sino una relación compleja con fuerzas del orden sobrenatural.
La reinterpretación colonial – A partir del siglo XVI, con la llegada de los evangelizadores españoles, el término fue objeto de un profundo proceso de reinterpretación. Los frailes intentaron traducir las creencias indígenas dentro de sus propias categorías religiosas y culturales.
“En ese proceso, Tlacatecolotl fue asociado con el diablo, el demonio o un hechicero. Sin embargo, ninguna de estas equivalencias logró captarlo por completo. Lo único constante en las distintas interpretaciones fue su vínculo con fuerzas peligrosas o sobrenaturales”, explicó Ah Chimal Balam.
Este proceso revela un punto clave: Tlacatecolotl no posee un significado fijo, sino que ha sido constantemente reconfigurado según los marcos culturales, religiosos e ideológicos desde los que se le ha interpretado.
Sus distintas interpretaciones – Durante el periodo novohispano pueden identificarse, de manera general, tres grandes formas de interpretación.
La primera lo asocia directamente con el diablo cristiano. Esta lectura surge de la necesidad de encajar las creencias indígenas dentro del sistema doctrinal europeo. Para muchos evangelizadores, cualquier entidad vinculada con la noche, el inframundo o prácticas rituales debía corresponder necesariamente a Satanás.
Fray Andrés de Olmos, por ejemplo, describió al Tlacatecolotl como un “mal ángel”, “demonio” o “Satán”, vinculándolo incluso con la figura de Lucifer y su caída por soberbia. En esta interpretación, la figura pierde su ambigüedad original y se convierte en una representación del mal absoluto.
La segunda interpretación, propuesta por Fray Bernardino de Sahagún, lo relaciona con la figura del hechicero o brujo. Aquí, Tlacatecolotl no es una entidad demoníaca en sentido estricto, sino un individuo que accede a conocimientos rituales capaces de causar daño, enfermedad o muerte. En este caso, el énfasis recae en la práctica ritual más que en una esencia maligna absoluta.
“Esta visión conserva elementos de las creencias indígenas sobre el manejo de fuerzas espirituales. Aunque sigue siendo una figura peligrosa, no queda completamente absorbida por la noción cristiana del diablo”, señaló González Sánchez.

La tercera interpretación funciona como un punto intermedio. Algunos religiosos reconocían que no existía una equivalencia exacta entre los conceptos indígenas y el demonio cristiano, pero aun así insistían en establecer una relación simbólica. Fray Juan de Luján, por ejemplo, afirmaba que Lucifer se ocultaba bajo la forma del búho, lo que explicaría el nombre de Tlacatecolotl entre los indígenas.
Persistencia y resignificación – A pesar de estas interpretaciones coloniales, la figura no desapareció. De acuerdo con investigaciones etnográficas contemporáneas, Tlacatecolotl se mantuvo vivo mediante procesos de sincretismo y transformación simbólica.
En la actualidad, en algunas comunidades nahuas, conserva un carácter dual. Puede ser entendido tanto como una entidad peligrosa capaz de causar enfermedades o desgracias, como una fuerza protectora que otorga beneficios, cura y mantiene el equilibrio comunitario. Esta dualidad contrasta con la visión cristiana del mal absoluto.
“En celebraciones como el carnaval de Chicontepec, el Tlacatecolotl ocupa un lugar central. No solo se le teme, también se le respeta, se le ofrecen ofrendas y se le reconoce como parte del equilibrio espiritual de la comunidad”, explicó Ah Chimal Balam.
Su permanencia demuestra que las creencias indígenas no desaparecieron, sino que se transformaron, adaptándose a nuevos contextos sin perder completamente su sentido original. En esa tensión entre traducción, imposición y resistencia cultural, el Tlacatecolotl sigue siendo una figura en movimiento, imposible de fijar en una sola definición.
Información: GlobalUNAM / Imagen: GlobalUNAM
La Voz del Árabe (LVÁ) – MÉXICO – Cd. de México, junio 19 del 2026
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