– El virus del ébola ha causado brotes recurrentes convirtiéndose en uno de los patógenos virales más letales conocidos.
Pepe Herrera
Desde su identificación en 1976, el virus del ébola ha causado brotes recurrentes en África central y occidental, convirtiéndose en uno de los patógenos virales más letales conocidos.
Recientemente, el 16 de mayo, un nuevo brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) reactivó la alerta internacional sobre esta enfermedad. Las autoridades sanitarias y organismos internacionales han intensificado las medidas de vigilancia y contención para evitar una propagación mayor, especialmente en regiones con sistemas de salud vulnerables. La Organización Mundial de la Salud (OMS) también ha advertido sobre el riesgo regional debido a la movilidad entre países vecinos y a las limitaciones en infraestructura sanitaria.
Para comprender el alcance real del brote, sus riesgos y las medidas de prevención existentes, UNAM Global entrevistó al Dr. Mauricio Rodríguez Álvarez, vocero del Programa Universitario de Investigación sobre Riesgos Epidemiológicos y Emergentes (PUIREE) de la UNAM, y al Dr. Miguel Antonio García Knight, investigador del Instituto de Investigaciones Biomédicas (IIBO), quienes explicaron cuáles son sus principales síntomas, cómo se transmite y por qué este nuevo brote ha despertado preocupación internacional.
Un poco de contexto – El Dr. García Knight explicó que la enfermedad por virus del Ébola en humanos ha sido causada principalmente por cuatro especies del género Ebolavirus: Zaire ebolavirus (virus Ébola), Sudan ebolavirus, Bundibugyo ebolavirus y el virus del bosque de Taï. Todos pertenecen a la familia Filoviridae, que también incluye al género Marburgvirus, responsable de otra fiebre hemorrágica severa.
Estos patógenos fueron identificados por primera vez en 1976 y desde entonces han causado brotes recurrentes, principalmente en África central y occidental.
Por ejemplo, entre 2014 y 2016 se registró el brote más grande de la historia hasta la fecha, causado por la especie Zaire ebolavirus. El brote se extendió desde Guinea hacia otros países de África occidental y provocó 28,652 casos en humanos y 11,325 muertes. Esta experiencia representó una crisis sanitaria y social sin precedentes para la región, aunque también impulsó avances importantes en diagnósticos, vigilancia epidemiológica y desarrollo de vacunas.
Posteriormente, entre 2018 y 2020, la República Democrática del Congo enfrentó su brote más grande registrado, también causado por Zaire ebolavirus, con 3,470 casos y 2,280 muertes. Aunque el brote alcanzó Uganda con un caso detectado en un menor de edad, las medidas sanitarias permitieron contener su propagación.
“Aunque el ébola no se transmite con facilidad como las enfermedades respiratorias, su gravedad clínica y sus tasas de letalidad —que pueden variar entre 30 % y 90 %, dependiendo de la especie viral y del acceso a atención médica— lo convierten en un importante desafío de salud pública internacional”, añadió el investigador del IIBO.
Modo de transmisión y sintomatología – De acuerdo con Rodríguez Álvarez, el periodo de incubación del virus puede variar entre 2 y 21 días. Durante este tiempo, una persona infectada no transmite la enfermedad hasta que aparecen los primeros síntomas.
La transmisión del virus ocurre por contacto directo con sangre o fluidos corporales de personas infectadas, incluyendo saliva, orina, vómito, leche materna o semen, así como por contacto con tejidos contaminados. A diferencia del COVID-19, esta enfermedad no se transmite por vía aérea.
El virus también puede transmitirse desde animales silvestres infectados —particularmente murciélagos frugívoros y algunos primates— hacia los humanos mediante contacto directo con sangre, órganos o fluidos corporales.
Los síntomas iniciales suelen ser inespecíficos, con fiebre alta, fatiga, dolor muscular y cefalea. En fases avanzadas pueden presentarse alteraciones neurológicas, daño hepático y renal, choque séptico y complicaciones hemorrágicas graves.
Vacunación sí, pero…sólo para una variante – Existe una vacuna aprobada, rVSVΔG-ZEBOV-GP, para Zaire ebolavirus que tuvo utilidad para contener el brote de la RDC de 2018, y ésta está aprobada por la Comisión Europea y la FDA de Estados Unidos.
Sin embargo, la eficacia de esta vacuna se limita principalmente a la especie Zaire ebolavirus, lo que complica la respuesta frente al brote actual asociado con Bundibugyo ebolavirus. Actualmente no existen vacunas aprobadas específicamente para esta variante.
¿Qué sabemos de la situación actual? – En este contexto, la atención global se ha centrado recientemente en un nuevo brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) causado por el virus Bundibugyo en la región noreste del país, particularmente en Ituri. También se han reportado casos sospechosos en otras zonas de este país, como Kinshasa y Goma, así como casos confirmados en Kampala, Uganda.
Este evento ha generado especial interés epidemiológico debido a que el virus Bundibugyo ha sido históricamente menos frecuente en comparación con otras cepas como el Zaire ebolavirus, apuntó el Dr. Miguel Antonio.
A diferencia de Zaire ebolavirus —responsable de los brotes históricamente más grandes— Bundibugyo ebolavirus había sido detectado únicamente en eventos relativamente pequeños, como el de Uganda entre 2007 y 2008 y otro en la RDC en 2012. Por ello, su aparición en el brote actual ha sido considerada inusual dentro del patrón epidemiológico conocido.
¿Por qué la OMS la convierte en una emergencia sanitaria mundial? – Aunque el riesgo de propagación global es considerado bajo, el brote ha generado preocupación internacional debido a las condiciones sociales y sanitarias de la región afectada. Además, en brotes anteriores se han registrado casos fuera de África, principalmente entre personal sanitario o contactos evacuados a países como Estados Unidos, España, Italia y el Reino Unido. Por ello, la vigilancia internacional sigue siendo una parte clave de la respuesta.
Por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró una emergencia de salud pública de importancia internacional. El vocero del PUIREE aclaró que esta clasificación no implica necesariamente un escenario pandémico mundial, sino que busca movilizar recursos y coordinar esfuerzos internacionales ante el riesgo de transmisión transfronteriza y las dificultades que representa contener el brote en zonas afectadas por conflictos armados, desplazamiento humano y limitada infraestructura sanitaria.
Entre las principales medidas implementadas actualmente se encuentran el rastreo intensivo de contactos, el aislamiento de casos sospechosos y confirmados, así como la coordinación entre autoridades sanitarias de la RDC, Uganda y organismos internacionales. La OMS también ha recomendado evitar restricciones generales de viaje y comercio, al considerar que estas medidas pueden obstaculizar las labores de respuesta y fomentar cruces fronterizos irregulares que dificulten la vigilancia epidemiológica.
De hecho, países como México han emitido avisos preventivos de viaje. En Estados Unidos, además de reforzar la vigilancia epidemiológica, se han anunciado controles sanitarios en algunos aeropuertos.
¿Zoonosis en aumento? – Más allá de la respuesta inmediata al brote, los especialistas señalaron que este tipo de emergencias también obliga a reflexionar sobre los factores ambientales que favorecen la aparición de enfermedades zoonóticas.
Diversos estudios científicos, como el publicado a inicios de este año en Nature bajo el título “Síntesis de evidencia global sobre el cambio de uso de la tierra y los riesgos zoonóticos”, han mostrado que la deforestación, la pérdida de biodiversidad, el cambio climático y la expansión humana sobre ecosistemas naturales aumentan el riesgo de aparición de enfermedades zoonóticas, al favorecer un contacto más estrecho entre humanos y fauna silvestre.
Tomando en cuenta la situación que ocurrió en el crucero MV Hondius, donde hubo un brote de hantavirus, y el escenario actual con el ébola, el Dr. García Knight señaló que es necesario reducir nuestro impacto sobre el medioambiente y dejar de alterar los ecosistemas donde se encuentra la vida silvestre para disminuir el riesgo de nuevos brotes.
“Las enfermedades transmisibles no respetan fronteras ni divisiones sociales. Estos brotes deben atenderse de manera rápida, abierta, respetuosa y colaborativa para frenar este tipo de emergencias sanitarias”, concluyó.
Información: GlobalUNAM / Imagen: GlobalUNAM
La Voz del Árabe (LVÁ) – VIDA y SALUD – Cd. de México, mayo 22 del 2026
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