-Autores: Rocío Citlali Gutiérrez de la Garza, Ana L. Hernández-Damián, Sergio R.S. Cevallos-Ferriz. Escuela Nacional de Ciencias de la Tierra, UNAM, Instituto de Geología, UNAM
El ámbar, una resina fósil, constituye uno de los registros más excepcionales de la historia de la vida, ya que preserva organismos y fragmentos de ecosistemas del pasado con un nivel de detalle extraordinario. Metafóricamente, captura instantes de la vida y los vuelve inmortales, permitiendo reconstruir organismos, poblaciones y ambientes desaparecidos. México posee uno de los depósitos de ámbar más importantes del mundo, con alto valor científico.
El ámbar es una resina producida por plantas que, tras un proceso de fosilización, se transforma en esta biogema. Aunque las plantas terrestres surgieron hace 450 millones de años (Ma), el registro de resina fósil aparece en el Carbonífero (320 Ma), y la resina con bioinclusiones —organismos encapsulados— se documenta desde el Cretácico (130 Ma). En comparación con los ~3,600 Ma de historia de la vida en la Tierra, el ámbar es un producto relativamente reciente.
El proceso inicia cuando la resina líquida y viscosa captura microorganismos, hongos, plantas, artrópodos e incluso pequeños vertebrados. La exposición al oxígeno, la radiación solar y la temperatura provoca su polimerización, formando copal. Posteriormente, tras el enterramiento y el aumento de presión y temperatura, ocurre la amberización, transformando el copal en ámbar. Actualmente se propone que el límite entre copal y ámbar se sitúe en 2.58 Ma (inicio del Cuaternario).

En México, los depósitos con bioinclusiones se localizan en Chiapas, principalmente en Simojovel de Allende. Con una antigüedad de entre 23 y 15 Ma (Mioceno), este ámbar corresponde a un periodo clave de modernización de la biodiversidad. Análisis espectroscópicos indican que fue producido por especies extintas del género Hymenaea (Leguminosae).
Las bioinclusiones revelan una selva tropical dominada por Hymenaea, adyacente a un ambiente estuarino similar a manglares modernos. Se han identificado principalmente artrópodos, así como diversas familias de angiospermas y polen de manglar. Durante el Mioceno la región estaba a nivel del mar; hoy se ubica entre 721 y 2200 m de altitud, lo que refleja importantes cambios ambientales.
El ámbar es una ventana al pasado que permite comprender la evolución de la biodiversidad y los ambientes recientes en términos geológicos. Su valor no es solo científico, sino también cultural y económico para las comunidades chiapanecas. Proteger los depósitos de ámbar y los ecosistemas asociados es fundamental, pues la biodiversidad es un recurso natural no renovable que requiere conservación.
Publicado en: Revista Nuestra Tierra
Información: GlobalUNAM / Imagen: GlobalUNAM
La Voz del Árabe (LVÁ) – MÉXICO – Cd. de México, abril 3 del 2026
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