– El ciber acecho no es un fenómeno aislado ni accidental, es una expresión de control y dominación…
Michel Olguín Lacunza
Aunque no deja marcas visibles en el cuerpo, el ciberacecho puede provocar miedo, angustia, terror y una sensación constante de vigilancia. Se trata de una forma de violencia digital que afecta de manera desproporcionada a las mujeres y que, con frecuencia, se articula con otras violencias —emocionales, físicas, sexuales y económicas— reforzándolas. Así lo explicó para UNAM Global Roberto Castro Pérez, investigador del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM.
Desde una perspectiva de género, el ciber acecho no es un fenómeno aislado ni accidental, sino una expresión del control y la dominación que históricamente se ha ejercido sobre las mujeres, ahora amplificada por las tecnologías digitales.
¿Qué es el ciberacecho y en qué se diferencia del ciberacoso? – El ciber acecho es una forma específica de violencia digital que se distingue del ciberacoso por su carácter reiterado y sistemático. Mientras que el acoso puede manifestarse en episodios aislados, el acecho implica una presencia constante, seguimiento y vigilancia persistente en la vida de la víctima.
“El acecho consiste en estar todo el tiempo presente: vigilar, seguir, aparecer de improviso, enviar mensajes o regalos, o hacer sentir a la otra persona que está permanentemente observada”, explicó Castro. En su modalidad digital, estas conductas se ejercen a través de teléfonos móviles, redes sociales, aplicaciones de mensajería y otros dispositivos tecnológicos.
Del acecho físico al digital – El acecho comenzó a documentarse públicamente en la década de 1970, cuando mujeres —incluidas figuras públicas— denunciaron ser perseguidas de manera obsesiva por hombres que irrumpían de forma constante en sus espacios cotidianos. Aunque no siempre existía agresión física, la persistencia de la vigilancia generaba miedo y afectaciones profundas a la vida diaria.
“El ciberacecho reproduce ese mismo patrón, pero mediado por la tecnología”, señaló el investigador. Llamadas constantes, exigencia de compartir la ubicación en tiempo real, solicitudes de fotografías para comprobar dónde se encuentra una mujer, acceso forzado a contraseñas, revisión de mensajes privados o incluso la suplantación de identidad en redes sociales son algunas de sus expresiones más comunes.
El ciberacecho en relaciones de pareja – Una de las modalidades más frecuentes y normalizadas es el ciberacecho de pareja o expareja. En estos casos, la vigilancia se ejerce desde una relación íntima, lo que dificulta su identificación como violencia.
La pareja controla con quién habla la mujer, revisa sus redes sociales, responde mensajes en su nombre o bloquea contactos sin su consentimiento. “Aunque no haya contacto físico, se trata de una forma profunda de control, invasión de la privacidad y violencia emocional”, advirtió Castro.
Desde el feminismo, estas prácticas se entienden como parte de un continuo de violencia que busca restringir la autonomía de las mujeres.
Mujeres en refugios: una violencia casi generalizada – El estudio Ciberacecho: un estudio sobre mujeres alojadas en refugios de México, realizado por Roberto Castro y la maestra Aracely Vázquez, analizó esta problemática entre mujeres que ingresaron a refugios por situaciones de violencia extrema.
El trabajo de campo se llevó a cabo entre finales de 2022 y principios de 2023. Se invitó a participar a 117 refugios del país; 53 aceptaron, y se entrevistó a 413 mujeres, lo que representa aproximadamente 10 % de las mujeres atendidas en refugios durante ese periodo.
“Más del 90 % de las mujeres entrevistadas reportaron haber vivido alguna forma de ciberacecho”, señaló Castro. El dato resulta especialmente alarmante si se considera que muchas de ellas ya enfrentaban violencia física, emocional, sexual o económica.
Las características no explican la violencia – Las mujeres entrevistadas tenían perfiles similares a los de quienes suelen llegar a refugios: principalmente entre 20 y 30 años, con escolaridad máxima de secundaria y empleos que complementaban el ingreso de la pareja.
Sin embargo, el investigador enfatizó que estos datos no explican ni justifican la violencia. “El problema no está en ellas. La violencia no se produce por las características de las mujeres, sino por relaciones de poder desiguales”, subrayó.

Un vínculo directo con la violencia emocional – Los resultados del estudio muestran una relación estrecha entre el ciberacecho y la violencia emocional. El control —exigir contraseñas, vigilar permanentemente, limitar relaciones sociales— es una de sus expresiones más claras.
“En muchos casos, el ciber acecho puede entenderse como una forma específica de violencia emocional, con características particulares derivadas del uso de la tecnología”, explicó el investigador.
¿Qué ocurre al llegar a un refugio? – Al ingresar a los refugios, el ciber acecho suele detenerse. Una de las medidas de protección es retirar teléfonos móviles, tabletas y otros dispositivos que puedan revelar la ubicación de las mujeres.
No obstante, Castro subrayó que aún falta investigar qué ocurre cuando ellas egresan de estos espacios y retoman su vida cotidiana, especialmente en un contexto donde la tecnología es indispensable para el trabajo, la comunicación y la vida social.
Una violencia poco reconocida por la ley – A pesar de su gravedad, la violencia digital no recibe la misma atención institucional que la violencia física. En México, solo algunos estados han tipificado ciertas formas de violencia digital, y la respuesta de las autoridades suele ser insuficiente.
“Muchas mujeres denunciaron y recibieron como respuesta: ‘pero todavía no te hacen nada’”, relató Castro. Esta lógica minimiza el daño psicológico y normaliza la violencia hasta que ocurre una agresión física, lo cual contradice los enfoques de prevención y derechos humanos.
Implicaciones para las políticas públicas – Los hallazgos del estudio evidencian la urgencia de desarrollar políticas públicas con perspectiva de género. Durante la investigación, varias mujeres reconocieron —a partir de los cuestionarios— que lo que vivían también era violencia.
“Muchas creían que la vigilancia era una muestra de amor, confianza o celos”, explicó Castro. “Es fundamental generar procesos de concientización para que las mujeres reconozcan su derecho a la privacidad y a una vida libre de violencia, y para que los hombres entiendan que estas conductas no son normales ni aceptables”.
Además de marcos legales y capacitación para autoridades, el investigador destacó la importancia de trabajar con hombres desde edades tempranas para construir masculinidades que no se basen en el control ni la dominación.
Una investigación pionera – El estudio fue publicado como libro bajo el título Ciberacecho: un estudio sobre mujeres alojadas en refugios de México, de Roberto Castro y Aracely Vázquez, editado por el CRIM y la UNAM.
Se trata de una obra que visibiliza una violencia persistente y todavía poco reconocida, pero que impacta de manera profunda la vida, la autonomía y la libertad de miles de mujeres en el país.
Información: GlobalUNAM / Imagen: GlobalUNAM
La Voz del Árabe (LVÁ) – Ciencia y Tecnología – Cd. de México, marzo 12 del 2026
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