– Una dieta equilibrada y adecuada puede potenciar las funciones cognitivas,
Pepe Herrera
Lo que comemos influye de manera directa y sostenida en la capacidad del cerebro para aprender, memorizar, regular las emociones y protegerse frente a distintos tipos de daño. Los nutrientes que ingerimos participan activamente en procesos como la comunicación entre neuronas, la producción de neurotransmisores, la reducción de la inflamación y la defensa frente al estrés oxidativo.
En este sentido, una dieta equilibrada y adecuada puede potenciar las funciones cognitivas, mejorar el estado de ánimo y favorecer un envejecimiento cerebral saludable. Por el contrario, hábitos alimenticios deficientes, desbalanceados o excesivos pueden alterar estos mecanismos, acelerar el deterioro neuronal y aumentar el riesgo de trastornos cognitivos y enfermedades neurodegenerativas.
A partir de esta premisa, el programa Hipócrates 2.0, producido por Radio UNAM en colaboración con el Programa Universitario de Investigación sobre Riesgos Epidemiológicos y Emergentes (PUIREE) y conducido por el Dr. Mauricio Rodríguez, abordó la relación entre alimentación y salud cerebral.
En esta emisión participó el Dr. Aurelio Campos Romo, del Laboratorio de Neurobiología del Envejecimiento del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la UNAM, quien explicó cómo distintos alimentos y patrones dietéticos influyen en el funcionamiento del cerebro a lo largo de la vida y en la prevención del deterioro asociado al envejecimiento.
¿Por qué es importante lo que comes para el cerebro? – Antes de profundizar en el papel de la nutrición en el envejecimiento cerebral, Campos Romo aclaró un punto fundamental: envejecer no implica necesariamente deterioro cognitivo. La idea de que la pérdida de memoria o la demencia son inevitables en la vejez es incorrecta.
Mantener un cerebro saludable depende en gran medida de su eficiencia energética y de un estilo de vida que favorezca su funcionamiento. Los hábitos cotidianos, como la alimentación, el sueño y la actividad física, influyen directamente en la forma en que el cerebro obtiene y utiliza la energía necesaria para sus funciones. Para que las neuronas puedan trabajar de manera óptima, requieren un suministro constante de energía, principalmente en forma de glucosa.
Esta glucosa puede provenir directamente de los alimentos o generarse a partir de otras sustancias en el organismo mediante procesos hormonales. Además, la dieta no solo aporta energía, sino que también influye en la capacidad del cerebro para resistir distintos tipos de daño, como la inflamación, el estrés oxidativo y la exposición a sustancias tóxicas o fármacos.
Los nutrientes que obtenemos de los alimentos juegan un papel central en este proceso. Los macronutrientes —carbohidratos, proteínas y lípidos— y los micronutrientes —vitaminas y minerales— no solo aportan energía, sino que también influyen en cómo el cuerpo y el cerebro los procesan, afectando directamente la calidad del envejecimiento cerebral. Una alimentación equilibrada, combinada con actividad física y otros hábitos saludables, proporciona al cerebro las condiciones necesarias para envejecer de manera óptima y reducir el riesgo de deterioro cognitivo.
Sin embargo, la alimentación es solo un factor. Enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión o los trastornos renales pueden alterar la circulación, la presión sanguínea y la composición de la sangre, afectando negativamente a las neuronas. De manera similar, la microbiota intestinal —el conjunto de bacterias presentes en el intestino— regula el estado inflamatorio del cuerpo, con repercusiones directas sobre la salud cerebral.
Por último, algunas enfermedades neurodegenerativas, como el Parkinson o el Alzheimer, pueden acelerar los procesos naturales de envejecimiento, actuando como formas de envejecimiento prematuro del cerebro.
¿Qué alimentos son los que más afectan al cerebro? – Diversos estudios, especialmente aquellos realizados en modelos animales como roedores, han demostrado que las dietas altas en grasas y azúcares provocan alteraciones significativas en los procesos de aprendizaje y memoria. De acuerdo con estos trabajos, los animales sometidos a estas dietas comienzan a mostrar dificultades cognitivas que recuerdan a cuadros de demencia o incluso a enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.
El Dr. Aurelio explicó que, aunque las neuronas no necesitan insulina para absorber glucosa, una dieta alta en azúcares y grasas puede afectar los receptores de insulina que sí poseen. Estos receptores no permiten que la glucosa entre en la célula, pero regulan importantes señales que mantienen el funcionamiento y el equilibrio del cerebro. Cuando el exceso de glucosa los hace resistentes, la comunicación interna de las neuronas se altera y esto genera efectos negativos en la función cerebral.
“El exceso de glucosa y grasa en el cerebro desencadena procesos dañinos como estrés oxidativo, inflamación y cambios metabólicos profundos, que contribuyen a la muerte neuronal, al deterioro del tejido cerebral y a la pérdida de volumen cerebral. Aunque la pérdida de volumen es un proceso natural con la edad, las malas dietas pueden acelerarlo significativamente”, destacó.
De igual forma, los alimentos ultraprocesados representan un factor de riesgo importante. Estos productos suelen contener grandes cantidades de azúcares, grasas y sal, mientras carecen de fibra, antioxidantes y compuestos beneficiosos para la microbiota intestinal. La ausencia de estos componentes favorece la disbiosis —desequilibrio de la flora intestinal—, lo cual genera estrés sistémico y contribuye a procesos degenerativos en todo el organismo, incluido el cerebro.
Es fundamental comprender que el cuerpo funciona como un sistema integral. Una mala alimentación no solo afecta al cerebro, sino que sobrecarga al corazón, al páncreas, al hígado y a los riñones, lo que con el tiempo deriva en enfermedades crónicas que también impactan la salud cerebral.
¿Qué alimentos son los mejores para el cerebro? – Desde el punto de vista nutricional, se ha observado que las dietas ricas en alimentos antioxidantes y antiinflamatorios protegen a las neuronas cerebrales del daño. Entre estos alimentos se encuentran las verduras de hoja verde, los frutos rojos, las nueces, las semillas, el aceite de oliva y el pescado.
Estos patrones alimenticios se reflejan en dietas ampliamente estudiadas como la dieta Mediterránea, la dieta DASH y la dieta MIND, las cuales se asocian con menor inflamación, mejor salud cardiovascular y un menor riesgo de deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas.
¿Cómo cuidar el cerebro? – Además de cuidar la alimentación, hay otras estrategias para preservar la salud cerebral. Campos Romo destacó la importancia de:
- Mantener un peso adecuado.
- Dormir lo suficiente.
- Hacer ejercicio regularmente.
- Estimular el cerebro con actividades como leer, aprender un idioma, tocar un instrumento o enfrentar desafíos intelectuales.
El cuidado del cerebro no debe comenzar en la vejez, sino desde etapas muy tempranas de la vida, incluso antes del nacimiento, mediante una adecuada nutrición materna. Adoptar estos hábitos favorece un envejecimiento saludable y permite que el cerebro conserve su funcionalidad y adaptabilidad a lo largo del tiempo.
Hipócrates 2.0: Función cerebral y nutrición – VIDEO – https://www.youtube.com/watch?v=Zvuov_SBuEU&t=1s
Información: GlobalUNAM / Imagen: GlobalUNAM
La Voz del Árabe (LVÁ) – VIDA y SALUD – Cd. de México, marzo 4 del 2026
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