– ¿Cómo el uso de dispositivos afecta el rendimiento académico?
Pepe Herrera
En los últimos años, el uso de dispositivos electrónicos ha transformado profundamente la dinámica educativa, especialmente entre los jóvenes universitarios. La transición del cuaderno tradicional a la tableta, el aumento en el consumo de contenidos digitales y la presencia constante de pantallas en la vida cotidiana han modificado no solo la forma de estudiar, sino también los procesos cognitivos implicados en el aprendizaje.
En el caso de los estudiantes de medicina —una población con altas demandas cognitivas y académicas— estas transformaciones adquieren una relevancia particular. Consciente de este panorama, el doctor Alejandro Hernández Chávez, profesor de la Facultad de Medicina de la UNAM y especialista en educación en ciencias de la salud, desarrolló un estudio exhaustivo para analizar la relación entre el consumo de medios electrónicos y el rendimiento académico de estudiantes de segundo año de la carrera.
Su investigación integra mediciones que van desde el tiempo diario de exposición a pantallas hasta evaluaciones cognitivas y resultados académicos estandarizados, con el fin de comprender cómo estos hábitos digitales influyen en la atención, la inteligencia y el desempeño escolar.
Motivaciones – El punto de partida del estudio surge de una observación acumulada durante más de una década de docencia: la transición casi total del cuaderno a la tableta entre los estudiantes de medicina. Hoy, los jóvenes rara vez llevan libretas; dependen de celulares, tabletas o computadoras para estudiar, tomar notas y acceder a contenidos. Este cambio no solo ha modificado la forma de registrar información, sino también la manera en que se procesa y consolida lo aprendido.
A ello se suma que diversos reportes internacionales han advertido que el uso excesivo de dispositivos electrónicos puede afectar funciones cognitivas como la atención y la memoria, influyendo directamente en el rendimiento académico. Incluso el DSM-5 contempla la categoría “adicción al internet”, que reconoce el potencial clínico del uso desmedido de pantallas cuando cumple ciertos criterios.
No obstante, el estudio del Dr. Hernández no busca diagnosticar adicciones ni clasificar conductas patológicas, sino comprender cómo el consumo cotidiano de medios electrónicos —incluyendo videojuegos y servicios de streaming— se relaciona con el rendimiento académico y con procesos cognitivos fundamentales, como la atención y la inteligencia.
El proceso – “Para ello, se diseñó un estudio de dos años que incluyó a 355 estudiantes de segundo año de Medicina. En primera instancia, se recopilaron datos demográficos básicos para caracterizar a la población. Posteriormente, se aplicó una encuesta de consumo de tiempo en pantallas, desarrollada para abarcar no solo el uso del celular —como hacen muchas aplicaciones de monitoreo— sino el tiempo total invertido en televisión, YouTube, redes sociales, videojuegos, tabletas y cualquier otra pantalla utilizada en un día típico”, explicó el investigador.
Aunque se trata de un instrumento de autorreporte con posibles sesgos, ofrece una visión amplia y más representativa del comportamiento digital de los estudiantes que la que brindan los contadores automáticos de un solo dispositivo.
Además de esta información, se recopilaron datos académicos objetivos, como el historial del Sistema Integral de Administración Escolar de la UNAM y los resultados de los exámenes departamentales de Fisiología. Esta asignatura fue seleccionada por su alta carga crediticia (22 créditos) y porque exige tanto aprendizaje memorístico como razonamiento, resolución de problemas, pensamiento crítico y una comprensión profunda del funcionamiento del cuerpo humano.
El estudio también incorporó instrumentos para evaluar distintos tipos de inteligencia: fluida, cristalizada, inteligencia general y posibles indicadores de deterioro cognitivo. La inteligencia fluida se refiere a la capacidad para resolver problemas nuevos y realizar operaciones abstractas, mientras que la cristalizada comprende los conocimientos y habilidades adquiridos a lo largo del tiempo. Ambas son esenciales para entender cómo un estudiante procesa información nueva y utiliza lo ya aprendido.
Asimismo, se realizó un análisis adicional en una submuestra de 30 estudiantes para medir potenciales evocados o potenciales relacionados con eventos, indicadores estrechamente vinculados con los procesos atencionales. Este enfoque resulta especialmente relevante, dado que el uso constante de pantallas tiende a favorecer la dispersión de la atención: una simple notificación puede interrumpir la concentración, alterar el procesamiento cognitivo y afectar la retención de información.
Con todos estos datos, el estudio aplicó análisis de redes fisiológicas, una metodología derivada de las ciencias de la complejidad. Este enfoque permite visualizar las interacciones múltiples dentro de un sistema amplio e interconectado, identificando patrones emergentes y asociaciones que no serían evidentes mediante análisis tradicionales.

Mucho tiempo en pantallas – Los resultados fueron reveladores. El tiempo promedio de exposición a pantallas entre los estudiantes fue de 7.2 horas diarias, un dato consistente con estudios nacionales e internacionales sobre consumo digital en jóvenes.
“En cuanto al rendimiento académico, los hallazgos fueron claros: existe una correlación negativa entre el tiempo total de consumo de medios electrónicos y las calificaciones obtenidas en el examen departamental de Fisiología. Es decir, a mayor tiempo frente a pantallas, menor rendimiento académico. Aunque esta relación no implica necesariamente causalidad, sí sugiere que el exceso de uso puede interferir con la concentración, la capacidad de procesar información y el aprovechamiento académico general”, señaló el Dr. Hernández.
El investigador añadió que también existen otros factores que requieren exploración, como el tiempo prolongado de traslado hacia la universidad, que podría influir en la fatiga, el sueño y la disponibilidad de tiempo para estudiar.
Para reflexionar – A pesar de los resultados, Hernández Chávez subrayó que los hábitos de estudio de los universitarios han cambiado significativamente, especialmente después de la pandemia. El uso intensivo de medios electrónicos —para entretenimiento, socialización y tareas académicas— tiene raíces profundas en la experiencia del confinamiento. Muchos estudiantes vivieron la transición de secundaria a preparatoria o de preparatoria a universidad en plena virtualidad, encontrando en las pantallas su principal espacio de socialización.
Como consecuencia, hoy existe una fuerte dependencia del celular, tanto para fines académicos como recreativos, lo que puede derivar en distracciones frecuentes y dificultades para mantener una concentración sostenida.
A ello se suma la preferencia por recursos digitales sobre libros impresos o asesorías presenciales. Plataformas como TikTok, con videos breves impulsados por recompensas inmediatas, fomentan un consumo rápido y discontinuo que afecta la capacidad de atención. Además, el uso prolongado de pantallas deteriora la higiene del sueño, y dormir mal limita la consolidación de la memoria, un proceso esencial para el aprendizaje.
¿Qué se debe hacer? – Ante este panorama, es necesario que tanto estudiantes como instituciones educativas implementen estrategias de autorregulación. El maestro de la FACMED dio algunas medidas sencillas como
- Aplicar la técnica Pomodoro —trabajar 25 minutos y descansar 5 sin pantallas—, realizar pausas activas, salir al aire libre o desconectarse del celular por momentos, pueden contribuir a mejorar la concentración y reducir la fatiga digital.
- Evitar el uso de pantallas una o dos horas antes de dormir para favorecer una adecuada calidad de sueño.
- Promover un consumo consciente de los medios electrónicos, diferenciando entre un uso activo y uno pasivo.
- Fomentar hábitos que permitan un aprendizaje más profundo y consolidado como club de estudios o incluso asesorarse con los compañeros que más sepan o agendar asesorías con sus profesores.
- Consultar fuentes oficiales es fundamental. El contenido que circula en TikTok puede resultar útil, pero sólo debe considerarse confiable cuando proviene de instituciones, especialistas o canales verificados. Contrastar la información con fuentes oficiales garantiza que lo que se estudia sea preciso, actualizado y basado en evidencia.
Aprender a convivir – El estudio del Dr. Hernández evidencia una realidad cada vez más visible: la vida académica actual se desarrolla inmersa en un ecosistema digital que, si bien ofrece ventajas, también plantea riesgos para la atención, la memoria y el rendimiento escolar. No se trata de satanizar las pantallas, sino de aprender a convivir con ellas de manera saludable y estratégica.
Comprender cómo influyen en los procesos cognitivos es el primer paso para diseñar intervenciones educativas que permitan a los estudiantes aprovechar la tecnología sin sacrificar su bienestar ni su desempeño académico.
Información: GlobalUNAM / Imagen: GlobalUNAM
La Voz del Árabe (LVÁ) – Ciencia y Tecnología – Cd. de México, enero 23 del 2026
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