– Diversos medios han abordado esta situación con un enfoque sensacionalista, generando alarma social.
Pepe Herrera
En los últimos años, los efectos del cambio climático han sido objeto de estudio desde múltiples perspectivas, incluyendo su impacto en la distribución de especies animales. Uno de los temas que ha generado preocupación —y también desinformación— es el presunto aumento descontrolado de serpientes venenosas como consecuencia del calentamiento global.
Diversos medios han abordado esta situación con un enfoque sensacionalista, generando alarma social. Sin embargo, investigaciones recientes, como una publicada en The Lancet Planetary Health, ofrecen una visión científica y mesurada.
Con el propósito de interpretar correctamente los hallazgos, UNAM Global consultó al Dr. Uri Omar García Vázquez, profesor de la FES Zaragoza y experto en herpetología, quien subrayó que es fundamental contextualizar los resultados dentro del marco ecológico y evolutivo de las especies.
“No existe un ‘boom’ de serpientes venenosas a nivel global, sino un proceso complejo y localizado”,
Dr. Uri Omar García Vázquez, FES Zaragoza, UNAM

Cambio climático y distribución de especies – El especialista explicó que el estudio revela que el cambio climático no provocará un aumento generalizado de serpientes venenosas, sino una reconfiguración en su distribución geográfica. Algunas especies propias de climas cálidos podrían ampliar su rango, mientras que otras, especialmente las de regiones frías o montañosas, podrían reducir su presencia.
En ciertas zonas podría observarse un incremento de ejemplares venenosos, pero en muchas otras ocurrirá lo contrario. Generalizar este fenómeno resulta erróneo.
El cambio climático redistribuye a las serpientes, no las multiplica.
“Este cambio afecta también a especies no venenosas, por lo que el fenómeno es más amplio y no exclusivo de las serpientes peligrosas para el ser humano”,
Dr. Uri Omar García Vázquez, FES Zaragoza, UNAM
Influencia humana y percepción del riesgo – Otro factor que incrementa los encuentros entre humanos y serpientes es la expansión urbana. Al invadir hábitats naturales, se generan más interacciones. Esto no significa que haya más serpientes, sino que los humanos ocupan sus espacios.
Asimismo, el crecimiento de la cobertura informativa, el uso de redes sociales y el registro de accidentes han contribuido a crear una percepción errónea de que las mordeduras han aumentado.
En Atizapán de Zaragoza, Estado de México, la Coordinación Municipal de Protección Civil informó que en lo que va del año ha capturado cincuenta serpientes —la mayoría no venenosas—, aunque en tres casos sí lo fueron, pertenecientes al género Crotalus (cascabel).
En Nuevo León también se reportan avistamientos frecuentes: la Dirección General de Epidemiología indicó que este año se han atendido 15 casos de mordeduras.
¿El calor vuelve más agresivas a las serpientes? – Un estudio publicado en GeoHealth señaló que el calor en Georgia, Estados Unidos, aumenta la probabilidad de mordeduras porque las serpientes se volverían más agresivas.
El Dr. García Vázquez desmintió esta afirmación: “La temperatura puede influir en los horarios de actividad de estos animales, pero no modifica su nivel de agresividad. Las serpientes tienden a evitar el contacto humano y sólo atacan en defensa propia”.
También aclaró que no todas las serpientes venenosas aumentarán su población con el calentamiento global. Algunas podrían beneficiarse indirectamente —por mayor disponibilidad de presas—, pero la mayoría enfrentará desafíos que incluso reducirán sus poblaciones.
El mito de la “serpiente más agresiva por el calor” carece de sustento científico. – Mordeduras: un problema de salud pública – La OMS considera las mordeduras de serpientes como una enfermedad tropical desatendida, responsable de más de 138 mil muertes al año. Esto sucede por dos factores principales:
- Falta de acceso a antivenenos, debido a su costo y escasa inversión gubernamental.
- Desinformación, que lleva a recurrir a remedios caseros o curanderos en lugar de atención médica inmediata.
El profesor de la FES Zaragoza enfatizó que el único tratamiento eficaz es acudir al hospital para recibir el antiveneno adecuado. También destacó la importancia de educar a la población sobre cómo actuar.
El cambio climático sí está modificando la distribución geográfica de las serpientes venenosas, pero no está provocando un aumento generalizado de su población. La percepción de mayor peligro responde más a la desinformación, el sensacionalismo y la expansión urbana, que a un incremento real de ejemplares.
Información: GlobalUNAM / Imagen: GlobalUNAM
La Voz del Árabe (LVÁ) – SOCIALES – Cd. de México, octubre 22 del 2025
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