– Hemos creído que la felicidad se siente en el corazón, pero la realidad es que se procesa y se percibe en el cerebro…
Michel Olguín Lacunza
Durante siglos hemos creído que la felicidad se siente en el corazón, pero la realidad es que se procesa y se percibe en el cerebro. Cada vez que disfrutamos de una comida deliciosa, escuchamos una canción favorita o hacemos ejercicio, sentimos placer gracias al circuito de recompensa.
Este sistema, también es conocido como circuito mesolímbico cortical porque involucra al sistema límbico, el mesencéfalo y la corteza cerebral, explicó Herminia Pasantes, investigadora del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, en entrevista para UNAM Global.
En sus inicios, los científicos que lo descubrieron lo llamaron circuito del placer, pero más tarde se renombró con un término más riguroso. Sin embargo, para la investigadora emérita podría considerarse como el circuito de la felicidad.
¿Cómo lo descubrieron? – Los científicos que lo encontraron experimentaban sobre otra cuestión con ratas, y por un error mecánico identificaron el circuito de recompensa.
En su sistema, una rata apretaba una palanca y cuando sentía un estímulo recibía una recompensa. Un día, por un error milimétrico del aparato estereotáxico (mete los electrodos sin dolor al cerebro), observaron que el roedor apretaba la palanca frenéticamente, ya no le importaba si recibía o no la recompensa, porque se estaba autoestimulando justo en el circuito de recompensa.
Claro, añadió la investigadora universitaria, se dieron cuenta de la importancia del descubrimiento y empezaron a meter electrodos en diferentes zonas del cerebro.
Y cuando ponían el aparato en otra zona, la rata apretaba la palanca y no recibía recompensa, ya no lo volvía a apretar. Así, identificaron con los electrodos las partes del cerebro que le daban esa especie de felicidad al roedor.
“Así descubrieron el circuito de recompensa que está formado por dos núcleos cerebrales y la corteza prefrontal”.
Herminia Pasantes, investigadora emérita, Instituto de Fisiología Celular, UNAM.

Dopamina y felicidad – Uno de los núcleos se llama área tegmental ventral, y se ubica en el mesencéfalo; el otro se llama núcleo accumbens y es un grupo neuronal chiquitito del tamaño de un frijol.
Ambas áreas se conectan recíprocamente todo el tiempo y las neuronas del núcleo accumbens liberan dopamina al estimularse por algo placentero.
“La liberación de dopamina refleja la felicidad generada por cualquier cosa, incluso las drogas actúan en ese circuito”. La percepción consciente de la felicidad ocurre en el lóbulo frontal, en la corteza prefrontal. Muy probablemente la serotonina también interviene.
Cuanta más dopamina se libera, mayor será la sensación de placer. Por ejemplo, si se establece como referencia el nivel 100 en la liberación de dopamina en una situación normal, el placer generado por la comida lo eleva a 150, los videojuegos a 175, el sexo a 200 y las drogas como anfetaminas pueden dispararlo hasta 1000-1300.
Otro órgano en el cual también se le relaciona con la felicidad, pero en menor cantidad, es el intestino, ya que tiene una red neuronal que maneja la serotonina. Este neurotransmisor sin duda está también relacionado con las emociones placenteras.
En cambio, el corazón solo acelera su ritmo en respuesta a una emoción intensa, pero es debido a un mandato cerebral mediado por la adrenalina.
La oxitocina: molécula de la fidelidad – La oxitocina es una hormona que se forma en el hipotálamo y es responsable de una felicidad más tranquila, la que da el apego, de la madre al hijo, de las relaciones duraderas y probablemente de la fidelidad.
Este planteamiento se sustenta con un ejemplo en la naturaleza: los ratones de la pradera que habitan en Montana y que son parte del 3% de las especies biológicas que son monógamas.
Estos ratoncitos tienen mucho más receptores de oxitocina en el cerebro que otros muy parecidos pero que son promiscuos. A los monógamos se les introdujo en el cerebro un bloqueador del receptor de la oxitocina, y la hormona ya no podría actuar, así los ratoncitos se volvieron polígamos.
“Es una prueba muy clara de que la oxitocina sí se relaciona con la fidelidad”.
Herminia Pasantes, investigadora emérita, Instituto de Fisiología Celular, UNAM.
Por eso los matrimonios que llevan juntos muchos años tienen una unión a nivel de funcionamiento cerebral, seguramente mediada por la oxitocina que es conocida como la molécula de la fidelidad.
El apego que se da por la oxitocina es diferente de la emoción intensa del enamoramiento, que está mediada por la dopamina.
La hormona se libera por el contacto físico: el tomarse de la mano, abrazarse, caminar del brazo, son otros tantos estímulos para que actúe la oxitocina, concluyó la investigadora universitaria.
Información: GlobalUNAM / Imagen: GlobalUNAM
La Voz del Árabe (LVÁ) – CULTURA – Cd. de México, septiembre 18 del 2025
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