La Voz del Árabe

UN CUENTO DE A PESO…

UN CUENTO DE A PESO…

-Un cuento de a peso es un peso de palabras, como cuando comprabas un peso de alguna semilla o lo que fuere, así se transforma el idioma en la actualidad…

Luis Miguel Cobo

Salía de la estación del Metro Chapultepec, muy alerta corría para tomar su camión que lo llevaría por el rumbo de Tacubaya que lo dejaba más cerca que el Metro, miraba a uno y otro lado para no ser arrollado por algún camión que se movían dentro del paradero de ese lugar a esa hora.

Memo era un joven de diez y ocho años, trabajaba en el centro como afanador de una tortearía en una calle que desembocaba a la avenida Balderas. Estudiaba la prepa en las mañanas y trabajaba en las tardes, su deseo más grande era ascender y ganar dinero para vivir mejor logrando estudiar algo que no sabía aún que sería, sólo pensaba en estudiar y ya. Se consideraba moderno y muy a la moda, le gustaba la música grupera y alguna de rock mexicano en general, además siempre vestía de mezclilla con pantalones muy ajustados, una camiseta debajo de su chamarra de cuero desgastada, o una semejante a la de las de los raperos gringos, de tela con capucha y todo, además de su gorra que daba la impresión de antigua por lo corroída por el tiempo, sin faltar claro sus zapatos tenis de color negro.

Alcanzó el camión que salía cuando pisaba para subir a la pequeña banqueta que daba lugar a que los pasajeros hicieran fila para abordar el transporte. Subió y pagó al chofer, no había lugar al frente del camión así que lo recorrió hasta llegar al final, justo detrás de la puerta de salida en el último asiento de su lado izquierdo y se sentó. El recorrido sería largo así que se instaló de la manera más cómoda para sobre llevar el viaje lo mejor posible, se colocó sus audífonos y empezó a escuchar música del celular. Este era su recorrido diario así que ya lo conocía por demás.

Miraba a los pasajeros mientras escuchaba música y el camión empezaba su recorrido saliendo lentamente de su lugar en el paradero, empezaba el calvario de todos los días, la gente sufría viajando en ese tipo de transporte, pero no les quedaba de otra, sería ese o nada porque un taxi o auto de plataforma eran demasiado caros.

Memo viajaba mentalmente, miraba hacia fuera por la ventanilla a todos esos grandes y lujosos autos, luego las casas y edificios, aquello le gustaba y se decía que algún día sería parte de todo eso, los sueños de juventud que quizá alguna vez todos han tenido. En cuanto llegara a su casa vería a su novia quien vivía a sólo tres casas de la suya dentro de una especie de vecindad moderna en un barrio por el rumbo de Tacubaya, era de gente de escasos recursos.

Todavía faltaba más de una hora para llegar, miraba el reloj de su teléfono y en el fondo se hartaba anticipadamente por lo que le esperaba de trayecto, de vez en cuando cerraba los ojos y soñaba escuchando su música, pensaba en su novia y en lo que le esperaba en la escuela al día siguiente, además del trabajo que siempre era el mismo, tenía que aguantarlo porque él entregaba a su madre una cantidad semanal para los gastos de la casa, tenía un hermano mayor que él y tres más pequeños, su padre se había dado a la fuga dejándolos al amparo de la nada, su hermano también trabajaba de obrero y su madre hacía limpieza en algunas casas en Las Lomas de Chapultepec. Dentro de su posición socioeconómica eran normales salvo uno que otro problema por la falta de dinero, pero vivían bien y felices dentro de sus posibilidades.

Habían transcurrido cerca de treinta minutos de viaje, se empezaba a hartar cuando de repente sonó su teléfono celular, lo extrajo de inmediato de su bolso sacando el audífono de la oreja al mismo tiempo y oprimió el botón para contestar,

—Hola guey… ¿qué onda? —Le contestó a su cuate que sabía le hablaba al ver el número y nombre en la pantalla del teléfono,

—No pos nada guey, pa’ mi casa, ¿y tú qué onda guey…? —Le comentaba a su amigo y él escuchaba, le respondió sonriendo,

—No mames guey… no pos ta’ pendejo… —decía en voz alta y la gente a su alrededor ni se inmutaba, aquel detrás del teléfono le comentaba algo y Memo sólo respondía,

—Guey te lo dije, no mames, pero bueno, pos nomás y llego y ya… —guardó silencio esperando a que su amigo terminara de hablar y éste le respondió, —ay guey… claro que sí guey, no seas cabrón, te digo que ‘stá pendejo ese guey, no así no… —continuó hablando su amigo y Memo se limitaba a escuchar moviendo la cabeza una vez afirmando y otra negando, luego le respondió, —que se vaya a la chingada no mames, si ya lo sabes guey pa’ qué le dices, no mames, ora cuando llegue lo vamos a ver y ya guey, así nomás y en caliente guey… —decía serio y sin dejar de ver al frente, el camión frenaba y arrancaba, el sonido de la música interna del vehículo sonaba a un volumen más o menos alto y no alcanzó a escuchar, le dijo, —¿qué dijistes guey? Es que no te oyí… —esperando a que respondiera su amigo se tapó el oído izquierdo, luego de que le comentaron él respondió, —ta’ cabrón guey, te lo dije ¿qué le da valor pa’ eso…?, pero se la va pelar, te digo guey, nomás y llego… —Su amigo terminó y Memo respondió, —chido guey, carnal pérame nomás llego ca… pero guey, puta madre tú nomás no hagas nada guey… —guardó silencio y luego dijo, —chido valedor y no mames guey, orita llego y papas guey, chido, que se chingue ese cabrón por pendejo… a guevo guey, ay nos vemos ¿va…? —Y cortó la llamada.

Habló con su amigo, fue claro y conciso… Prosiguió el trayecto del camión hasta su destino y nuevamente Memo escuchaba música en su teléfono celular.

Transcurrieron varios minutos y el celular de Memo volvió a sonar, rápidamente se quitó los audífonos nuevamente y contestó a la llamada,

—¿Quién es…? —Preguntó y al escuchar la voz que enseguida reconoció sonrió, su cara se transformó de inmediato y sólo escuchaba, sonreía más y luego respondió, —claro que sí esa la mía la más buenota… nomás y llego, sí… —guardó silencio varios segundos y volvió a decirle, —mi reina santa ‘stá chido, a guevo, pero no se me haga del rogar, aguante tantito y llego, —guardó silencio nuevamente, esperaba su turno para hablar, luego respondió, —no guey, si se da cuenta aquella ¿qué ondita? No mames guey… ¿te ves muy chida o qué? —quedó en silencio y sonriendo, de nuevo le tocó el turno para hablar, —ta’ gueno, entons pérame ay, llego le doy su saludadita y ya, pero no sea guey, no sea chillona ¿va? Usted es mi valedora así que no se me agüite ¿ora? —Una vez más guardó silencio y sonreía escuchando, luego sonrió más y le dijo, —no maches guey, eso no, tuyito nomás mi reina linda, aguante y llego ¿chido? —Por último, le dijo adiós y antes de guardar el celular sonrió levemente, mirando al frente y a la nada se colocó los audífonos continuando su trayecto dentro del camión.

Llegó a la parada de costumbre, bajó del autobús y volteando a un lado miró que estaba su cuate, con el que había hablado durante su viaje en el camión.

—¿Qué paso guey? —Le dice estirando el brazo, cerrando la mano y chocando puño contra puño,

—Nada, ¿qué onda? —Responde también extendiendo el brazo y chocándolo de frente con el de Memo, fue su saludo,

—No, pos aquí llegando…

—¿Y qué onda con lo que dije hace rato guey?

—No guey pos nada, nomás le damos en la madre y ya, ¿chido?

—Pero si aquella se encabrona guey, ¿qué onda?

—Pos nada, que se encabrone y ya no mames guey, que importa… ¿pero sabes qué?

—¿Qué onda carnal?

—Pos que creo ese guey ya se fue.

—¡Su puta madre carnal…! ¡Cómo crees, no mames guey, y ora qué cabrón! Pos de todas maneras vamos, vale madres guey, me hubieras llamado pa’ llamar la banda guey… Pero ya ni pedo, ora le caemos chido y ya…

—Ta’ bueno, como digas guey…

—¿Chido carnal?

—Chido guey, vamos pues…

Llegaron a su casa, Memo entró y su amigo lo esperó afuera. Saludó a su madre y hermanos pequeños, nuevamente salió a ver a su amigo.

—Carnalito, ¿mejor le hablamos a la banda y ya, no crees?

—Pos no sé, tú dirás…

—La neta guey es que me urge ver aquella, ya de volada,

—¿A cuál de todas carnal?

—Guey a la número dos… —le decía cuando caminaban hacia su destino indefinido aún,

—Y si te ve la uno ¿qué onda guey?

—Pos ni pedo, que se aguante guey… con la número dos hago lo que quiero carnal, así nomás… Y está re buenota la neta, además guey, te vale madres ¿o qué no?

—Si carnal, así nomás, como tú digas guey.

—Pues chido guey, así me gusta carnalito…

 

Así de explícitos son los jóvenes de hoy, concisos con el idioma que se acaba poco a poco, se extracta en tan sólo una docena de palabras con las que se comunican y entienden,  la moda retro seguramente incluye también al idioma, pero este va más allá de los años cuarenta, cincuenta o sesenta y setenta, se está llegando a paso veloz a los siglos en los que el ser humano se comunicaba a base de señas y sólo con ruidos, posteriormente empezaron a aparecer las palabras y justo ahí, en ese momento es a donde estamos llegando con esta aguda disminución del idioma…

Y también algunos adultos han caído en este dilema, de carnales y gueyes chidos está llena la ciudad, y esto no es un homenaje al “guey”, de ninguna manera, simplemente es como se habla hoy además de muchas otras palabras que seguramente no cabrían en este pequeño homenaje a los amigos chidos y coquetos de la juventud actual, para todo somos gueyes, o bueyes y estamos o somos chidos… y es tema por demás trillado, pero al que escribe le sucedió y este cuento resultó, escuchando en algún transporte a algún chavo hablar así, a varios chavos hablar así, a muchos adultos hablar así…

Si todo esto es verdad o es falso, la verdad y esto sí en verdad les digo, es cuestión de enfoques y sobre todo, como siempre, es tu opinión y conocimiento de las cosas lo único de valor aquí…

Sin importar la clase social o educación y cultura que se tenga, todos hemos caído en este lenguaje por demás hablado y lo peor, aceptado por muchos, de lo más normal, y así de normal es lo mal que está, y la pregunta obligada ¿de quién ha sido la culpa…?

Es un cuento de a peso, porque de a peso son las pláticas actuales de los jóvenes…

FiN


© – ® 2025 – México – Del libro “REVOLTIJO DE CUENTOS” ® – México D.F. 2022 – Todos los derechos reservados. Luis Miguel Cobo / La Voz del Árabe / La Voz del Arte – NOTA MUY IMPORTANTE: Todas las historias contenidas en este libro son creación del autor, de su imaginación, por lo que cualquier semejanza con la realidad es responsabilidad única y directa de la imaginación del lector, que conste…

 La Voz del Árabe / La Voz del Arte: Autorizan la reproducción de este cuento a condición de que cite la fuente y que no sea modificado en ninguna de sus partes, ortográfica y redacción, no podrá ser utilizado con fines comerciales. Favor de informar dónde y cuándo se publica a: lavozdelarabe.int@gmail.com.

Imagen: LVÁ -Lm

La Voz del Árabe (LVÁ) – Lm.CoBo – Cd. de México, febrero 26 del 2025

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