La Voz del Árabe

AHMED B.: DE PILOTO A GUARDIÁN EN UNA OBRA EN UN CERRO DE ANDALUCÍA

AHMED B.: DE PILOTO A GUARDIÁN EN UNA OBRA EN UN CERRO DE ANDALUCÍA

Todos hemos sido, en algún momento, un Ahmed B; personas cuyas vidas y sueños fueron truncados por la violencia…

Bachir Edkhil*

Ahmed B. era una persona, tan buena, que a veces parecía tonta. Estudió conmigo todo el bachillerato en el Instituto General Alonso del Aaiún. Juntos repasábamos las lecciones casi todas las noches. Algunas veces bajaba a su casa en la calle Fuente, donde estudiábamos hasta altas horas de la tarde. Su padre, suboficial de la policía territorial española, se asomaba cada noche, uniformado, a nuestra habitación para asegurarse de que estábamos cumpliendo con nuestras responsabilidades, y lo único que nos transmitía era una sonrisa de satisfacción que se perdía tras la puerta.

Ahmed B. tenía varias hermanas menores que él, que, por suerte, no hacían mucho ruido en casa. Ellas me consideraban como un hermano más, y yo también las consideraba así. Una de ellas, Aichetu, se había casado con un soldado que era conductor del general, gobernador del Sáhara, lo que la llevó a trasladarse a los campos de Tinduf a principios de 1976.

Con el paso de los años, nuestros caminos se separaron. Yo me fui al desierto a combatir el franquismo, cuyo principal representante, Franco, era tan viejo que murió tranquilamente en su cama, dos años y pico después de que nosotros, jóvenes, nos alzáramos para cambiar el mundo, y convertirnos en rehenes. Mientras tanto, Ahmed B. se fue a la academia militar en España para convertirse en piloto militar. Sin embargo, las circunstancias no le fueron favorables: sufrió un accidente y se rompió una pierna durante uno de los ejercicios, lo que lo obligó a esperar en cama un largo tiempo para recuperarse.

Durante ese periodo, algún activista polisario de Madrid lo contactó y le llenó la cabeza de ideas. Lo convenció para que fuera de visita a Tinduf, a conocer su «pueblo» y su «revolución». Cansado de esperar por su recuperación, Ahmed B. aceptó el viaje. Al aterrizar en Argel, lo llevaron a una oficina del Polisario. Allí le hicieron llenar un formulario y le preguntaron sobre su afiliación tribal. Ese fue su primer choque. Protestó, convencido de que en la revolución no había pertenencia tribal y que todos eran hermanos luchando por una causa común. A pesar de su protesta, no le hicieron caso y lo obligaron a confesar su afiliación.

Llegada la noche, junto a otros dos, lo condujeron al aeropuerto militar de Aboufarik y lo despacharon hacia Tinduf en un avión militar más viejo que Matusalén. Al llegar, se encontró con varios individuos vestidos con turbantes y trajes militares de color tierra, quienes lo trataron con brusquedad y le ordenaron que subiera a un Land Rover estacionado fuera del aeropuerto. Ahmed B. se sentía incómodo, pero no podía hacer nada. Una verdadera impotencia, acompañada de incertidumbre, empezó a invadirlo. Al arrancar el vehículo, ya sumido en la oscuridad y la desolación del desierto, los soldados comenzaron a reírse de él y a burlarse, lo que incrementó su nerviosismo. Ya era de noche en el desierto y una sensación de pavor comenzó a apoderarse de él.

El vehículo se detuvo en un lugar desolado, donde le ordenaron que bajara, insultándolo con gritos. Le dieron una pala y comenzaron a disparar al aire [2], exigiéndole que cavara su propia tumba. En ese momento, Ahmed B. se desvaneció, sin fuerzas para mantenerse en pie. Sus torturadores habían logrado su objetivo: lo tenían atemorizado. Posteriormente, lo llevaron a la temida Rachid, el Abu Ghraib del Polisario, y lo metieron en un agujero subterráneo de apenas un metro y medio. En su celda solo había una vieja manta, el suelo como cama y un cubo para sus necesidades, que vaciaba cada veinticuatro horas tras pedir permiso y cubrirse con la manta y salir corriendo sin mirar a ninguna parte.

La alimentación consistía en torturas diarias, que se limitaban a un poco de lentejas en agua o arroz blanco. Ahmed B. se dio cuenta de que tenía que resistir e ideó una ingeniosa manera de mantenerse con vida. Así fue como, según me contó aquella noche en la escuela Cuartel 12 de octubre, comenzó a gritar y golpear la puerta de su celda pidiendo más lentejas. Esto entretenía a los guardianes, hastiados de la rutina diaria, y cada vez que lo hacía, lo torturaban aún más y le servían más lentejas, lo que le valió el apodo de «camello de las lentejas». Ahmed B. logró sobrevivir de esta manera durante casi quince años en la misma celda, con la misma dieta, soportando las mismas torturas físicas y psicológicas, hasta principios de los años noventa, cuando las atrocidades del Polisario comenzaron a ser descubiertas y se vieron obligados a enviarlo a la escuela-cárcel 12 de octubre.

Ahí fue donde lo encontré gracias a su hermana Aichatu, quien, al enterarse de que llegué a Tinduf, me envió un discreto recado pidiéndome que investigara el paradero de su hermano, que también era mi amigo. Aunque yo no estaba en las mejores condiciones, logré averiguar que mi amigo estaba vivo, languideciendo en la cárcel de Rachid, junto a muchas otras personas originarias del Sáhara, ex español y Mauritania, e incluso extranjeros como coreanos y algún estadunidense. Al enterarme de su paradero, me mantuve alerta y busqué más información sobre él hasta que, finalmente, me aseguré de que lo habían trasladado a la escuela.

Lo visité una de aquellas noches oscuras, frías y tristes. Al verlo por primera vez, muy cambiado, ya que siempre había sido muy atractivo y simpático, sentí un vuelco impresionante en mi corazón. Nos abrazamos y lloramos en silencio, y durante esa noche me contó toda su vida en manos del Polisario. Maldije el día en que conocí aquella secta de malhechores foráneos a nuestras costumbres y tierra, y me sentí impotente ante tanta injusticia.

Años después, ya en España, supe que Ahmed B. trabajaba como guardián temporal en una obra en un cerro de Andalucía. Me desplacé para un nuevo reencuentro y, finalmente, lo encontré. Pasamos un largo rato recordando nuestra infancia y juventud bajo las estrellas del cielo español, esta vez en un país libre. No teníamos palabras para expresar todo lo que sentíamos en ese momento. Me despedí de aquel valeroso hombre, ahora diabético y con infinidad de problemas de salud, que había pasado de piloto a rehén en una cárcel del Polisario y que terminó como guardián en una obra. Más tarde, otra de sus hermanas me informó, cuando la encontré en el aeropuerto de Las Palmas, que su otro hermano había fallecido.

Ahmed B. ha sido víctima de su entusiasmo, su altivez y de ser originaria del territorio saharaui, al igual que muchos otros que han dejado una estela de cadáveres en el desierto de Tinduf. Lo más lamentable es que los torturadores y ejecutores de cientos de saharauis siguen gozando de libertad, y algunos de ellos son recibidos con alfombras rojas como «libertadores» o «defensores de los derechos humanos”.

Todos hemos sido, en algún momento, un Ahmed B; personas cuyas vidas y sueños fueron truncados por la violencia, la injusticia y la intromisión de aquellos que solo buscan su propio beneficio.

[1] Por razones evidentes, me vi en la obligación de cambiar el nombre de la persona referida aquí.

[2] Era un método preferido, empleado con frecuencia por el servicio de seguridad del Polisario.

 

*Bachir Edkhil, hispanista de origen magrebí. Activista en pro del desarrollo sostenido y responsable de las bases de la pirámide donde los más afectados puedan participar en la solución de sus problemas inherentes al subdesarrollo y carencia de medios. Estudió Ciencias de la Educación, Estudios Hispanos y Ciencias Políticas. Colaboró en la formación y desarrollo de organizaciones sin ánimo de lucro en pro del respeto a la vida humana. Columnista en revistas marroquíes e hispano marroquíes. Participa en cursos y mesas redondas sobre el Sáhara, en España y países del mundo. Investigador sobre cuestiones saharauis y autor de artículos para prensa. Conferencista en radio y televisión. Organiza con la Universidad Mohamed V congresos académicos “Entre dos orillas” para fomentar diálogo entre pueblos y naciones del Sur. Comprometido en el desarrollo de una red de proyectos para la economía social en el saharaui para personas sin recursos. Es politólogo, experto en economía social y presidente de Alter Forum, la ONG líder en el Sahara. Es diplomático correspondiente de la Academia Española del Reino de España. Autor del libro Duna Desnuda y de Escribir sobre dunas (Sahara). Colaborador en La Voz del Árabe.

 

Imagen: LVÁ      

La Voz del Árabe (LVÁ) – Vamos a Leer – Cd. de México, diciembre 12 del 2024

 

Las declaraciones y opiniones expresadas en esta publicación sitio web en Internet son exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de La Voz del Árabe.  

Salir de la versión móvil