– El gobernante de la rica nación del Golfo apenas permaneció tres años en el trono, al que ascendió en septiembre de 2020.
La Voz del Árabe y quienes laboramos en esta publicación informativa, con profundo pesar tomaron conocimiento del sensible fallecimiento del gobernante el Emir Nawaf al Ahmad al Sabah, a quien esperamos Dios lo bendiga, así como a su familia y su amado país, el Estado de Kuwait. Yo a Dios y a Él volvemos…
Descanse en paz. Su distinguida familia y el país reciba pronta resignación.
La Voz del Árabe
El emir de Kuwait, Nawaf al Ahmad al Sabah, ha fallecido este sábado a los 86 años de edad. El gobernante de la rica nación del Golfo apenas permaneció tres años en el trono, al que ascendió en septiembre de 2020, a la muerte a los 91 años de su hermanastro, el carismático Sabah al Ahmad al Sabah. Se puede decir que el de Nawaf ha sido un mandato de tránsito. La avanzada edad y los problemas de salud con los que asumió las riendas hicieron que enseguida delegara buena parte de sus poderes en el príncipe heredero, Mishaal al Ahmad, quien a sus 83 años será el nuevo emir de Kuwait.
El breve reinado de Nawaf ha estado marcado por las turbulencias económicas que sufrió el país por la fuerte caída de los precios del petróleo en 2020 y por el descomunal gasto público a raíz de la crisis provocada por el coronavirus, que llevó a que el emirato duplicara su deuda pública en el año y medio que duró el periodo más difícil de la pandemia.
Otro hito de su mandato fue el decreto de amnistía por el que el emir indultó o redujo las penas de más de una treintena de disidentes, una medida orientada a aliviar la crisis política soterrada que padece Kuwait, donde la situación de los derechos humanos sufre un deterioro más que preocupante desde el año 2011. Con aquella amnistía, el monarca pretendió reducir la tensión entre el Gobierno y el Parlamento, que en los últimos comicios había visto crecer espectacularmente el apoyo a candidatos opositores, en un claro síntoma de malestar ciudadano.
Kuwait no cuenta con partidos políticos, pero es el único país árabe del Golfo que tiene un Parlamento elegido por un sistema de comicios abiertos y que tradicionalmente ha ejercido un papel de control sobre el Ejecutivo.
Como en la mayoría de las monarquías del Golfo, en este emirato de 4,2 millones de habitantes que produce casi tres millones de barriles de petróleo al día, la sucesión al trono no se produce de padres a hijos, sino a través de otros sistemas mucho más rebuscados entre hermanastros, lo cual genera a veces tensiones en la Corona y provoca escenarios de incertidumbre que alcanzan a toda la comunidad internacional. No en vano, las Petromonarquías del Golfo ejercen un papel de primer orden en la geopolítica global, tanto por la importancia de sus países como exportadores de crudo y gas, como por su rol de estabilización en uno de los escenarios más convulsos e inestables de todo el planeta.
La sucesión en la monarquía kuwaití es especialmente compleja. Y es que su vigente Constitución de 1962, que fue reformada en 1992 tras la liberación del país de la invasión iraquí promovida por Sadam Husein, y que provocó una guerra en la que intervinieron las principales potencias internacionales, establece que Kuwait es un «emirato hereditario en los descendientes de Mubarak al Sabah el grande, quien gobernó el país entre 1896 y 1915. Desde entonces, los mandatarios han sido los descendientes de sus dos hijos y sucesores en el trono, Jaber y Salim. Las dos ramas de la familia se alternan en el poder, algo que no sucedió sin embargo con la proclamación de Nawaf, quien había sido designado príncipe heredero en 2006, con el ascenso de su hermanastro Sabah al poder, aunque ambos fueran miembros de la misma línea de las dos que se suceden al frente del emirato.
Hasta la fecha se han resuelto todos los conatos ocasionados precisamente por los cambios en el trono, en un proceso en el que intervienen decisivamente los miembros de la Asamblea Nacional. Pero Kuwait, como le ocurre a otros países de la región, está aquejado de un problema de gerontocracia que no se sabe bien cómo se resolverá de cara a un futuro próximo. El país lleva demasiado tiempo en manos de monarcas octogenarios, y los expertos alertan de que la designación de un sucesor de generaciones más jóvenes que no garantice la aceptación generalizada de todo el espectro político kuwaití podría poner en peligro la estabilidad del emirato. Estamos ante una monarquía constitucional -no se puede confundir con un sistema democrático, por supuesto- en la que el emir juega un rol político clave con amplísimos poderes, cabe destacar que desde 1999 y hasta la fecha, ninguna de las nueve asambleas electas ha podido completar su mandato y los respectivos emires han hecho uso de sus prerrogativas de disolución de la Cámara por la inestabilidad político-institucional que aqueja al emirato.
Nawaf al Ahmad al Sabah nació en Ciudad de Kuwait el 25 de junio de 1937. Fue el quinto hijo del gobernante kuwaití entre 1921 y 1950, Sheikh Ahmad al Jaber al Sabah. Como casi todos los príncipes árabes de la época, realizó estudios superiores en el Reino Unido. Durante más de medio siglo, ha ejercido diferentes cargos en el emirato, como los de gobernador de Hawalli, ministro del Interior, jefe segundo de la Guardia Nacional de Kuwait, o titular de Defensa. Precisamente al frente de esta cartera se encontraba en agosto de 1990, cuando las tropas iraquíes de Sadam Husein invadieron el rico emirato petrolífero.
Kuwait ha jugado en la última década un destacado papel como mediador para resolver varias crisis entre los vecinos de la región, como el grave cisma que enfrentó a Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin con Qatar. Kuwait ha intentado quedar al margen de la ancestral disputa entre chiíes y suníes. Y al ahora fallecido Nawaf se le reconoce un papel importante en el respaldo a los programas que apoyan la unidad en el seno del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo.
Información: Agencias / Imagen: Agencia -LVÁ
La Voz del Árabe (LVÁ) – SOCIALES – Cd. de México, diciembre 18 del 2023
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