VICISITUDES ENTRE EL GENTILICIO Y DERECHO A LIBERTAD DE LA POBLACIÓN ÁRABE EN ISRAEL

– Vicisitudes entre el gentilicio y derecho a la autodeterminación de la población árabe con identificación oficial israelí.

Alejandro Puente*

 Derivado de la reciente ola de noticias sobre asesinatos y actos terroristas a la población en Israel, solemos insistir en intentar explicar lo que sucede específicamente en esta región de Medio Oriente, inclinándonos por una obsesión con detalles relacionados en los asuntos de gobernabilidad, y sí, tal vez sea posible desde la postura reflexiva de uno que otro ciudadano israelí, el considerar una parte de la responsabilidad al gobierno de Israel, pero desde el ángulo de cuestionar en cierta medida la gestión realizada al menos hasta hace unos días, por el Shin Bet o Shabak; es decir, el Servicio de Seguridad General interior de Israel, que puntualmente entrega reportes de inteligencia directamente a la oficina del Primer Ministro y que cuenta con un departamento de asuntos árabes en operaciones de contraterrorismo sin mencionar el número de agentes activos trabajando. A pesar de todo, no hay duda que la responsiva recae en las autoridades gubernamentales de los territorios palestinos, siendo así la Autoridad Palestina la responsable en Cisjordania (West Bank) y también para Hamas, el autoproclamado gobierno de facto autoritario y célula terrorista en Franja de Gaza respectivamente.

Por otro lado, también podemos cuestionar la difícil situación de una generación joven y frustrada, derivada de la discriminación contra el sector árabe en Israel; muchos suelen aferrarse a explicaciones antropológicas y sociológicas sobre los cambios generacionales dentro de la sociedad árabe, pero nada de lo mencionado disminuye el peso del creciente y palpable sentimiento religioso extremo, que se mezcla con el sentir nacionalista radical y se filtra entre los sectores de la población árabe en Israel.

El objetivo principal de este artículo, es concientizar al lector sobre los complicados retos a los que se enfrenta la población árabe de Israel, esto no significa que el resto de la población israelí no afronte consecuencias y problemas sociales o de seguridad, sencillamente el artículo está haciendo énfasis en esclarecer cómo se compone específicamente la población árabe de Israel, haciendo frente a retos que van desde la adaptación y asimilación a las dinámicas sociales impuestas por el gobierno a partir de la fundación del Estado en 1948, hasta las acciones discriminatorias de las que suelen ser víctimas fuera de Israel, consecuencia derivada porque algunos ciudadanos árabes de Israel abiertamente se identifican ante la comunidad internacional utilizando el gentilicio de árabe israelí y no exclusivamente el de palestino. Esta señalización discriminatoria es expresada constantemente por parte de individuos de otras naciones árabes y simpatizantes de la causa palestina, hostigándolos y etiquetándolos como traidores a la causa negando su identidad palestina, exponiéndolos como militantes o peones del sionismo, ideología política y movimiento altamente malinterpretado y satanizado; detalle muy común pero que parece ser de poca relevancia dentro del escrutinio para la comunidad internacional interesada en el tema.

Con la intención de ampliar un poco más la visión de las resientes tensiones sociales en dicha latitud, debemos conocer cómo está conformada la población dentro de Israel y para efecto en el objetivo principal a comunicar en este artículo ya señalado en el párrafo anterior, esta ocasión no haré mención detallada de la estructura social dentro de la población israelí mayoritariamente judía.

Por absurdo que parezca, la siguiente pregunta es el primer paso para observar y entender los retos sociales de este segmento poblacional árabe, porque el imaginario colectivo suele minimizar el conflicto palestino israelí a generalizaciones y etiquetas políticas y sociales vistas únicamente de afuera hacia dentro, resultantes en comentarios de apología, de xenofobia o muy simplistas y carentes de sustento empírico como suelen ser: “Israel y el sionismo son la causa de los problemas en Medio Oriente”, “es una guerra eterna entre palestinos y judíos”, “es un conflicto milenario entre árabes y judíos”, “ambos son víctimas y victimarios” solo por mencionar algunos comentarios expresados por el colectivo con información sesgada y limitada, así como por algunos llamados especialistas de este conflicto y demás apasionados de las Relaciones Internacionales y la Política Exterior.

Ahora bien, la interrogante es: ¿se dice árabe israelí, palestino israelí o simplemente palestino?

Primero debemos considerar que actualmente, el Estado de Israel tiene una población aproximada de poco más de nueve millones de habitantes. Cabe recalcar que esta cifra, no está contemplando el conteo de la población palestina que habita específicamente en los territorios de Cisjordania (West Bank), ni la población palestina de Franja de Gaza, pero esto no significa que no exista un conteo oficial de palestinos que habitan en ambos territorios mencionados. Es decir, únicamente se está considerando dentro del conteo nacional de esta cifra, a todo ciudadano que tiene un pasaporte israelí o Teudat Tzeut, una identificación nacional emitida por el Ministerio del Interior de Israel, que acredita a la persona como ciudadana del Estado de Israel dentro de la delimitación geográfica estatal sin importar su origen étnico, lingüístico o de religión.

Aclarado el punto, partamos de esta cifra que ronda cerca de los nueve millones de habitantes, siendo que la gran mayoría que está compuesta por poco más del 70% son judíos de diferentes orígenes étnicos y lingüísticos; sin embargo, el 30% restante es de suma importancia, lo conforman mayoritariamente árabes y otros grupos de minorías que hablan el idioma árabe, pero que no son considerados éticamente árabes por el resto poblacional, ni por ellos mismos tomando en cuenta como indicador su propio derecho a la autodeterminación de identidad social, cultural y nacional. Es decir, el Estado de Israel tiende a clasificar este segmento poblacional del 30% en cuatro grupos; tres de orden religioso; musulmanes, cristianos y drusos, más un cuarto grupo vinculado a su modo de vida nómada y el árabe como primer idioma, este grupo son los beduinos, también identificados como practicantes del islam.

Los árabes en general, suelen criticar esta división, considerando que se pretende negar su identidad particular y unitaria, pero al final, todos portan un documento de identidad nacional israelí y todos hablan árabe como primer idioma y la mayoría aprende el hebreo como segunda lengua siendo el idioma oficial en Israel.

Dentro de este 30% poblacional, la gran pluralidad está integrada por árabes musulmanes asentados en comunidades que suelen estar alejadas de las principales ciudades del país. Estos ciudadanos componen alrededor del 70% de la población árabe en Israel y en términos cuantitativos comparados a los otros sectores poblacionales, son pocos los involucrados en desarrollarse profesionalmente con estudios académicos a nivel superior, o desempeñando un puesto gubernamental que represente al Estado.

Por otro lado, los árabes cristianos conforman aproximadamente el 9% de la población árabe en Israel. Pero estadísticamente, los árabes cristianos tienen las tasas más altas de logros educativos entre todas las comunidades religiosas del país, de acuerdo a datos de la Oficina Central de Estadísticas de Israel, cerca del 63% de los árabes cristianos israelíes, han tenido educación universitaria o de posgrado, siendo la más alta de cualquier religión y grupo étnico religioso. A pesar de que los árabes cristianos solo representan un 2% del total de la población de Israel, hay más cristianos que han obtenido una licenciatura o títulos académicos superiores a la media poblacional israelí. La tasa de estudiantes en medicina también ha sido la más alta entre los estudiantes árabes cristianos comparada a los demás sectores, y el porcentaje de mujeres árabes cristianas que reciben educación superior, también es más elevado que el de otros grupos, esto si consideramos la notable diferencia en los datos numéricos inversamente proporcionales por sector.

Los beduinos o nómadas, viven principalmente en la región del desierto del Negev, pero el gobierno israelí construyó siete pueblos de desarrollo para los beduinos entre 1979 y 1982. Alrededor de la mitad de la población beduina vive en estos pueblos, siendo el más grande, el poblado de Rahat. De acuerdo a cifras oficiales, aproximadamente cerca del 45% de los ciudadanos beduinos de Israel viven en aldeas no reconocidas y que no están conectadas a la red eléctrica, ni a las principales líneas de tuberías de agua, aunque una de las causas que explican este fenómeno de falta de servicios básicos, se debe a que, al ser una población culturalmente nómada, no siempre están asentados permanentemente en estas aldeas con miras a desarrollar técnicamente un proyecto como municipalidad.

Los drusos israelíes viven mayoritariamente al norte del país y son reconocidos como una comunidad separada de los árabes; recibieron la ciudadanía israelí automáticamente en 1948 y desde la fundación del Estado, han demostrado una gran solidaridad y lealtad con Israel distanciándose del radicalismo árabe e islámico. El gobierno israelí reconoció formalmente a los drusos como una comunidad religiosa separada y están definidos como un grupo étnico distinto dentro del registro del censo del Ministerio del Interior de Israel. Si bien el sistema educativo israelí se divide básicamente en escuelas de habla hebrea y árabe, los drusos tienen completa autonomía dentro de la rama del idioma árabe, sin embargo, los drusos son bilingües porque aprenden el hebreo como segundo idioma a nivel profesional, acción que podría ser considerada como parte del contrato social con el Estado en términos de compromiso e integración. Con el paso del tiempo y similar a los árabes cristianos, los drusos también han logrado abrirse camino poniendo el nombre de su comunidad en alto, muchos han destacado en diversos ámbitos como el académico, la ciencia, cargos públicos, empresas del sector privado, representaciones diplomáticas y otras profesiones con un incremento generacional estadístico de participación e integración por parte de las mujeres drusas.

A diferencia de las clasificaciones en la estructura social de árabes previamente mencionadas, la situación específica respecto a los árabes que viven en Jerusalén del Este, administrada por Israel a partir de su victoria en la Guerra de los Seis Días de 1967, desde el inicio han sido un caso muy especial. Es decir, aunque tienen credenciales de identificación israelí, un número importante de ellos son considerados únicamente residentes permanentes y no todos son ciudadanos israelíes, debido a que, en esa época muy pocos habían aceptado la oferta de ciudadanía por parte de Israel después de la guerra, negándose a reconocer su soberanía y un segmento considerable de esa generación, continúa manteniendo estrechos vínculos con Cisjordania (West Bank), identificándose entre ellos como ciudadanos palestinos.

Históricamente, se reflexiona que existen dos términos para los árabes de Israel; el primero es “árabes de 1948” que, por un lado, este indicativo hace referencia a la integración de la población árabe no desplazada al recién creado Estado de Israel, esto dentro de la delimitación de fronteras de aquella época. El segundo término, es “árabes de 1967”, cuando Jordania pierde Jerusalén en la guerra e Israel pasa a ser quien la administre.

En árabe, Jerusalén es popularmente conocida con los nombres de Al-Quds (La Santa), o Al-Madina Al-Muqadisa (La Ciudad Santa); ergo los habitantes árabes de Jerusalén suelen llamarse entre ellos como Maqdasyin (los santificados) o como palestinos jerosolimitanos y ellos conforman aproximadamente un tercio de la población de la ciudad. Estos árabes como residentes permanentes no pueden votar en el Knesset (parlamento israelí), pero sí pueden votar en las elecciones municipales de Jerusalén, aunque originalmente solo un mínimo porcentaje ha decidido aprovechar este derecho y privilegio, situación que eventualmente ha provocado que el gobierno de la municipalidad de Jerusalén los ignore en cierta medida. Sin embargo, un dato interesante, es que también forman parte del conteo oficial en las estadísticas palestinas del censo de población a cargo de la Autoridad Palestina en Cisjordania (West Bank), esto contemplando que el 98% de los árabes palestinos de Jerusalén del Este, tienen residencia israelí como se explicó anteriormente.

Por otro lado, en los últimos años, se está manifestando un proceso acelerado de “isrealización”; fenómeno que Ben Avrahimi, consejero de asuntos árabes y Hillel Cohen, profesor en estudios de Medio Oriente con experiencia en el conflicto palestino israelí, explican el incremento tangible en el número de residentes árabes de Jerusalén que han iniciado el trámite de solicitud para obtener la ciudadanía israelí.

Una razón de peso que puede respaldar este fenómeno, es la falta de empleo, y con el fin de reducir la brecha de obstáculos y limitantes en la búsqueda de mejores oportunidades laborales, la población árabe de Jerusalén, se ve en la necesidad de aprender el idioma hebreo y hacerse oficialmente ciudadanos israelíes, requisitos indispensables que la mayoría de empresas establecidas buscan en aspirantes potenciales para ocupar puestos laborales con mejores salarios; de lo contrario, otro posible escenario que enfrentan los árabes de Jerusalén sería migrar hacia Jordania, o permanecer en la misma situación con la esperanza puesta en el cotidiano eterno mientras el gobierno de la Autoridad Palestina ofrezca nuevas opciones de políticas públicas. Hasta entonces, varios residentes se han adaptado a un modus vivendi abriéndose puertas estableciendo comercio de productos de primera necesidad con los ciudadanos israelíes judíos, circunstancia que detona una fricción entre ellos como árabes al convertirse en blancos de señalización con la etiqueta de traidores por parte de algunos miembros de su misma comunidad, acorralándolos a considerar medidas de adaptación y asimilación al sistema, que al final son silenciadas por su discreción.

Grosso modo, la política gubernamental referente a los árabes de Jerusalén es un terreno escabroso friccionado entre ideologías y posturas de izquierda y derecha; quienes apoyen la opción del proyecto de un estado binacional entre palestinos e israelíes, considerarían Jerusalén del Este como la capital de Palestina y a los árabes jerosolimitanos como ciudadanos palestinos; en contraparte, el sector que se opone a la idea de un estado binacional, ven a la ciudad como el proyecto de una Jerusalén unida; no obstante, si esta opción fuese la elegida, aún no queda del todo claro cuál sería el estatus legal de los árabes jerosolimitanos que actualmente se encuentran estancados en una situación brumosa y considerada caso de estudio por algunos académicos interesados en el tema. Constantemente son tratados con el estatus de residentes permanentes, pero también algunas ocasiones como “enemigos del Estado”, condición que siempre dependerá de las tensiones que estén aconteciendo principalmente en las inmediaciones y perímetro del casco viejo de Jerusalén.

La solicitud de trámite para obtener la ciudadanía israelí por parte de los árabes residentes de Jerusalén, manifiesta un notorio y acelerado incremento con el transcurso de los años; de acuerdo a cifras de la oficina central de gobierno israelí de la municipalidad de Jerusalén, en el año 2020, recibieron doce mil solicitudes, cifra récord considerablemente elevada si la comparamos con las treinta solicitudes que se recibían aproximadamente entre la década de los años 70 y principio de los 80.

Los derechos civiles de todos los ciudadanos en Israel están garantizados por una compilación legal conocida como Leyes Básicas, esto es debido a que Israel no tiene como tal por definición una constitución escrita. A pesar de que este conjunto de leyes no incluye explícitamente el término «derecho a la igualdad», la Corte Suprema de Israel ha recalcado puntualmente las siguientes leyes; Ley Básica: “Dignidad Humana y Libertad» y «Ley Básica: “Libertad de Ocupación», estas dos leyes se interpretan como garantía de igualdad de los derechos para todos los ciudadanos israelíes judíos, etíopes, árabes, beduinos, drusos, circasianos y armenios. Todos tienen representación en el Knesset (parlamento israelí), órgano unicameral legislador y también cuentan con representación de partidos políticos.

La relación de los ciudadanos árabes con el Estado de Israel, a menudo está cargada de tensión y es posible que pueda considerarse bajo el siguiente contexto como uno de tantos probables indicadores; generalmente y dependiendo el grado de integración y compromiso de los individuos que componen el grupo minoritario en cuestión para con el Estado, la aceptación es acogida por la autoridad en muchos casos, casi inversamente proporcional tanto por parte del Estado, como del mayoritario resto poblacional identificados como judíos. Por ejemplo: los drusos israelíes, gozan de una “mejor integración” a las dinámicas sociales alejadas de una ostensible discriminación, debido a que los drusos prestan servicio militar obligatorio en las IDF (Fuerzas de Defensa de Israel) por sus siglas en inglés. Incluso se han ganado un gran respeto entre el resto de la población israelí, porque algunas unidades de combate más efectivas dentro de las IDF, las integran soldados drusos y esto ha creado veteranos héroes de guerra en el país desde su fundación y también ha formado oficiales de alto rango y gran prestigio. Pero, por otro lado, también se han ganado el repudio y discriminación por parte de la mayoría de palestinos al no ser activamente partícipes en apoyar la narrativa de la causa palestina desde que la tierra era administrada por el Mandato Británico, pasando por los orígenes del nacionalismo palestino a lo largo de la historia y a través de las guerras.

Los beduinos también prestan servicio militar y se han hecho de renombre por sus habilidades como excelentes rastreadores, especialmente en terrenos desérticos. El caso de los árabes musulmanes y árabes cristianos es distinto dado que, no están obligados a prestar servicio militar al cumplir la mayoría de edad, así que, al estar exentos, muchos optan por comenzar sus estudios universitarios al concluir su educación básica y esto es considerado por muchos, como una ventaja en esta parte de su vida por encima de la media poblacional general de israelíes que no están exentos del servicio militar. A pesar de eso y con el paso de los años, hay un número considerable de árabes que deciden enlistarse para realizar su servicio militar sirviendo a su patria, incluso algunos se inclinan por perseguir profesionalmente, una carrera militar dentro de las IDF.

De acuerdo a una noticia de 2017 en el diario The Jerusalem Post, se publicó una encuesta telefónica que arrojó los siguientes datos: el 40% de los ciudadanos árabes de Israel se identificaron como «ciudadanos árabes de Israel», el 15% se identificaron como «palestinos», el 8,9% como «ciudadanos palestinos de Israel» y el 8,7% simplemente como «árabes». El contraste de los datos, lo hicieron notar grupos focales asociados con la encuesta porque arrojaron un resultado diferente, en el que hubo un consenso que aparentemente decía que “la identidad palestina ocupa un lugar central en su conciencia».

Si consideramos el inicio de esta clasificación, consenso y autodeterminación en los orígenes de la guerra de independencia para los israelíes vs la Nakba palestina (catástrofe en árabe) para los palestinos, veremos que entre la fundación del Estado en 1948 y la Guerra de los Seis Días de 1967, sorprendentemente muy pocos ciudadanos árabes de Israel se identificaron abiertamente como palestinos, y predominaba una identidad árabe israelí. Aunque claro también debemos considerar que las expresiones públicas de la identidad palestina, como exhibir la bandera palestina o cantar y recitar canciones o poesías nacionalistas, eran ilegales. Pero con el fin del gobierno administrativo militar y después de la Guerra de los Seis Días de 1967, se extendió la conciencia nacional y su expresión entre los ciudadanos árabes de Israel.

Ulteriormente en abril de 2019, la revista de periodismo independiente (+972 Magazine), publicó otra encuesta puntualizando que los judíos y árabes de Israel, se sentían considerablemente menos divididos de lo que en apariencia dejaba entrever la política israelí y la política palestina. Dicha encuesta incluyó una muestra de 414 árabes y 411 judíos israelíes mesurados de acuerdo a sus proporciones reales en la sociedad.

La muestra se extrajo a través de un panel de internet y una de las preguntas puntuales fue la siguiente: ¿Cómo se llevan los judíos y los árabes en Israel?

La mayoría de los encuestados judíos (53%) dijo que, “en su vida cotidiana, las relaciones entre judíos y árabes son generalmente positivas”. Solo un tercio informó “relaciones negativas en su experiencia personal”. Una minoría aún más pequeña (13%) dijo que “no tiene suficiente contacto con los árabes para responder a la pregunta”. En otras palabras, la abrumadora mayoría, el 87% de los encuestados judíos, basaron sus respuestas en su experiencia personal.

La encuesta no estaba diseñada para determinar si las relaciones positivas entre árabes y judíos eran la causa o el resultado de la orientación político-ideológica. Los resultados, sin embargo, muestran una correlación entre tener contacto con el otro y valorar de manera positiva las relaciones entre ambos.

Para los encuestados árabes, los resultados fueron incluso más sorprendentes; las tres cuartas partes (76%) dijeron que “las relaciones entre judíos y árabes son generalmente positivas en la vida diaria”. El número de encuestados árabes que dijeron que “no tenían suficiente contacto con judíos para dar una respuesta” fue muy bajo (6%). En lo particular, incluso después de años de ataques políticos y campañas contra los ciudadanos árabes de Israel, que culminaron en la “Ley del Estado-nación judío”, hace pocos años atrás, la gran mayoría de los encuestados árabes dio una buena calificación a las actuales relaciones árabe-judías en Israel.

Por el contrario, también ha sido preocupante descubrir que entre el grupo más joven de encuestados árabes, entre 18 y 24 años, los que informaron «relaciones positivas» fue menor; 67% comparados con el 80% de los mayores de 35 años. Aquí, también, el grupo más escéptico informó que “tenía menos contacto directo con los judíos”. El 10% de los que tenían entre 18 y 24 años dijeron que “no tenían ese tipo de contacto”, en comparación con solo el 4%de los mayores de 35 años.

En la misma encuesta, a los entrevistados se les pidió que indicaran si creían que la nación o el pueblo del otro realmente existe, o solo la nación a la que pertenecen; es decir, a los judíos se les preguntó si el pueblo palestino existe además del pueblo judío, o si solo existe el pueblo judío. De igual forma, se les preguntó a los árabes si ambos pueblos, judío y palestino existen, o solo el pueblo palestino.

La mayoría en ambos grupos optaron por reconocer al otro pueblo; pero una pequeña mayoría de judíos (52%) reconoció ambos pueblos, mientras que el otro 48% dijo que solo existe el pueblo judío.

En el caso de los encuestados árabes, hubo un consenso; el 94% reconoció ambos pueblos. Los resultados podrían interpretarse de varias maneras: tal vez los árabes simplemente estaban respondiendo al hecho de que el Estado de Israel es judío, o quizás reconocen al pueblo judío por mera cortesía, o incluso esperan que el reconocimiento mutuo sea beneficioso para ambos pueblos. De cualquier manera, los resultados refutan una vez más la afirmación de que los ciudadanos árabes de Israel, no reconocen al pueblo judío. Porque lo han hecho, y con un nivel de unanimidad difícil de ser cuestionado.

El Instituto de Democracia de Israel (IDI) Israel Democracy Institute por sus siglas en inglés, es un centro independiente de investigación y acción dedicado al fortalecimiento de los cimientos de la democracia israelí. Este centro, también publicó en 2019 un resumen llamado “Asociación Condicional entre judíos y árabes”; un estudio periódico que examina la relación entre judíos y árabes en tres niveles: el estado, la sociedad y el interpersonal. Las preguntas fueron sobre la identidad nacional del individuo, el trato del Estado hacia los árabes como minoría, la voluntad de compartir recursos e incluir al otro en los procesos de toma de decisiones, y estereotipos que cada grupo tiene sobre el otro. El propósito de sus investigaciones, es identificar obstáculos para la existencia de una asociación igualitaria, e identificar los factores que la nutrirán y promoverán.

Dentro de los aspectos a destacar en el estudio, se encuestó a judíos y árabes sobre cómo perciben su sentido de pertenencia a la sociedad israelí. Las respuestas arrojaron datos considerables; el 57% de los ciudadanos árabes informan que se sienten parte de la sociedad israelí, en comparación con el 84% de los ciudadanos judíos. De tal manera que 65% de los árabes, en comparación con el 92% de los judíos, manifestaron sentirse orgullosos de ser israelíes. Sin embargo, sólo el 32% de los ciudadanos judíos consideró que los árabes israelíes tienen un sentido de pertenencia a la sociedad israelí. El resultado se interpreta en cómo los ciudadanos judíos subestiman el alcance de la comunidad árabe en tanto el sentido de pertenencia conectado a la sociedad como ciudadanos israelíes.

Durante el pasado mes de marzo de 2022, la reciente escalada de asesinatos y actos terroristas llevados a cabo por ciudadanos árabes de Israel y un palestino de Cisjordania (West Bank), está generando debate y tensión en el colectivo social y público receptor de las noticias que circulan tanto en medios masivos como plataformas digitales, esto al considerarse por algunos observadores como otra expresión del sentimiento nacionalista y religioso extremo, que nace principalmente entre algunos ciudadanos de la población árabe de Israel. Mientras que, para el otro lado del colectivo social en la esfera pública, lo consideran como una expresión más tajante de un mensaje violento en el diálogo entre los militantes de la causa palestina y el gobierno israelí dentro del margen de la tradicional narrativa de ocupación.

Si también sumamos los disturbios que estallaron el año pasado en mayo de 2021, estos incluyeron una nueva expresión del sentimiento nacionalista, desarrollado comúnmente y alimentado por el liderazgo del clérigo radical islámico. Dicho sentimiento nacionalista, está trabajando sistemáticamente para ampliar los canales de influencia y coordinación con los ciudadanos árabes de Israel y posicionarlos como otro frente de batalla en contra del Estado, creando una movilización para una popularizada y viralmente llamada resistencia armada.

Es posible observar lo que acontece con una sencilla ecuación; por un lado, las violentas acciones en la sociedad árabe aunado al arsenal de armas, permiten una coordinada conexión entre un criminal y un nacionalista que arroja como resultado, la construcción de una gran infraestructura detonante de ataques terroristas como los que han estado sucediendo. Por otro lado, bajo la popular frase “divide y vencerás”, la población árabe de Israel es víctima del secuestro perpetuado por la imposición de ideologías radicales y en este contexto, surgen también héroes nacionales árabes que agregan el contrapeso. Aquí el caso específico de Amir Khuri, un policía árabe israelí, considerado por muchos ciudadanos de diversos sectores, como el héroe que irrumpió con su motocicleta y su arma delante del terrorista junto con otro policía, el oficial Khuri logró detener al terrorista y golpearlo, pero también pagó por ello con su vida.

En conclusión, cuando el sentimiento nacionalista choca o fricciona con el fracaso del proyecto nacional palestino, también derivado de la notable pérdida de interés de esta causa, principalmente por parte de algunos estados árabes como los Emiratos Árabes Unidos, Marruecos y Bahréin, que el año pasado firmaron y ratificaron su cooperación oficial con Israel a través de los Acuerdos de Abraham, y se unen a la lista de estados árabes que originalmente oficializaron sus relaciones diplomáticas décadas antes como hizo Egipto y Jordania, entonces se intensifica el tradicional método terrorista dentro de los grupos radicales que ven el asesinato de ciudadanos israelíes y el sionismo como la cara del problema nacional en su lucha. Sería absurdo ver y analizar la cadena de eventos que comenzó en mayo de 2021 como un efecto inocuo o una mera coincidencia. Es erróneo continuar viendo el conflicto únicamente de afuera hacia adentro como hice mención al inicio de este escrito; lo que los ciudadanos israelíes están enfrentando es un problema fundamental, una prueba que pone bajo la lupa la determinación gubernamental, una prueba de resiliencia civil nacional, especialmente de las relaciones entre la sociedad árabe de Israel con el Estado y los demás connacionales israelíes. Una sociedad árabe que en diversas ocasiones ha llegado a ser clasificada como desleal y una amenaza a la seguridad nacional, porque mientras algunos ciudadanos árabes de Israel también han sido víctimas del terrorismo a manos de grupos radicales, otros árabes de Israel han sido encarcelados y eliminados por el servicio de inteligencia y seguridad, debido a su presunta conexión de cooperación con el crimen organizado y grupos terroristas que incluyen nexos con Hezbollah en el Líbano a través de la frontera norte del país, o con palestinos de Hamas en Franja de Gaza.

Al final, reflexionemos que únicamente los ciudadanos árabes de Israel pueden responder la principal interrogante expuesta en este breve análisis. A consecuencia de que probablemente su respuesta siempre estará condicionada a indicadores de gran peso como son; el rol que desempeñan dentro de la sociedad israelí tanto en lo profesional, como en lo cultural, aunado a sus actos civiles con el Estado, o sencillamente por su derecho a la autodeterminación que les colma de múltiples identidades.

Al menos ahora es posible tener una visión más amplia, permitiéndonos observar de adentro hacia afuera, el complejo escenario de un sector poblacional que desafortunadamente las masas están acostumbradas a percibir de modo concluyente, otorgándoles la etiqueta de una identidad y polémico gentilicio, como si se tratara de una idea tajantemente intrínseca al escuchar el nombre de Palestina o Israel. Por último, pero no menos importante, la respuesta siempre estará claramente condicionada bajo el contexto específico que los árabes de Israel observen a su alrededor en el tiempo y espacio que se encuentren al momento de ser abordados con la pregunta, así como quién los está cuestionando y lo más importante, con qué efecto.

 

*Alejandro Puente – Egresado nivel maestría en Ciencias Políticas & Comunicación Política por la Universidad de Tel Aviv. Se desempeña laboralmente como analista de información en política exterior y seguridad, enfocado a Medio Oriente y Norte de África. Es docente en la escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad De Las Américas UDLA-CDMX impartiendo las asignaturas de Medio Oriente y Comunicación Política. Ha realizado estancia de investigación para efecto de estudio sobre los drusos y su progreso de asimilación política y nacional, siendo una minoría étnica y religiosa muy importante del Levante. Colaborador editorialista en La Voz del Árabe. /apuente@udlacdmx.mx alex.spuente@gmail.com / @AleksPuente

Imagen: LVÁ

     La Voz del Árabe (LVÁ) – EDITORIAL – Cd. de México, abril 11 del 2022

 

Las declaraciones y opiniones expresadas en esta publicación sitio web en Internet son exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de La Voz del Árabe.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.