ES MÁS FÁCIL ENGAÑAR A LA GENTE, QUE CONVENCERLE DE QUE HA SIDO ENGAÑADA

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– Hace más de 120 años el escritor, orador y humorista estadounidense Mark Twain, nos dejó muchas frases, esta que nos encanta y la vez nos da mucho que pensar…

Mauricio Saraya Ley*

Hace más de 120 años el escritor, orador y humorista estadounidense Mark Twain, nos dejó entre otras muchas frases… una que nos encanta y la vez nos da mucho que pensar. La hemos utilizado como título de éste artículo, hemos querido publicarla en el marco de la conmemoración del día de la independencia, para darle un mayor sentido al festejo, exhortando al amable lector a que lea la nota siguiente con detenimiento, esperando le inspire a ser un libre pensador que con independencia decide el futuro de su propia vida.

Sin más preámbulo, empecemos por aclarar la pregunta que nos asalta ante dicha frase: ¿Por qué es más fácil engañar a alguien que convencerle de que ha sido engañado?

Parafraseando la tesis de Miguel Labrador, una vez que asumimos una idea, “depositamos” parte de nuestra identidad en ella, y por ende comprometemos nuestra autoestima y autopercepción. Aceptar que no estamos en lo cierto supone, en cierta medida, una “herida narcisista”

De ahí que, si aceptamos como ciertos una conclusión, un ideal, o una opinión, no solemos someterlos a escrutinio o, al menos inconscientemente, evitamos cuestionarlos, buscando contraejemplos de ellos. Buscamos verificación, pero no buscamos falsación. En la era de la sobreinformación en la que vivimos, la falsación se convierte en un elemento tan importante como la verificación.

Buscamos verificación, depositando crédito en nuestra “cuenta de ahorros emocional“. Pero nos deja muy vulnerables a la hora de poder construir una comprensión precisa y certera de la realidad, pues la falta de escepticismo aniquila una forma de pensamiento individual y crítica, porque sólo asume lo que se nos dijo sin cuestionar más a fondo.

Hoy más que nunca necesitamos alentar ese “pensamiento científico”, pues no sólo corresponde al investigador de bata blanca encerrado en un laboratorio, sino que forma parte de la capacidad -compartida como especie- que tenemos de razonar y dar sentido al mundo que nos rodea.

Ya no se trata de una sospecha, ni una teoría, sino de hechos irrefutables contemplar cómo muchas, “demasiadas” de las instituciones que nacieron para protegernos sólo protegen los intereses económicos de sus benefactores. En nuestro vecino país del norte, La FDA, la AMA y los CDC han demostrado padecer una corrupción con enormes conflictos de interés tan apabullante y evidente que difícilmente alguien que indague más allá de las campañas propagandísticas de los medios de comunicación masiva pueda siquiera dudarlo.

La corrupción no es exclusiva de una nación, sino que se expande como la humedad dentro de las instituciones bien posicionadas a nivel internacional, y esos mismos conflictos de interés han arrasado con toda credibilidad en el “actuar con buena voluntad” de las mismas. La ONU (quien desde su nacimiento ha apoyado al colonialismo, la ocupación ilegal de territorios y la desestabilización de muchos países a través de las guerras que sin fundamento promueven principalmente el Sionismo y los Estados Unidos) y la OMS (quienes desde el inicio solaparon a la industria del tabaco, luego a la Nuclear minimizando sus accidentes con miles de víctimas, y peor aún los abusos de las farmacéuticas, creando pandemias de la nada) son dos ejemplos claros de lo que a nivel mundial está sucediendo y a título personal sostengo.

Para no perdernos en lo intangible, invitamos a nuestro lector a equiparar el número de decesos ocurridos en el primer trimestre del pasado 2020 por diversas razones, todo dentro del mismo periodo:

Atribuidos al pretendido y nunca aislado virus          21,297 (96% con comorbilidades)

Por Influenza estacional                                           113,000

Suicidio                                                                     249,000 “Y va a la alza”

Accidentes automovilísticos                                     313,000

HIV                                                                            390,000

Alcohol                                                                      500,000 “Con harta publicidad”

Tabaco                                                                     1,600,000

Cáncer                                                                    1,900.000 ¡Se estima lo padecerá 1 de 3!

Hambre                                                                   2,300,000 Aunque tiren miles toneladas

Abortos                                                                   9,900,000

Con lo anterior ya es hora de que abramos nuestra mente y construyamos una nueva perspectiva. Según la prestigiosa revista Forbes, dice que hay 2,714% más probabilidades de morir por un accidente en vehículo motorizado que del ultra propagandarizado virus. Además, a menos que se sufra de una o muchas comorbilidades, la tasa de supervivencia para personas saludables, en niños con dicha afección es de 99.997%, para menores de 70 años de 99.85% y para mayores de 70 del 96%, por lo que en la realidad las inyecciones experimentales no son la respuesta a ninguna emergencia sanitaria, al margen de que sobrepasan por mucho los riesgos a los beneficios (baste con ver cómo están cayendo como moscas la victimizada población de Israel).

¡Pero no se quede con la duda acerca de la peligrosidad del experimento genético! Sólo entre a navegar en las páginas oficiales de los Centros para el control de enfermedades “CDC” por sus siglas en inglés, y constate a través de VAERS (el sistema gubernamental que reporta los efectos adversos) la descabellada cantidad de reportes graves y de muerte que dicha experimentación ha causado (y eso que sólo se reportan del 1 al 10% de las reales. Al 6 de agosto de 2021, los datos de VAERS mostraron 12,791 muertes relacionadas con las aplicaciones inyectables experimentales, y según el prestigioso Dr. McCullough, decenas de miles de visitas al hospital y a la clínica.

Así que si se trata de protegernos, ¿por qué no empiezan erradicando todos los venenos que han aprobado y apoyado que claramente son causa de enfermedad y muerte?  Prohíban el Alcohol, el tabaco, la comida y bebida chatarra, incluso en contra de nuestra voluntad, y de entrada por lo visto ya nadie debe viajar en vehículo motorizado alguno. Estos ejemplos son apenas la punta del iceberg.  Tapabocas que usamos para ingresar a un restaurante e inmediatamente después las retiramos, o encerrarnos a ver TV y alimentar la propaganda del terror mientras consumimos basura, “Así de absurdas son sus estúpidas medidas de seguridad, por cierto, desmentidas por la evidencia de unos cuantos países que se negaron a acatarlas y han tenido magníficos resultados”.

Hemos de ser más cautos en cuanto qué y a quién creemos para tratar de dar la vuelta a la tortilla de nuestras creencias, muchas veces falsas, para analizar con una nueva perspectiva nuestros propios argumentos, contrastarlos, dudar de ellos y con valentía si es procedente renovarlos y fortalecerlos. La duda productiva es una excelente herramienta de pensamiento, como bien nos demostró Descartes hace ya cuatro siglos. La certeza es un mal punto de destino, porque una vez que asumimos algo como cierto dejamos de explorar. Dar por un hecho lo supuesto es dejar de lado nuestra capacidad de razonamiento e instalarnos en una posición que podría parecer muy cómoda, pero a menudo resulta demasiado cara porque la salud y la vida misma se nos pueden ir en ello al adoptar esa ley del mínimo esfuerzo.

Como niños no paramos de explorar, es la actividad en la que nos involucramos al 100%. Por desgracia, vamos adormeciendo esa facultad -de las pocas innatas que tenemos- a medida que nos hacemos adultos.

¿Para qué pensar? ¿Para qué indagar tras dudar? ¿Acaso no es más divertido entregar mi tiempo libre a la industria del entrenamiento y sus fabulosas súper producciones, ya sea Netflix, Hollywood, Amazon Prime, Disney, vídeo-juegos, redes sociales o compras por Internet, las cuales me abstraen no sólo de lo trascendente del mundo externo, sino del mío interno propio?

Ser libre no sólo implica podernos desplazar a donde queramos (algo de lo que no muchos disponemos en estos momentos de confinamiento), sino también poder llevar nuestro pensamiento más allá de nuestros apriorismos, de lo que nos parece obvio, plausible o razonable, sometiéndolo a escrutinio, aun cuando esto pudiera implicar “aceptar” que se ha vivido engañado y a partir de una nueva perspectiva tengamos que nadar contra corriente.

 

¡QUE VIVA LA INDEPENDENCIA!

 

MAURICIO SARAYA LEY – Ganador de los premios: “EL HERALDO”, “La Letra Impresa”, “Premio Nacional Rincón Gallardo”. En 2003 publica su primera novela “Efervescencia”. Se han adaptado sus cuentos para cortometrajes. En 2013nace “Ruido”, libro de su autoría de denuncias con propuesta filosófica . Desde 2018 es director de AMORCC y colabora con La Voz del Árabe desde su fundación. Activista bien documentado que aplaude el escepticismo y actúa con valentía invitando a sus lectores a la reflexión, aun cuando su reputación s ponga en tela de juicio ante la incomodidad de muchos.

 

Imagen: LVÁ       

La Voz del Árabe (LVÁ) – EDITORIAL – Cd. de México, septiembre 20 del 2021

 

Las declaraciones y opiniones expresadas en esta publicación sitio web en Internet son exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de La Voz del Árabe.

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