SYKES-PICOT, NOMBRE QUE RETUMBA EN CADA BOMBA QUE EXPLOTA EN MEDIO ORIENTE

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-Sykes-Picot,  nombre que retumba con cada bomba que explota en Oriente Medio

Mauricio Saraya Ley*

El presidente de Francia, Emmanuel Macrón, ataca al Islam por sus intereses y los de su aliado, el movimiento sionista israelí, afirma Valeria Agustina Rodríguez, una analista argentina. Sin embargo, cualquiera que se asome un poquito a la Historia Universal se dará cuenta de que esto no debería sorprendernos.

En una entrevista concedida a HispanTV, la analista de temas políticos aseguró que Macron, con sus ataques al Islam y acusaciones a los seguidores de esta religión de acciones separatistas, “está buscando una ruptura del Islam y una europeización del Islam”.

En este sentido, acusó al mandatario francés de buscar quitarle al Islam “todo el contenido político y filosófico que tiene que ver con una cuestión comunitaria”, como sostiene esta religión, que precisamente tiene en el centro la comunidad más allá de las cuestiones individuales, pues la comunidad en sí misma es lo más importante.

Rodríguez ha catalogado de “errónea” la acusación del separatismo planteada por Macron contra el Islam. “Esto tiene mucho que ver también con las alianzas con las que cuenta Francia. Tenemos que tener en cuenta que Francia es aliado de Israel, principalmente, de hecho, el primer país en incorporar el nuevo concepto de antisemitismo fue Francia, un concepto que unifica el pensamiento de antisemitismo y antisionismo que, si bien son dos conceptos MUY distintos, los unificó con un interés político para acallar todas voces que son contrarias a Israel y por supuesto al movimiento sionista”, agregó.

Como comentario al párrafo anterior, cabe mencionar que el tergiversar información ha resultado en suma utilidad para confundir a la población en general y así los victimarios puedan seguir fingiéndose víctimas. Hay judíos verdaderos, por un lado, y por el otro existen otras razas que son ladrones de identidad, que se autonombran judíos por cínica conveniencia (como si adoptar una religión mágicamente te convirtiera en otra raza). Recordemos que los verdaderos judíos (sefaraditas) genéticamente son prácticamente idénticos a los palestinos (con quienes vivieron en santa paz durante siglos). A diferencia de ellos, los hazaros y judíos asquenazí, rubios de ojos claros son evidentemente distintos, sus abuelos nunca pisaron las tierras que desde hace más de 8 décadas los impostores han pretendido robarse con su ilegítima ocupación. ¡Ni siquiera hablan la misma lengua ni se rigen por el mismo libro religioso! y son los principales verdugos de todo aquel que quiera desenmascararlos, incluyendo a los verdaderos judíos.

Hay millones de pobladores de Israel que ignoran la verdad sobre sus orígenes, pues se les ha adoctrinado sistemáticamente para que se consideren “el pueblo elegido” que ha sido víctima de todos, cuando en realidad, y más hoy que nunca, somos todos, “los gentiles” las verdaderas víctimas de la abominación sionista genocida, hipócrita y promotora de prostitución de todos los valores que nos determinan como seres humanos.

Pero Macrón no es el único sirviente de los poderes Sionistas, pues las altas esferas políticas de Francia están íntimamente ligadas al sionismo desde mucho antes de que se creara el ilegítimo Estado de Israel sobre tierras ocupadas, mismas que los Colonialistas decidieron repartir como si algún día hubieran sido de ellos.

Y haciendo un paréntesis acerca de la corrupción gubernamental en Francia, no está de más mencionar que Nicolas Sarkozy,  ex miembro del MOSSAD que gobernó Francia entre 2007 y 2012, este 1° de marzo fue sentenciado a tres años de cárcel, dos de ellos en suspensión y uno en firme. Es decir que el acusado no puede interponer ningún recurso contra el dictamen. El exmandatario fue declarado culpable de intento de soborno y tráfico de influencias, por ofrecer un alto cargo a un juez, en Mónaco, a cambio de información privilegiada sobre una investigación por los fondos ilícitos para su primera campaña presidencial.

Pero volviendo a nuestro tema principal, DEBEREMOS SIEMPRE RECORDAR aquel tratado secreto en el que dos de los mayores colonialistas, Reino Unido y Francia, se repartieron Oriente Medio con tiralíneas, creando muchos de los problemas más graves que asolan la región. Por supuesto estamos hablando de “Cien años del acuerdo Sykes-Picot”: Cuando los lápices fueron armas de destrucción masiva.

Tan sencillo como un lápiz azul, uno rojo y un mapa. Así de fácil fue dar forma al Oriente Medio contemporáneo y, también, a sus problemas. El 16 de mayo de 1916, con grotesca hipocresía Francia y el Reino Unido ratificaron el acuerdo secreto en el que durante meses habían estado trabajando el representante británico Mark Sykes y el francés François George-Picot. Un tratado en el que ambas potencias (con el visto bueno de la Rusia de los zares) acordaban la manera de repartirse los restos del Imperio Otomano. Ni siquiera había acabado la Gran Guerra, pero el Acuerdo de Sykes-Picot ya había decidido la suerte de aquel estratégico y convulso territorio.

Una línea imaginaria en la arena trazada desde Acre (Palestina) hasta Kirkuk (Iraq) repartió el botín. En total establecieron cinco zonas: Francia controlaría lo que hoy sería Siria y su zona costera y ejercería su influencia hacia el este hasta Mosul, mientras que Reino Unido obtuvo Basora y Bagdad, así como un ámbito de influencia hasta lo que se convertiría en Irán. Palestina quedaría bajo mandato internacional. Las lenguas, las culturas, los diferentes clanes y tribus de la región quedaron fuera de la ecuación, por lo que su sistemático desalojo y exterminio fueron inherentes al plan.

Existía un gran obstáculo, pues el Reino Unido había adquirido compromisos previamente con los árabes, a los que prometió un estado independiente si se alzaban contra los otomanos. Sin ellos, sabían que no podrían derrocar al imperio del sultán Mehmed V. En 1915, Thomas Edward Lawrence (más conocido como Lawrence de Arabia), agente de los servicios secretos británicos, y el alto comisario británico en El Cairo, sir Mac Mahon, prometieron al emir hachemí de La Meca, Hussein, que si se alzaba contra los otomanos reconocerían a un país árabe independiente, la Gran Arabia, que se extendería por lo que hoy es Irak, Jordania, Siria, Líbano, Palestina y la Península Arábiga. Sin embargo, los británicos, también habían asegurado a los sionistas que veían con buenos ojos la creación de un “hogar nacional” para los judíos en Palestina.

El ‘pastel’ se descubrió con la llegada de los bolcheviques al poder en 1917. Enfadado porque había sido apartado del acuerdo (que le garantizaba el control de Estambul, los estrechos turcos y Armenia) Lenin decidió hacer público el acuerdo en los diarios Izvetia y Pravda, al más puro estilo Wikileaks. Tres días más tarde, The Manchester Guardian hizo lo mismo. La ‘traición’ británica marcará desde entonces la visión de los pueblos árabes hacia Occidente.

EL PROBLEMA FUE, ES Y SEGUIRÁ SIENDO CONFIAR EN EL REINO UNIDO, CONOCIDO TAMBIÉN COMO GRAN BRETAÑA O LA PERFIDA ALVIÓN, QUE FIEL A SU NATURALEZA LADINA, PROMETIÓ A LOS ÁRABES UN ESTADO INDEPENDIENTE SI SE ALZABAN CONTRA LOS OTOMANOS, AÚN SABIENDO QUE NO PENSABAN RESPETAR DICHO ACUERDO.

Acabada la Primera Guerra Mundial y con el Imperio Otomano volatilizado, la Conferencia de Paz de París y el Tratado de Sèvres acabaron de perfilar las fronteras de Oriente Medio, a miles de quilómetros de sus habitantes. Si África se había repartido con tiralíneas, ¿por qué no se iba a hacer lo mismo ahora? Reino Unido obtuvo Palestina, Iraq y Transjordania bajo mandato de la Sociedad de Naciones, y Francia se quedó con Siria, la partió y creó el Líbano.

Entonces llegó el momento de colocar a mandatarios que no dieran demasiado la lata a las metrópolis pero que dieran sensación de independencia. En Transjordania, un país directamente inventado sin ningún fundamento histórico, pusieron a Abdalah, hijo del ‘traicionado’ emir hachemí de La Meca. Y en Iraq, a Faisal, el otro hijo de Husein. El emir, acabó sus días en el exilio al tiempo que Abd al-Aziz ibn Saud creaba Arabia Saudita. Pero al final, todos se llevaron algo. A Lawrence de Arabia seguramente se le quedó cara de tonto al comprobar que era el único que se había creído de verdad el cuento de la Gran Arabia. Decepcionado, regresó al Reino Unido y murió al “salirse de la carretera con su motocicleta en un extraño incidente”.

El caso de Palestina era (y sigue siendo) más complicado. El territorio no era una pieza codiciada por las potencias. El sionismo ya se había asentado y se divisaba un conflicto entre árabes y judíos. Así que la corona británica decidió asumir el territorio como protectorado, una decisión de la que pronto se arrepentiría. Palestina se convirtió en un auténtico quebradero de cabeza para Londres: terrorismo, matanzas… Tras el atentado contra el hotel Rey David, en 1946, el Reino Unido decide que ha llegado la hora de marcharse y pasa la patata caliente a la Sociedad de Naciones. Palestina se acaba partiendo en 1947. De aquella indefinición del acuerdo de Sykes-Picot, de aquella salida precipitada de los británicos y de la final división del territorio, proviene el conflicto capital de Oriente Medio.

El último monstruo creado por el acuerdo ha sido el Estado Islámico, uno de cuyos objetivos confesos es acabar con el statu quo creado en su día por las potencias coloniales. El 30 de junio de 2014, mientras tomaban Mosul y el ejército iraquí huía en desbandada, la organización publicó un vídeo en el que proclamaban el final de la línea Sykes-Picot, aquella frontera imaginaria que se trazó con lápices de colores hace un siglo. “Como podéis ver esta es la llamada frontera Sykes-Picot”, dice un miliciano desde un paso fronterizo abandonado entre Iraq y Siria. “Nosotros no la reconocemos ni la reconoceremos nunca. No es la primera frontera que romperemos, con la ayuda de Dios, romperemos más, pero empezamos con esta”, la más simbólica.

Cien años después, las consecuencias del tratado de Sykes-Picot son evidentes. No satisfizo las aspiraciones de los árabes, se agravó el conflicto histórico entre sunitas y chiitas y se creó uno nuevo: el de los árabes contra los judíos. Se dejó en el limbo al pueblo kurdo, cuya población de entre 45 y 50 millones vive hoy repartida entre Turquía, Siria, Iraq e Irán.

Y para rematar, se regaló el poder a monarquías y a poderes autocráticos. Las guerras, el fanatismo religioso, la miseria… Han sido el caro precio a pagar. Puede que a pocos les suene el tratado de Sykes-Picot en Europa, el lugar de su nacimiento, pero en Oriente Medio ese nombre retumba con cada bomba que explota en Alepo, Gaza o Bagdad…

Fuentes destacada de información utilizada: https://www.lavanguardia.com/internacional/20160513/401777953934/cien-anos-acuerdo-sykes-picot.html

MAURICIO SARAYA LEY – Ganador de los premios: “EL HERALDO”, “La Letra Impresa”, “Premio Nacional Rincón Gallardo”. En 2003 publica su primera novela “Efervescencia”. Se han adaptado sus cuentos para cortometrajes. En 2013nace “Ruido”, libro de su autoría de denuncias con propuesta filosófica . Desde 2018 es director de AMORCC y colabora con La Voz del Árabe desde su fundación. Activista bien documentado que aplaude el escepticismo y actúa con valentía invitando a sus lectores a la reflexión, aun cuando su reputación s ponga en tela de juicio ante la incomodidad de muchos.

 

Imagen: LVÁ       

La Voz del Árabe (LVÁ) – EDITORIAL – Cd. de México, agosto 2 del 2021

 

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