EL JUEGO QUE TODOS JUGAMOS

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Tú confía y no cuestiones, como decidieron hacerlo miles de médicos en cuyas manos ponemos nuestra salud, los cuales sufren de una especie de ceguera ante la evidencia de que algo muy sucio guía al sistema.

 

Mauricio Saraya Ley

El juego que todos jugamos es el nombre de una obra de teatro, pero también es la forma irreflexiva de vivir, que con demasiada frecuencia aceptamos como norma, sin dimensionar cómo nos conduce al desfiladero.

Llevo varios años tratando de brindar información valiosa, la cual voy recopilando a través de investigaciones avaladas científicamente, así como por medio de entrevistas con reconocidos expertos de diversos ámbitos, pero por más que procuro difundir gritándolo a los 4 vientos, con frecuencia siento que una suerte de maldición como la que padeció Casandra ha caído sobre algunos de nosotros.

“En la mitología griega Casandra era hija de Hécuba y Príamo, reyes de Troya. Casandra fue sacerdotisa de Apolo, con quien pactó, a cambio de un encuentro carnal, la concesión del don de la profecía. Sin embargo, cuando accedió a los arcanos de la adivinación, Casandra rechazó el amor del dios; este, viéndose traicionado, la maldijo escupiéndole en la boca: seguiría teniendo su don, pero nadie creería jamás en sus pronósticos. Su don se convertiría en una fuente continua de dolor y frustración, ya que nadie creería sus predicciones. Aunque Casandra previó la destrucción de Troya, la muerte de Agamenón y su propia desgracia, fue incapaz de evitar estas tragedias, tal era la maldición de Apolo. Su familia creía que estaba loca y, en algunas versiones, la mantuvieron aislada, lo que la hace enloquecer. En otras versiones, simplemente era una incomprendida”.

Vivimos nuestras vidas demasiado distraídos, y demasiado significa de más, lo cual siempre tendrá una connotación negativa. Demasiado adecuados a lo práctico y lo fácil, aunque nos enferme y nos cueste la salud y la vida misma. Estamos demasiado ocupados en hacer nuestras vidas privadas públicas, (o, mejor dicho, las facetas de nuestras vidas que consideramos positivas, porque las negativas generalmente las ocultamos hasta de nosotros mismos). Demasiado ocupados en consumir nuevos productos (aunque los viejos funcionen a la perfección), en llenarnos la cabeza de nuevos contenidos con magníficos efectos especiales y emociones prestadas, sin importarnos lo que le sucede en la vida real al vecino, siempre y cuando no les afecte directamente a nuestros seres queridos.

Quizá olvidamos que lo que le sucede al vecino más distante tarde que temprano repercutirá en nuestras propias vidas, y para cuando al fin abramos los ojos y estemos dispuestos a salir de la zona de confort, quizá pueda ser demasiado tarde para remediarlo.

No está de sobra reconocer el sentimiento de frustración de muchos que contra la opinión pública decidimos denunciar las mentiras de un discurso autoritario y manipulador, propagado globalmente por esa desafortunada estructura llamada globalización.

Y a consecuencia de estos pensamientos, me viene a la mente la maravillosa narración del gran poeta libanés Gibran Kahlil Gibran titulada “El Ojo”, que habiendo narrado sus historias hace cerca de un siglo, alrededor de 1920, sigue sonando tan actual como si hubieran sido narradas en este siglo.

EL OJO – Dijo el Ojo un día: «Veo más allá de estos valles una montaña velada por una bruma azul. ¿No es hermosa?»

El Oído escuchaba, y luego de atender intensamente por un rato, dijo: «Pero, ¿dónde hay una montaña? No la oigo».

Entonces la Mano habló: «Trato en vano de sentirla y tocarla, y no puedo encontrar montaña alguna».

Y la Nariz dijo: «No existe montaña alguna; yo no puedo olerla».

Entonces el Ojo se volvió hacia otro lado y todos comenzaron a hablar sobre la extraña ilusión del Ojo. Y dijeron: «Algo debe pasarle al Ojo».

Efectivamente, algo nos está pasando a todos, aunque muchos no quieran verlo, porque no es cómodo, porque se tacha de políticamente incorrecto, porque es grotesco y deprimente, porque nos quita la tranquilidad y nos hace copartícipes de lo que está sucediendo, pero sólo enfrentando la realidad podemos reivindicarnos como seres racionales que cuestionan, indagan y verifican, que no aceptan simplemente los datos y discursos propagados como autómatas que fácilmente se programan.

La corrupción en casi todos los ámbitos ha alcanzado niveles jamás imaginados, y las instituciones que supuestamente nacieron para defendernos hoy son la cuna de la podredumbre que denigra y aniquila el sentido más profundo de lo que significa ser humano. Nos bombardean con una retórica equiparable a las cortinas de humo, plagadas de falsas noticias que cínicamente llaman verdaderas, al tiempo que tildan las verdaderas como falsas. La censura en contra de cualquier argumento que cuestione las dimensiones reales del famoso holocausto promovido por el Sionismo (uno de entre muchos, pero que en particular este ha sido magistralmente comercializado) es tan grande que tan solo cuestionarlo en muchos países amerita cárcel. ¡Pero si el Revisionismo no es lo mismo que el negacionismo! Es la forma en que podemos descubrir las verdades que han pretendido enterrarse durante décadas.

Hoy el tema que a todos debe preocupar es la llamada Pandemia, o más bien, el cómo está siendo utilizada como el más efectivo sistema de control bajo la complicidad de dichas instituciones, serviles sirvientes de los poderes económicos que siguen corrompiendo en lo más profundo a todas las sociedades.

Sin ir más lejos, sólo hay que mirar detenidamente el comportamiento de la Organización Mundial de la Salud, que con una apabullante carencia de evidencia científica nos ha llevado a una situación mundial deplorable, traicionando la confianza de miles de millones de personas, apenas escalando a los turbios niveles de su progenitora, la controvertida Organización de las Naciones “disque” Unidas.

La ONU, esa corrupta institución que apesta desde su creación por ser la Celestina de incontables abusos, genocidios, hurto, terrorismo y crímenes de lesa humanidad, ha jugado un papel protagónico en la proliferación de la desigualdad universal. “Baste con recordar la falta total de democracia con el derecho de veto de su Consejo de Seguridad, otorgado a unos cuantos colonialistas por excelencia, que se han destacado en la historia universal por su avaricia y doble moral”. El Sionismo, una suerte de nazismo, pero más hipócrita, además de corregido y aumentado, con sus brazos ejecutores: Gran Bretaña, Estados Unidos y Francia, (aunque no exclusivamente) han bloqueado todo intento de reconocer el derecho de los Palestinos por volver a sus tierras ocupadas y ser compensados por tanta atrocidad acometida por el ilegítimo Estado de Israel, con tal descaro que pretenden seguirse vendiendo como víctimas, cuando en realidad son los peores victimarios. Las masacres de todo el Medio Oriente (no sólo Palestina) ocurridas desde hace más de medio siglo han sido encubiertas y de alguna manera solapadas por esta detestable institución, y los medios de comunicación masiva, propiedad en su inmensa mayoría del movimiento sionista, han utilizado la propaganda a manera de lavado de cerebro, como si por repetir miles de veces las mismas mentiras estas se convirtieran en verdad. “Pues que les crea la gente desinformada”.

Con la experiencia de vida que me otorgaron más de 30 años en el área publicitaria, sé de primera mano lo fácil que es corromper a la industria de telecomunicaciones en beneficio de unos pocos, con el coste del sistemático deterioro de las grandes masas.

La industria de comestibles ultra procesados, la de bebidas azucaradas, la de medicamentos patentables que no sólo no curan enfermedades, sino que las causan, la de los hospitales donde los médicos aceptan lo dicho por los laboratorios sin cuestionar ni indagar más allá de lo que les dicen, las instituciones que lejos de regular el uso de miles de sustancias dañinas las autorizan y solapan, la ceguera y sobre todo la apatía de la ciudadanía, a nivel mundial, que no quiere involucrarse en adoptar estilos de vida más congruentes y saludables, volviéndose cómplices de la gente mala, todos los que prestamos oídos sordos a los problemas actuales somos parte del problema.

Siendo un escéptico buscador de la verdad, por incómoda que esta pueda resultar, he llegado a la conclusión de que aquellos que se niegan a dialogar y discutir abiertamente diversos puntos de vista actúan de tal forma por diversas razones:

  • Creen honestamente estar informados porque no se pierden ningún noticiero televisivo y leen los encabezados de los principales periódicos circulantes (aunque sea evidente para muchos otros que esas son precisamente las principales fuentes de desinformación de la actualidad).
  • Además de pretender educarse a través de Redes Sociales, son incapaces de verificar la confiabilidad del discurso “del establishment” que como autómatas propagan.
  • Están mintiendo y se aferran a defender lo indefendible a través de corromper y sobornar a todo aquel que está dispuesto a prostituirse, cuando la zanahoria del conejo se antoja suficientemente suculenta. “Aquí es donde se acaba toda posibilidad de diálogo y se incrementa la Censura”.

Después de todo, es bien sabido que quien controla el dinero controla al mundo, y tanto el movimiento sionista, con sus grandes corporaciones agroquímicas, armamentísticas y farmacéuticas, como su control de los medios de comunicación, como el sistema bancario, ideado desde un inicio para explotar a la población mundial, cuentan con el dinero necesario como para intentar comprar a todos los que vendan su moral al mejor postor.

Si no le quieres creer a las decenas de miles de médicos y científicos, inmunólogos e investigadores que ponen en tela de juicio el discurso oficial de la OMS y los gobiernos de muchos países, escucha entonces con atención a uno de los mayores promotores de vacunas en el mundo, el Dr. Anthony Fauci (asesor oficial de la presidencia estadounidense) quien declaró ya en contadas ocasiones y una vez más el pasado mes de febrero en conferencia para la Casa Blanca que, al momento de hoy, tampoco las personas que estén vacunadas completamente podrán realizar actividades sociales como por ejemplo el comer o cenar en lugares cerrados, ir al teatro, acudir a lugares concurridos, porque no se sabe si las “vacunas experimentales” (aprobadas únicamente para su uso por emergencia, mas no definitivamente por la FDA) en realidad protejan a la población de infectarse, ni de contagiar a su vez la infección, y ni siquiera de enfermar gravemente, lo cual es el objetivo primordial de “estas vacunas”. Dicho lo anterior, continuó contradiciéndose una vez más en la necesidad de utilizar tapabocas, lo cual él mismo declaró con anterioridad que era absurdo e innecesario. Y como si fuera un mal chiste, recientemente ¡han insistido en utilizar doble y hasta triple tapabocas!

Tanto un mega estudio realizado por China, como otro por Dinamarca, demostraron científicamente que las mascarillas faciales no han servido para frenar los contagios, no son salubres, no deberían ser utilizadas por gente saludable, no existe el supuesto contagio por personas asintomáticas, y terminarán causando más daño y contaminación que el simplemente evitarlas.

Y si nos detenemos a analizarlo, cada que exhalamos nos estamos desintoxicando. Al respirar, nuestros pulmones excretan toxinas. El cuerpo neutraliza las toxinas convirtiéndolas en dióxido de carbono en la sangre, luego las envía a nuestros pulmones y al exhalar van ahí. Ahora que sabes cómo funciona, ¿qué tan sabio, qué tan prudente, cuánto sentido común existe en que la OMS y los organismos gubernamentales con muy poca evidencia científica se atrevan a recomendar que utilices el tapabocas durante todo el día, incluso cuando quieres hacer ejercicio? Es recomendar acumular las toxinas atrapadas en el tapabocas para volver a introducirlas a tu cuerpo, y aderezadas con todas las que además vamos recopilando de todos los lugares que visitamos, mientras que elevamos nuestros niveles de cortisol creados por el estrés y reducimos notoriamente la oxigenación ya de por sí comprometida por la mala calidad del aire que respiramos. ¡Wow, cuánta elocuencia y sabiduría!

Pero no pienses en eso, obedezcamos sin cuestionar decisiones estúpidas que mermarán la salud de todos, y mantente distraído en tu celular o tus videojuegos, conectado a tu WiFi mientras minimisas el hecho de que al hacerlo te estás constantemente radiando. No busques la manera de fortalecer tu sistema inmune; sólo obedece sin cuestionar, porque si no lo haces te verán de mala gana y pretenderán hacerte sentir culpable, argumentando que pones en peligro la salud de los demás. Mejor quédate en casa, priva a tu cuerpo del contacto con la naturaleza, el cual se fortalece cuando entra en comunicación con los miles de microbios, bacterias, hongos y virus que se encuentran a nuestro derredor y nos han ayudado a evolucionar durante épocas. Aíslate del sol, la fuente natural primordial de vitamina D, sin la cual tus procesos metabólicos no pueden funcionar de manera efectiva. Lleva una vida sedentaria, peor que el tabaquismo de los años 50. Permite que te laven el cerebro a través de la programación televisiva, diseñada para hacer justamente eso, y desvélate para que también disminuya tu producción de melatonina, y con ello tu sistema inmune se doblegue. Atáscate de comida rápida, comestibles y botanas súper industrializadas, y aumenta el consumo de alcohol y bebidas azucaradas, lo cual te promueven con las tácticas más eficaces de la propaganda a través de todos los medios de comunicación masiva, redes sociales y puntos de venta. Pero, sobre todo, recuerda estar con todo y con todos excepto contigo mismo, porque si lo haces podrías darte cuenta de la forma tan absurda en que estamos viviendo la vida.

Ya no se trata de vivir, sino acaso sólo de sobrevivir, aferrado de una promesa que carece de evidencia. Aunque no puedas estrechar a la gente que amas, ni siquiera de disfrutar el ver sus caras. Forma parte del experimento global de “vacunación”, con más de 330 mil reportes de reacciones adversas y 8,000 muertes en sólo 3 meses. Confía en que no habrá problemas a mediano ni largo plazo, porque te lo dice la Industria que ha pagado billones de dólares a consecuencia del daño que sus productos han causado. Merck pagó a consecuencia de Vioxx $4,85 Billones, Glaxo SmithKline $3 billones por fraude. Pfizer $2,3 billones por marketing ilegal, y los fabricantes de vacunas admiten en sus advertencias que no existen estudios clínicos toxicológicos que dimensionen si sus propuestas experimentales pueden o no causar carcinogénesis, mutagénesis, autoinmunidad y disrupción de la fertilidad entre muchos de los posibles efectos adversos colaterales. Confía en las farmacéuticas que han distribuido medicamentos para hemofílicos contaminados de VIH “A Propósito”, o en las que fueron encontradas culpables en los juicios de Núremberg por crímenes contra la Humanidad, o en la FDA, los CDC o la AMA, la cual fue llevada a los juzgados de Illinois y encontrada culpable por su proceder amoral y conspirar contra la quiropráctica. Tú confía y no cuestiones, como decidieron hacerlo miles de médicos en cuyas manos ponemos nuestra salud, los cuales sufren de una especie de ceguera ante la evidencia de que algo muy sucio guía al sistema.

Quizá mi mensaje llegaría a más personas si lo comunicara a través de la música, justo como lo ha intentado la vanguardista cantante de rock Pink con su fabulosa canción de protesta en contra de dicho sistema. “WHAT ABOUT LOVE” explora con su letra cómo el gobierno de Estados Unidos le ha fallado a la gente y envía un mensaje sobre aquellos que se sienten ignorados u olvidados. El video (si bien cuestionablemente estético) cuenta la historia de una generación perdida, sus temas reflejan el dolor de los muchos estadounidenses que se sienten abandonados e ignorados en la sociedad actual. En el contexto del video, las letras de Pink adquieren un significado diferente, se leen como un mensaje a los que están en el poder desde las personas que dejaron atrás.

El mundo está completamente de cabeza, y decir la verdad hoy día es, como aseveró hace muchos años George Orwell, “un acto revolucionario”.

Pero creo que ya he dicho suficiente, probablemente más de lo que la mayoría quiere que se diga. Como consecuencia, al menos hoy podré irme a descansar con la conciencia tranquila. Me despido del amable lector deseándole que encuentre algo de paz y serenidad en este mundo que parece empeñarse en arrebatárnosla, y como último mensaje, quiero compartir la adaptación sintetizada de un pequeño cuento del maravilloso Khalil Gibran titulado El Rey Sabio.

CIERTA VEZ HUBO UN REY PODEROSO y sabio que gobernaba en la lejana ciudad de Wirani. Y era temido por su poderío y amado por su sabiduría.

En esos tiempos, en el corazón de la ciudad había un manantial cuya agua era fresca y cristalina, del que bebían todos los habitantes, aún el rey y sus cortesanos, pues allí no había otro manantial.

Una noche, cuando todos dormían, una bruja entró en la ciudad, y vertió siete gotas de un extraño líquido en el manantial, diciendo: «Desde este momento aquél que beba esta agua se transformará en loco.»

A la mañana siguiente, todos los habitantes, excepto el rey y su señor ministro, bebieron del manantial y se transformaron en locos, como predijera la bruja.

Y durante todo aquel día el pueblo en las angostas calles y en las plazas del mercado no hacía otra cosa que murmurar entre sí: «El rey está loco. Nuestro rey y su señor ministro han perdido la razón. No podemos ser gobernados por un rey loco. Debemos destronarlo.» Aquella tarde, el rey ordenó que llenaran una copa de oro con agua del manantial. Una vez traída, bebió y dio de beber a su señor ministro.

Y todos se regocijaron en aquella distante ciudad de Wirani, pues su rey y su señor ministro habían recobrado la razón.

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Imagen: LVÁ       

La Voz del Árabe (LVÁ) – EDITORIAL – Cd. de México, mayo 3 del 2021

 

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