GRAVE SERÁ PERDER DE VISTA EL TERRORISMO

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Continúan agravándose las diferencias en la comunidad internacional en torno a qué es terrorismo, quienes son terroristas, cuáles organizaciones deben ser designadas y cuáles son las mejores estrategias multilaterales para combatirlas…

Emb. Jorge Álvarez Fuentes*

Estaremos muy equivocados, si, en medio del actual pandemónium, con varias prioridades compitiendo por nuestra atención, creyéramos que el terrorismo está disminuyendo en el mundo. Ocurre todo lo contrario. El Secretario General Adjunto informaba al Consejo de Seguridad, con el Representante Permanente de México presente, que, el Estado Islámico ha logrado resurgir al amparo de la pandemia, y es, nuevamente, una amenaza para la paz y la seguridad internacionales. Ha conseguido reagruparse, tener 10 mil efectivos en Irak, existiendo una creciente preocupación por las violaciones de derechos humanos en los centros de detención. La repatriación y reeducación de los combatientes extranjeros han fracasado. A pesar de su derrota militar y la pérdida del control de vastos territorios del ansiado califato, pudo recuperar sus capacidades de movilización, operación y propaganda, gracias a fronteras terrestres porosas o inoperantes. Han fallado también las estrategias para evitar la financiación del terrorismo, ante el auge de la conectividad mediante redes que encubren múltiples actividades criminales. Hoy en día, hay más individuos jóvenes en el mundo expuestos a la propagación de mensajes de odio y de ideologías extremistas, proclives a ser radicalizados y reclutados en el ciberespacio.

Por otra parte, continúan agravándose las diferencias en la comunidad internacional en torno a qué es terrorismo, quienes son terroristas, cuáles organizaciones deben ser designadas y cuáles son las mejores estrategias multilaterales para combatirlas. Los efectos económicos y sociales de la pandemia, en el largo plazo, están socavando esfuerzos de años, debiéndose respetar los límites establecidos por el derecho internacional humanitario. Los países poderosos deben apegarse al sistema de seguridad colectiva establecida en la Carta de la ONU, aun si no hay una definición consensuada sobre terrorismo.

El contexto internacional es preocupante. Si recordamos el reciente asalto al Capitolio, considerado por el presidente Biden terrorismo doméstico, no podemos dejar de lado que hace apenas unos meses el gobierno mexicano logró disipar una complicación bilateral adicional, estando todavía Trump en la Casa Blanca, cuando algunos funcionarios y legisladores en Washington consideraron la posibilidad de vincular organizaciones criminales mexicanas con organizaciones terroristas. Ello, vino a sumarse a los ataques racistas contra migrantes y residentes mexicanos en 2019, como el ataque perpetrado en El Paso, por un supremacista blanco confeso, ataque que el gobierno mexicano entrante no dudó en calificar como un acto terrorista. EUA y las Naciones Unidas mantienen listas de organizaciones terroristas, a las que imponen sanciones y respecto de las cuales adoptan medidas colectivas para combatirlas. Países como EUA han designado, unilateralmente, a determinadas naciones como patrocinadoras del terrorismo, empezando por Siria y Corea del Norte, pasando por Cuba, hasta llegar a Irán. El actual desencuentro entre Rusia y la Unión Europea para enfrentar juntos y colaborar en el combate al terrorismo global -en particular el terrorismo islámico- es muy grave, al profundizar la desconfianza mutua y hacer imposible tener una presunta agenda global con objetivos comunes. En Nigeria, los secuestros y ataques de Boko Haram continúan. Al Qaeda sobrevive luego de años en que diversos países occidentales le declararan la guerra y opera mediante grupos afines en varios frentes. Continúan sucediendo, recurrentemente, ataques terroristas en Chad, Níger, Mali, Burkina Faso y Mozambique. En Europa, los servicios de inteligencia saben que solo es cuestión de tiempo para que ocurra otro atentado terrorista.

En Alemania el neonazismo va en ascenso y en varios países europeos los grupos supremacistas, que se oponen de manera violenta a la presencia y recepción de migrantes se han hecho más fuertes o bien han resurgido. Hay un ambiente propicio para «normalizar» las manifestaciones xenófobas o racistas y minimizar la gravedad de los crímenes de odio y las plataformas extremistas. Al amparo de justificaciones nacionalistas, que invocan los riesgos para la seguridad interior y exterior, proliferan las malas interpretaciones del derecho a la legítima defensa. Varios países están en franco desacato de los embargos de armas decretados mediante resoluciones para des escalar conflictos. Continúa prosperado y ampliándose la contratación de mercenarios para combatir en diversos conflictos regionales. Después de años de negociaciones infructuosas, la situación de inestabilidad e ingobernabilidad en Afganistán ha empeorado, al no haber un entendimiento de fondo con los talibanes.

El Estado Islámico sigue siendo una amenaza para la integridad territorial de Siria e Irak. Continúan proliferando las milicias, los grupos combatientes y los distintos movimientos de resistencia, que, como Hezbollah y los Hutíes, no obstante ser actores no estatales, son protagonistas en los teatros de conflicto. En Libia, la intervención militar extranjera ha dado al traste con los intentos de una salida negociada al prolongado conflicto, mediante un proceso de diálogo intra – libio, tornándose aquella en un obstáculo para la paz. En Yemen el conflicto entró en una nueva espiral de violencia, alejando las posibilidades de sentar a la mesa a las partes para negociar una salida política -no militar- y detener la gravísima catástrofe humanitaria. Se sigue complicando aún más la dinámica de confrontación entre los países involucrados en la península arábiga. Francia acaba de recapacitar y decidió finalmente no retirar sus tropas del Sahel, en el noroeste de África, donde las actividades de los grupos yihadistas, los ataques a la población, el tráfico de armas y de personas continúan expandiéndose, a pesar de la presencia de una fuerza multinacional conformada por miles de soldados europeos, habiendo esfuerzos para atender las causas que dan origen al terrorismo. No hay pues cabida para ser complacientes.

*Jorge Álvarez Fuentes: Licenciatura en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, ex embajador de México en Líbano y Nueva Zelanda. Estuvo adscrito a la Embajada de México en Canadá como Encargado de los Asuntos Culturales y de Medio Ambiente. Encargado director para África y Medio Oriente en la S.R.E. México. Entre sus publicaciones destacan: “La diplomacia en acción”, “De cara al mundo» y “Bandera al viento” @JAlvarezFuentes

 

 Información:  El Siglo de Torreón / Imagen: LVÁ       

La Voz del Árabe (LVÁ) – EDITORIAL – Cd. de México, marzo 1° del 2021

 

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