CARTA DE MEDIO ORIENTE AL AMIGO EN 1960…

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El rey nos recibiría a las nueve, quince minutos antes de la hora señalada llega a recogernos impresionante escolta de motociclistas, Cadillacs negros y un transporte militar con grandes ametralladoras antiaéreas, todo al mando del Mariscal Ali Jamel…

Lic. Luis García y Erdmann

En estos días de confinamiento en el hogar, me puse a revisar mis archivos y me encontré un ensayo que redactó el entonces Ministro Consejero Armando González Mendoza, como parte de sus memorias en la que narra el viaje que realizó de El Cairo en donde estaba adscrito en la embajada a Arabia Saudita, para acompañar al embajador Alejandro Carrillo Castro, a presentar sus Cartas Credenciales al rey Saud bin Abdulaziz en 1960.

Don Armando, tío de mis primos González a quien había conocido en Roma hacia algunos lustros, me obsequió dicho escrito cuando lo visité antes de mi salida a El Cairo en mi primera adscripción diplomática en la embajada de México en Egipto en 1973. Y es como sigue:

Querido amigo:

Esta carta africana debería llegarte escrita en papiro, a la usanza de las gentes de la época faraónico, pero el correo aéreo ha desplazado tan elegante medio, por lo que tendrás que conformarte con papel ordinario y la magra producción de mi rescaldado cerebro, lleno ya de recuerdos y vacío de esperanzas… ¡Cuánto dolor en tan pequeño vaso!

Honda emoción me produjeron, al arribar a mi nueva «Patria adoptiva», dos personajes africanos: mi cocinero Hassan Abdullah, negro sudanés carimarcado, sin estigmas, sino como distintivo de su raza brava. El otro, Mahoma, con todo respeto,

Cuando Hassan hace sus abluciones, previas a la oración, y doblega la frente hasta tocar su esterilla de paja apuntando hacia el Oriente, mi hijo Javier lo acompaña y sigue el gimnástico ritual con unción conmovedora, recitando en árabe truncos versículos del Koran. Y yo lo dejo hacer, porque el es ahora hombre del África y, además, Cristo fu uno de los Profetas de Alah, y su efigie tiene lugar predilecto en la Meca.

Te diría algunas cosas más de las que tú sabes de este fascinante país, pero me las reservo para cuando profundice un poco más allá de la epidermis de la Esfinge, ya que antes de cumplir cita con ella, tuve que ir a

ARABIA SAUDITA. Baja del bronce Saladino; cobren vida en gobelinos y grabados, guerreros Meharis; empuñando las cimitarras, ociosos y sensuales señores del Harem; levanten polvoriento tropel entre las dunas los alados corceles árabes. No más fuentes perfumadas ni incensarios adormecedores, ni narhiles de ensueño paradisiaco, ni divanes de lasitud enervante. Ya el Cid es polvo de leyenda en Burgos y los Reyes de Castilla se fueron a América con Cristóbal Colón. Que resuenen heroicos los cimbales y tremolen los gallardetes de la Media Luna, con sus penachos de crin de yegua blanca, irisados de sol. ! ¡Jinetes del oasis, ya pasó el Ramadán que dejó desfallecida la mano de la alabarda y de la brida!

Abre tus ojos negros, negros, ¡Scherazada y manda que los beduinos de barbas teñidas de azafrán desempolven el mosquete y afilen la daga…! ¡El Nilo tiene ahora una represa rusa y Nasser cuatrocientos aviones Mig!

SAHARA. Si te detienes en el desierto, esto es, en todas partes menos en las riberas del Nilo, y coges un puñado de arena milenaria, (¿protoplasma petrificado?) y la miras firmemente y la escuchas y la hueles, sus partículas calcinadas te traerán el mensaje esotérico de aquellos remotos tiempos en que esta gran cuenca del Mediterráneo produjo hombres que dieron nuevos sesgos al curso de la humanidad: Cristo y Mahoma. Cuando te adentras en estos países árabes, percibes inmediatamente un estado de ebullición fanático-nacionalista resurgente. Los nuevos líderes, (dime Ramsés Segundo: ¿de qué tamaño serán dentro de dos mil años?) han sacudido a las masas abúlicas e insoladas. El salto de la tienda de lona al rascacielos con clima artificial y del camello al avión jet, se está realizando vertiginosamente.

La única nota sedante en esta vorágine la da Horus, el halcón, que vuela sin prisa sobre el impasible Nilo.                       

DEL CAIRO A JEHAD. Y antes de que la transformación se realice por completo, me tocó en suerte acompañar al Señor Embajador Alejandro Carrillo a presentar credenciales a Ibn Saud El Asis (El bien amado) rey de Arabia Saudita, uno de los pocos personajes legendarios que sobreviven en este trillado planeta.

Volamos del Cairo a Jeddah, Capital Diplomática de Arabia Saudita, una madrugada caldeada por el Hamsin (de Hansa-cincuenta) viento caliente que dura cincuenta días, que nos hizo agradecer la benigna temperatura que se encuentra a 20.000 pies de altura en la cabina climatizada de un Viscount.

Llegar a Jeddah, así nomás, y encontrarte con un mundo irreal, sacado de un sueño de opio, es en sí una impresión traumática.

En gigantesco aeródromo, más bien en monumental establo para humanos, que me hiciera recordar los «stock yards» de Chicago, se aglomeran miles de gentes, cubiertas únicamente con inmaculada sábana blanca, cruzada al estilo Mahatma Ghandi, sorprendentemente limpios y sin olor, rapados los hombres.

Había ahi alineados aviones procedentes de los países musulmanes más remotos del globo. De Indonesia, Pakistán, India… Todos aquellos fieles van a la Meca,

Has de saber, mi querido amigo, que el medio día en Arabia lo marca la salida del sol, así es que llegamos a las seis de la mañana de nosotros y a las doce de ellos, Cuando nos Citaron para las tres, tuve que hacer unos cálculos y deducir que se trataba de las nueve de la mañana. Después cogí la onda, sumando seis a la hora que me decían, pero siempre anduvimos un poco desconcertados.

Nos instalamos en el Kana Palace, lujoso hotel con clima artificial, cercano al aeropuerto y no tuvimos tiempo para bañarnos y cambiarnos, pues el Jefe de Protocolo nos citó para las cinco en su oficina, o sean las once a.m. (¿Me explico?)

El Señor Embajador, (tú sabes porqué llamo y llamaré a este Señor, Señor Embajador) entregó las copias de sus Cartas Credenciales al Sub Secretario Alterno de Relaciones Exteriores y tuvimos el primer encuentro con

EL CAFÉ ÁRABE. Te presento un esclavo negro, del Sudán, vestido con semítico camisón, magnífico turbante hecho con un solo copo de algodón egipcio, portador de una cafetera de latón batido a mano, Cincelado en arabescos, con largo pico atacado de crines de caballo para filtrar el líquido. Trae en la siniestra mano, en prodigio de equilibrio, empalmadas, muchas minúsculas tazas de porcelana, sin asa, cojo medios cascarones de huevo; te entrega una y vierte «un dedal» de un líquido ambarino, (que ámbar contiene), extraído de una mezcla de café tostado-claro en mínima parte y dos semillas autóctonas: misteka y Habahan.

El ritual exige que debes tomar la tacita entre índice y pulgar y beber el hirviente contenido margo de un trago, pero si al bajar la mano conservas inmóvil la taza, el esclavo ;te escancia de nuevo, indefinidamente, hasta que imprimas al recipiente un brusco movimiento como de repentino «mal de San  Vito, que significa que ya no deseas más «akhua», ¿Si dejas algún sedimento, el sirviente lo tira violentamente sobre la costosa alfombra, criticándote que has despreciado lo mejor que pueden ofrecerte. También porque así te demuestran la poca importancia que para ellos tienen las cosas materiales, cuando hay un invitado en casa. Y                                                           

(4). Pasamos tres días en monástico encierro en el Hotel, pero te aseguro que no fue por nuestro gusto, sino porque así lo imponen las costumbres religiosas y el calor que, fuera de los recintos enfriados por electricidad, es insoportable.

No sé si haya otro, (pero no quisiera vivir ahí) mundo sin mujeres. Sombras furtivas con el rostro cubierto por una máscara (que no velo) corren veloces de una puerta a otra, pero jamás entran a lugares donde hay varones. No existen en Arabia Saudita espectáculos públicos, (a no ser uno muy edificante al que te invito cordialmente: los viernes se amputan las manos en público a los ladrones…) Ausentes totalmente cines o teatros, televisión, bares y cabarets. En cambio, puedes fumarte un narguile con su pizca de opio en cualquier parte,

Yo quise probarlo, pero el Señor Embajador, que desconoce mis mansas reacciones a otros estimulantes, (aclaración: Martini) se opuso. No te hablo del calor, pero has de cuenta que estás en… Arabia.

Una de aquellas noches, en complicidad con un amigo ocasional residente, de nacionalidad cubana, nos acercamos por la carretera hasta cosa de unos kilómetros de la Meca y vimos el resplandor de sus luces, pero hasta ahí nomás pues los «in fieles» no tienen acceso a tan sagrados lugares. La calzada estaba llena de peregrinos, a pie o en camiones.

El Jefe de Protocolo nos anunció: «Mañana serán ustedes recibidos por Su Majestad.»

Abordamos un «Convair» lleno de príncipes, sus mujeres veladas y séquito; un poco a la mexicana cargados de bultos diversos. En cuatro asientos conté hasta tres tuertos, inclusive un príncipe. El tracoma, plaga bíblica, sigue cobrando sus dividendos.

Como tú has volado sobre desiertos, dejo a tu memoria la resurrección del prodigioso espectáculo de las dunas pintadas de lila y de sepia, con el sol de levante asomando su boca de crisol que derrama cobre fundido…                                                           

RIJADH. Así se llama la capital política de este país y es positivamente un milagro en el desierto. El capricho de un soberano absoluto, dueño de uno de los mantos petrolíferos más ricos del mundo, y al conjuro de los dólares, hizo brotar de la tierra quemada una ciudad moderna como cualquier otra, con magníficos edificios equipados con todo el moderno confort. Por ventura, este señor feudal escuchó el consejo de arquitectos belgas, franceses, alemanes e italianos y las calles están bien trazadas y los edificios públicos son homogéneos en su arquitectura funcional.

Nos alojamos, aquí ya invitados de honor, en el Kandara (hotel) El Shark, muy parecido al anterior en todas sus instalaciones y servicios, menos en la comida, que es inferior en calidad. A Yedah, puerto marítimo, llegan barcos con provisiones de todas partes y de todas clases. Aquí, en el propio corazón del desierto, hasta las lechugas vienen en avión.Y los precios son como cuando en Tampico explotaban el petróleo las empresas extranjeras o Venezuela, en la actualidad.

El Sub Jefe de Protocolo se nos presenté vestido a lo árabe, pero su parecido era extraordinario con un amigo del Señor Embajador Carrillo. Y mi tío Ezequiel, (Departamento de Muebles, en el Centro Mercantil) pareció que se había trasladado a Rijadh, tomando posesión de la administración del Kandara. Con estos dos personajes familiares, presentes todos los días en nuestras actividades, el destierro se nos hizo pasadero. |

Salam saida masalama, nos dijo al mostrarnos para firma el libro del registro. ¿Como estás, querido tío Ezequiel? Le contestó en castellano. El pensó que correspondía su elegante saludo en árabe con un cumplido más refinado en mi idioma. Al día siguiente, para asombrarnos con su agudeza, me recibió con un: ¿Como estás tío Ezequiel?… Tuve que explicarle que así no era el asunto, sino ¿Como estás, sobrino Armando? Se estableció por tácito concordato bilateral esta fórmula para todos los días de nuestra estancia en Rijadh…

Ramírez y Ramírez anunció al Señor Embajador que Su Majestad el Rey nos recibiría a las nueve, (tres de la tarde) y quince minutos antes de la hora señalada llega a recogernos impresionante escolta de motociclistas, cadillacs negros y un transporte militar con grandes ametralladoras antiaéreas, todo al mando del Mariscal Ali Jamel y bajo la dirección del señor Ramírez y Ramírez (en la vida real Mohamed Médani).

Para formarte una idea del tamaño del Serrallo, debes cerrar los ojos y trazar un cuadrángulo más o menos del que encierra a la zona arqueológica de Teotihuacán. Lo habitan cinco mil personas entre gentes de la sangre, servidumbre, guardias y empleados. Hay un colegio para quinientos niños surtidos. Impresionad el verdor de este gran jardín, detonante con la aridez que lo circunvala.

Tu y yo, que hemos visto los cultivos de rosas en Grasse, Francia, o los de Bulgaria, aceptamos que esas maravillas puedan lograrse en tierras de humus, en materia con elementos para nutrir las plantas, pero aquí, en arena y sal… solo un milagro.

Ya estamos pues, como en los jardines de Versalles, pero como en tiempos de los polveados luises, Solo que las Ponmpadours y las Maintenon de aquí no lucen sus espléndidas bellezas a la vista de los profanos, sino a la de sus amos exclusivamente.

¿Te acuerdas del Palacio del Dux en Venecia y de su salón de recepciones? ¿De aquellas maravillas de arquitectura de que hace alarde un techo plano de cuarenta metros, SIN COLUMNAS?

LA SALA DEL TRONO. Hay olor de incienso y mirra. Flota el humo azul de los pebeteros y en el techo se arremolina transformándose en cielo sin nubes. Catorce monumentales candiles de cristal de Murano sirven de palio al Safir (Enviado) extranjero en sus cien pasos sobre los más hermosos tapetes persas que hayan pisado plantas de cristiano. En ambos lados del salón, dos hileras paralelas de sillones tallados y forrados de brocado dorado, ocupados por sheiks, santones, nobles y todos aquellos personajes descritos en las Mil y Una Noches. La ausencia de mujeres ya no nos causa extrañeza, pero si nostalgia… Alah bendiga a las que no podemos ver detrás de aquellos muros, pero que adivinamos cercanas con nuestros sentidos primitivos.

Al fondo, en el «ocaso» de aquel descomunal hangar, sge ve una silla majestuosa, ocupada por un personaje que se va agrandando conforme marchamos hacia él. 

Saud bin Abdulaziz (El Bien Amado), corpulento como un toro, ¿—— (y de ocupaciones bovinas) ve acercarse aquellas formas vagas con sus ojos operados de cataratas y da paso entre sus dedos enormes a las cuentas de una «Sobha» (especie de rosario). A sus espaldas y también dispersos por todo el salón, innumerables guardias negros con armas modernas y otros con mosquetones recamados de oro.

Nuestro safir llega hasta el trono, hace breve inclinación de cabeza, el rey se incorpora y se estrechan las manos. Enseguida me presenta y con breve discurso en inglés hace entrega de las Cartas Credenciales, El buen Ramírez y Ramírez nos señala asientos a la diestra de Su Majestad, mientras el Príncipe Feizal (hermano inmediato al Rey) Ministro de Relaciones Exteriores, de Hacienda y de Gobernación, (¡Ay! nepotismos zacatecano y potosino, que pequeños los veo desde aquí 1) recoge las credenciales.

Ramírez y Ramírez es un funcionario de larga carrera, Ha servido en el cuerpo diplomático de su país en Londres y Roma» Hombre de frac y condecoraciones afuera de Arabia Saudita; mundano y seguramente ya no muy creyente en la divinidad del Rey, E descendiente de Mahoma, según leyenda, sin aviso previo se «echó) literalmente a los pies del monarca, para servir de intérprete en la conversación, sin atreverse a levantar los ojos.

Saud bin Abdulaziz preguntó al Safir el Mexique sí le había gustado «su ciudad» y el Safir le contestó que aplazaba su Juicio para después de recorrer aquel «milagro en el desierto».

El esclavo del turbante de un solo copo de algodón egipcio ofreció «ackua» a Su Majestad, pero este lo declirnó, Nos sirvió a nosotros y nos vimos las caras pensando si sería desacato tomarlo, habiéndolo rechazado el Monarca. Por las dudas, bebimos un sorbo de la ya minúscula porción y devolvimos la taza al esclavo, quien con violento gesto las sacudió sobre la alfombra. Frente a nosotros, como enorme torre humana, a no más de cinco pasos, está gigantesco guardia que no pestañea, con la mano en la empuñadora de descomunal alfange, seguramente ya experimentado en el arte de cortar cabezas con tal velocidad, que estas caen al suelo todavía hablando…

Sirven enseguida una charola de oro, surtida de refrescos de colores. Nuestro buen Ramírez y Ramírez sigue echado en el piso, hasta el momento en que el Safir el Mexique pide venia del Rey para retirarse, cosa que se realiza con apretón de manos y regreso por aquel campo de futbol alfombrado.

LAS HURIES DEL PARAÍSO. Esa misma noche cenamos en el Palacio Nasyr, acompañados de alrededor de 80 funcionarios, príncipes de la sangre y personajes | varios, magnífico banquete al estilo europeo; sopa de chicharos, pollo con hongos, filete con espárragos. Solo el postre era oriental y delicioso, por cierto. Nada de vinos, por supuesto. En su lugar, refrescos de frutas, jugo de tomate y leche agría helada.

Detrás de cada uno de los comensales, un guardia con la mano a la cimitarra. Al Rey lo sirve un grupo especial de meseros, supervisados por sus médicos. Ese día el señor estaba indispuesto y tomó únicamente sopa y un vaso de leche agria fría, pero es fama que en otras ocasiones, tiene un apetito digno de sus deberes.

El fiel Ramírez y Ramírez se mantuvo en esta ocasión de pie, pues de otra manera hubiera quedado bajo la mesa. El Rey le volvió a preguntar al Safir si le había gustado «su ciudad» y el Safir le respondió en igual forma que en la anterior ceremonia.

De entre cortinajes salió repentinamente un individuo sin que nos percatáramos de cuando alguien frotó la lámpara de Aladino y con voz plañidera y monótona, comenzó a dar lectura a notas de gran manojo de papeles sueltos y de vez en cuando oíamos nombres familiares, como Eisenhower, Sputnik, Cleopatra. El Pregonero Real está en funciones. El Rey explica al Safir que se hace leer las noticias, en resumen, porque sus ocupaciones no le permiten leerlas, La verdad es que el señor está casi ciego.

Se levanta el ponderoso Monarca y al unísono todos los comensales. Desfila con al Safir a la derecha y yo a la derecha del Safir. Hacemos alto en precioso salón donde se nos sirve «Ackua» y surge ahí el personaje oriental de los cuentos de hadas que nos faltaba: El «Porta Perfumes Real» con charola de oro y muestrario de frascos de cristal cortado con todas las lociones imaginables de Francia, Inglaterra, Alemania y del país. El ritual lo aprendimos fijándonos en el Rey, quien moja las manos con su esencia favorita, las seca con albo paño y las pasa sobre un incensario, haciendo también que el humo entre bajo el tocado de la cabeza.

Se despide el Safir de mano, le sigo el ejemplo y cuando, nos dirigimos hacia la puerta de salida, nos alcanza el Jefe de Edecanes para indicarnos que, por excepción y como gracia especial de su Majestad, se nos permitiría visitar

LOS JARDINES DEL PALACIO. Dentro del recinto del Serrallo está otra ciudad amurallada con fabulosas puertas de hierro forjado (¿Te acuerdas de las de la Catedral de Toledo?) custodiadas por abigarrado conjunto de fieles guerreros.

Este era un rey que tenía / un palacio de diamantes, / un trono de malaquita, / un rebaño de elefantes / y una gentil princesita / tan bonita, Margarita, / tan bonita como tú…

Rubén Darío era hombre de poca imaginación para describir a los potentados, pues este Rey tiene sin fin de palacios, un rebaño de pozos de petróleo y princesitas… (véase Time, mayo 29 de 1960) «Acompaña al Rey una muchacha al amanecer, en las plegarias matinales, otra a la hora del almuerzo, ¡una más para la oración de la tarde y la cuarta por la noche…!)

Con estallido de artillería, al abrirse las rejas, surgen al aire chorros de agua multicolores, de fuentes que ya hemos visto igualadas, pero no superadas, en Roma y en Paris, en Viena y Budapest. Pero allá las alimentan los caudalosos Tiber, Sena y Danubio y aquí el agua hay que sacarla de pozos, perforados a mayor profundidad y costo que los de petróleo.

Jardines del Trianon, o de Bologne, no sobrepasan a los de Saud. Perfumes rarísimos saturan el aire y mil flores exóticas te miran silenciosas. las «villas» y palacios están diseminados sin simetría entre jardines y fuentes. Pasamos frente a un castillo rojo-opaco que parecía flotar entre las plantas.

Custodiaban las puertas parejas de genízaros negros, espada al cinto y mano a la empuñadura. Un corredor gigantesco, iluminado como si fuera medio día, está constelado de lámparas venecianas azules, como no vimos ni tu ni yo en Murano mismo.

LA ESPADA DE ORO. Como obsequio de Su Majestad, se nos entregaron vestidos de príncipe y un reloj a cada uno, en ceremonia especial, por un enviado de la Casa Real y el Embajador Midani, de Protocolo. Los vestidos son de pelo de camelio, color tabaco con guarniciones de hilo de oro, kofia de seda con pasamanería y más oro y un «Oghal» que corona la testa. La espada del Embajador es de oro TODA, con excepción de la hoja de acero toledano. Los relojes Omega tienen el escudo de armas en la carátula y una leyenda: (en letras frabes) Ibn Saud, Rey de Arabia.:

THE FLYING GAZALLE. Así se llama pomposamente, o por antítesis, un pesado DC-4de la Saudi Arabian Air lines, que nos condujo de Rijadha Daharan, bastión petrolero de la Aramco (norteamericana) en el Golfo Pérsico. Aterrizamos en la mitad de un simún (tormenta de arena) que mantenía las palmeras datileras casi acostadas. Nos refugiamos en el «Comisariato» gringo y tomamos helados neoyorquinos.

Como tu sabes, mi querido amigo, las iglesias aquí no tienen torres porque son mezquitas y estas tienen minaretes. De manera que hubimos de cambiar la expresión mexicana: «Nos dimos en la torre, por: nos dimos en el minarete.»

La Cazela Voladora despegó con las hélices moliendo arena roja, enfilando por enmedio del desierto Al Nafud hacia Líbano. De la cabina salió al rato el copiloto, un muchacho árabe de peso de jockey. Pensé que el piloto sería un gringo de la corpulencia de mi Safíir, pero se me enfriaron, a pesar del horrendo calor, las corvas, cuando a su turno emergió un ciudadano desnutrido, parecido a Frank Sinatra, con anteojos…

El camarero dio a cada uno de los pasajeros, todos árabes y a nosotros dos, una caja de cartón del tamaño de un ladrillo que contenía: una naranja, una manzana, dos panes tiesos, supervivientes de cinco vuelos cuando menos y una bolsa de celofán con algo que parecía carne molida (¿joroba de camello?). Le dije al Safir: «Esto que nos parece despreciable aquí arriba, de acuerdo con las normas de la Pan American, lo guardaremos para caso de emergencia, porque me late que esta Gacela se va a dar un panzazo en el arenal aquel de allá abajo.»

Imagen: LVÁ

La Voz del Árabe (LVÁ) – ESPECIALES – Cd. de México, abril 1° del 2020

 

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