EL “ACUERDO DEL SIGLO”: UNA POLÍTICA COLONIAL

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Trump y Netanyahu no buscan cambiar las cosas, sino institucionalizarlas.

Dr. Moisés Garduño García*

El denominado Plan Trump[i] no es otra cosa que un instrumento colonial. Reinstitucionaliza la ocupación militar israelí, hace caso omiso de los asentamientos ilegales en territorios palestinos e ignora las consecuencias sociales que entraña referirse a un “Estado judío” en un contexto donde los discursos de odio son populares en la esfera pública global y determinan las plataformas de las campañas políticas de derecha. A lo largo del documento, la palabra “ocupación” ni siquiera es mencionada. Términos como “compensación”, “asistencia”, “ayuda”, entre otros similares, traicionan la idea de justicia la cual es sustituida por una noción de caridad para los palestinos. ¿Qué tipo de futuro promete Donald Trump a Palestina con un documento que nace de la violación del Derecho Internacional? ¿Qué tipo de paz podría provenir de dos personajes políticos como Donald Trump y Benjamin Natanyahu quienes están acusados de abuso de poder y corrupción respectivamente ante los ojos de los ciudadanos del mundo?

Es menester recordar que el actual mandatario estadounidense primero castigó a los palestinos congelando fondos a la UNRWA, reconociendo a Jerusalem como capital israelí y cerrando las oficinas de la OLP en Washington, para luego ofrecereles su propia versión de “paz” de manera cínica mientras fanfarronea una billetera de 50 mil millones de dólares con lujo de condiciones. La idea de Trump, en la que han participado personas como Jared Kushner, Benjamin Netanyahu y David Friedman, eterniza la fragmentación del territorio palestino e insinúa que la existencia de “un posible Estado de Palestina” debe ser uno desmilitarizado cuya seguridad, movilidad, intercambio de bienes e, incluso, el modelo de desarrollo, debe dejarse en manos del ejército israelí ya que “los palestinos no están preparados para la paz”. 

Pero lo más humillante del Plan Trump es que la visión de prosperidad que plantea tiene sus bases en un modelo colonial, capitalista y militarista que busca ser apoyado por un grupo de países árabes que tiene todo excepto instituciones democráticas para velar por los derechos humanos. En el año 2018, países como Egipto y Arabia Saudí se encontraron catalogados como países altamente corruptos de acuerdo con Transparency International,[ii] y, de acuerdo con la Organización Reporteros sin Fronteras, en el año 2019 ambos países fueron clasificados dentro de los veinte países con mayor censura del mundo al lado de naciones como Irán, Yemen, Siria o Libia.

El mayor objetivo del denominado “Acuerdo del Siglo” es la rendición de los palestinos. Hacer de Palestina una idea exotizada que permanezca en museos de lujosos emporios multinacionales que ofrezcan viajes a “tradicionales aldeas palestinas” tal como se realiza hoy en día en algunos lugares de África, donde el denominado “afropesimismo” alimenta la conciencia con la que el turismo neoliberal es fomentado a gran escala.[iii] Cuando Donald Trump habla de puertos, zonas económicas especiales y del “potecial turistico que tiene Palestina”, en realidad se refiere a una cosmovisión donde las compañías transnacionales son la punta de lanza para la reconstrucción y modernización de territorios en conflicto. En la página 10 de su documento, Donald Trump compara a Gaza con Rio de Janeiro, Lisboa, Dubai y Tel Aviv[iv] donde la imagen que pasa por su cabeza seguramente es aquella de enormes rascacielos que gentrifican el espacio de las ciudades al servicio del gran capital y no tanto al servicio de los ciudadanos. Pero con la misma precisión, se puede asegurar que Trump ignora las consecuencias económicas que ese mismo modelo ha causado en Asia y América Latina el cual ha graduado enormes cinturones de miseria, desigualdad y violencia donde los jóvenes y las mujeres son las principales victimas al experimentar altos grados de desempleo, migración y explotación laboral. Este modelo, de una u otra forma, Palestina ya lo experimenta en diferentes formas frente a la economía israelí, no sólo en las aldeas del Rio Jordan o del Desierto del Nagueb, sino en las periferias de Ramallah y entre los palestinos que viven dentro de Israel. Trump y Netanyahu no buscan cambiar las cosas, sino institucionalizarlas.

Con lo anterior, la visión de “llevar civilización y prosperidad al mundo bárbaro y atrasado” prevalece en las figuras retóricas del mandatario estadounidense. El “Acuerdo del Siglo” es una nueva herramienta colonial con viejos discursos orientalistas que intenta diseñar no sólo la conducta del “otro”, sino su futuro. La promesa de desarrollo basada en la idea de la inversión privada, la explotación de recursos y la adopción de una cultura imperial que Trump llama “prosperidad” no es otra cosa que la propuesta de un contrato de compra-venta de la identidad palestina y de su propia historia. No olvidemos que, en términos de Edward Said, si bien la batalla principal del imperialismo es justo una batalla por la tierra, la lucha por narrar de quién es la tierra, quién la trabaja, cómo la trabaja y quién planea su futuro es crucial para mantenerse como protagonistas de la batalla.

El intento de Trump y Netanyahu por venderle al mundo la solución del conflicto más documentado de todos los tiempos no es otra cosa que un capitulo más de la historia espacial de Palestina. Un episodio donde think tanks  e inversionistas se montan en la política del despojo la cual se aceleró desde la ocupación militar de 1967 y que, desde entonces, no ha hecho otra cosa que fabricar mecanismos para expropiar, apropiar y despoblar territorios a favor fuertes intereses israelíes. Pero, parafraseando a Luz Gómez García, “el Plan Trump también tiene su lado positivo”,[v] pues a pocos minutos de su presentación ya ha logrado unificar a toda Palestina; jóvenes, viejos, de izquierda, anarquistas, nacionalistas seculares e islamistas por igual, todos unidos para rechazar la propuesta de Washington. Esto nos enseña que la fuerza de la resistencia palestina es proporcional a la fuerza de las elites que intentan ponerla de rodillas. Si pensamos que Palestina ha estado enseñando al mundo cómo se defiende la tierra; graduando cineastas, artistas, cantantes, poetas, y no se ha rendido durante más de medio siglo defendiendo su dignidad, ¿por qué habría de hacerlo ahora?

[i] “Peace to Prosperity:  Vision to Improvethe LIves of the Palestinian and Israeli People”. January 2020. Recuperado de http://a7.org/?file=20200128203007.pdf

[ii] Transparency International. “Corruption Perception Index 2018”. 2018. Recuperado de https://www.transparency.org/cpi2018

[iii] Icíar Gutierrez. “El complejo del «salvador blanco»: por qué puede ser racista hacerse fotos con niños negros en tu viaje a África”, El Diario, 3 de abril de 2018. Recuperado de https://www.eldiario.es/desalambre/complejo-salvador-racista-Africa_0_756975385.html

[iv] “Peace to Prosperity:  Vision to Improvethe LIves of the Palestinian and Israeli People”. January 2020. Recuperado de http://a7.org/?file=20200128203007.pdf

[v] Luz Gómez. “El plan Trump tiene sus cosas buenas: pone a cada uno en su sitio”. Perfil de TWeitter. 28 de enero de 2018. Recuperado de https://twitter.com/LuzGomezGar/status/1222285446975234049   Moisés Garduño Gacía, FCPyS-UNAM

*Moisés Garduño García es doctor en Estudios Árabes e Islámicos Contemporáneos por la Universidad Autónoma de Madrid y maestro en Estudios de Asia y África con especialidad en el Medio Oriente por El Colegio de México. Realizó un Posdoctorado en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) y actualmente se desempeña como profesor de tiempo completo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) de México y en 2018 recibió el Premio RDUNJA que otorga la UNAM en el área de docencia en Ciencias Sociales.

Imagen: LVÁ

La Voz del Árabe (LVÁ) – EDITORIAL – Cd. de México, febrero 28 del 2020

 

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Eli Fakhir
1 year ago

Una visión un tanto superficial de un «plan de paz» que si bien es ridículo en su propuesta, es una excelente muestra sobre las intenciones del gobierno de Netanyahu, que nos permite analizar la expectativa que se tiene de Mahmoud Abbás, de las prioridades del gobierno palestino en general, de los intercambios territoriales que podrían tener lugar en un futuro, y de las regiones clave para la defensa de los estados Israelí y Palestino.

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