NUESTRAS PALABRAS DE ORIGEN ÁRABE

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Entender la influencia del árabe en la lengua hispana genera un conocimiento que parece olvidarse en los estudios literarios…

Ruth Figueroa

La importancia cultural e histórica del mundo árabe no se limita a su cuota del extraordinario mestizaje racial que es Hispanoamérica, son incalculables las aportaciones de la milenaria cultura árabe que llegó a la nuestra corriendo por nuestras venas, nuestro mestizaje es sumamente complejo, no se limita a la raíz española y la indígena que se integra con la africana, sin embargo, ya era mestiza entre las propias etnias de Mesoamérica antes de su descubrimiento, pero en estas tierras confluyen linajes de origen celtíbero, corrientes latinas, germánicas, godas, visigodas, judías por supuesto árabes de este crisol,  la latina y la árabe son las de mayor peso. Ochocientos años de dominación árabe musulmana sobre la península Ibérica, aún cuando fuera una dominación no sistematizada, enfrentada siempre a la resistencia hispana serán una ineludible influencia en todos los aspectos de la cultura desde sus últimos detalles, mas allá del arte, de la arquitectura, la música, la ciencia y hasta aspectos tan cotidianos como los muebles y la ropa de cama, pero sin lugar a dudas el aspecto más trascendente es en el lenguaje.

Aristóteles y gran parte del resto de la filosofía griega se dan a conocer en España por la influencia árabe a través del castellano en toda la Europa medieval, en un inicio las traducciones del griego al árabe, del árabe al castellano y finalmente del árabe al latín. Un caso similar sucede con el conocimiento matemático y científico de Oriente.

Alfonso el Sabio, que reina en Castilla de 1252 a 1284, con quien la deuda de la cultura española es grande, reúne en su corte sabios árabes y judíos junto con los eruditos cristianos, quienes al cabo de los años fueron los responsables de la  compleja trama de valores retóricos y gramaticales del idioma por los que Alfonso mereció el sobrenombre de “El Sabio”, a su vez el desdén de sus contemporáneos.

De este campo fértil derivarían en el lenguaje y de la literatura hasta el mismo Cervantes, gran parte de la literatura española y por consiguiente la hispanoamericana, serán producto de la formación y desarrollo del castellano, el cual no se hubiese conformado como lo conocemos sin la influencia árabe. Tan sólo en cuestiones de vocabulario, se calcula que el idioma español cuenta con más de cuatro mil palabras, entre primitivas y derivadas, de origen árabe. Como los árabes llegan a España en  campañas militares, lo propio fue que muchos de los vocablos sean del contexto militar: “Los moros o Sarracenos, como se les denomina, organizaban contra los reinos cristianos expediciones anuales llamadas aceifas, los escuchas y centinelas se llamaban atalayas y la retaguardia del ejército, zaga. Entre sus armas destacaban el alfanje y la adarga; los saeteros guardaban las flechas en la aljaba y la cabeza del guerrero se protegía con una malla de hierro o almófar”.

Una aportación importante de los musulmanes a la cultura bélica medieval fue acompañar sus ataques con tambores y trompetas bélicas, las cuales se le conocía como añafiles. La caballería seguía tácticas muy distintas de los cristianos; su marcha era firme y lenta; y la de los segundos, desordenada y ágil. Los alféreces o caballeros moros montaban con estribos cortos que les permitían rápidas evoluciones y espoleaban a la cabalgadura con acicates, las primeras espuelas con una sola punta de hierro. Después de asimilar toda esta tecnología y terminología militar, se fueron integrando al castellano muchas palabras propias de otras actividades no necesariamente militares pero si de un carácter económico primario, como la agricultura y la gastronomía, posteriormente el arte y la ciencia, el derecho, la medicina, y así poco a poco se enriqueció la lengua con todas la palabras de origen árabe: aljibe, alberca, noria, alcachofa, alubia, zanahoria, berenjena, azafrán, algodón, azucena, azahar, arrayán, tarea, reclamar, badana, alfarero, taza, alfiler, marfil, alumbre, arancel, aduana, tarifa, arroba, arrabal, aldea, zaguán, alcoba, azotea, albañil, alcantarilla, ajuar, almohada, alfombra, albóndiga, almíbar, arrope, alfeñique, ajedrez, azar, alacrán, alcalde, alguacil, albacea, alcabala, algoritmo, álgebra, alquimia, alambique, alcohol, elíxir, jarabe, cenit, auge, mezquino, azul, añil, carmesí, halagar, hasta, ojalá, hazaña, maquila, jabón, laúd, tahúr, tabique, por tan sólo mencionar algunas, incluso palabras que nos parecen tan banales como fulano y mengano, también son de origen árabe.

Entender la influencia del árabe en la lengua hispana genera un conocimiento que parece olvidarse en los estudios literarios, sin embargo, es indispensable para profundizar en las estructuras literarias del español y el estudio de sus orígenes en la segunda mitad del siglo XIII, cuando se construyó su estructura, para poder comprender sus contradicciones, para construir irrepetibles modelos que son vigentes hasta nuestros días. Hacer un análisis de esas circunstancias históricas y culturales que Alfonso X “El Sabio” promovió, es analizar la  evolución del español mismo, sus cambios, sus modificaciones, su trascendencia, quizá es ahí esta la veta para  conocer y entender las razones de la inmensa cantidad de palabras que acaban configurando un complejo cuadro de géneros literarios desde finales de ese siglo hasta el presente.

 Ilustración: Gastón Ortiz

La Voz del Árabe (LVÁ) – CULTURA – Cd. de México, noviembre 18 del 2019

 

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