DE CÓRDOBA A COLOTLÁN, LA TALABARTERÍA HERENCIA ÁRABE

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El cordobán es la técnica de trabajar el cuero repujado que se desarrolló en la Córdoba musulmana del siglo VIII

Ruth Figueroa

La talabartería, guarnicionería o piteado, implica el trabajar sobre piel vacuna como repujado o bordado para la confección de distintos artículos decorativos o utilitarios, una tradición que en nuestro país se ha trasmitido por generaciones a través de las familias de artesanos, práctica que en algún momento tuvo un perfil casi industrial a principios del siglo XX, ahora es un legado en peligro de desaparecer, se conserva en manos de quienes con arduo trabajo graban y bordan la piel natural, por las cualidades de la misma hubo una época en la que era indispensable para la cultura ecuestre, se trabajaban sillas, correas, polainas, chaparreras y otras elementos propios del uso y manejo del caballo, debido  al desarrollo de la tecnología en cuanto a los medios de trasportación, el caballo fue relegado por trenes y automóviles y así el uso de estos artículos y los equinos pasaron de ser el principal medio de transporte a una cultura de afición y exhibición, sin embargo se continuó la tradición en bolsos, sombreros, cintos y otros elementos que son ya típicos del folklore del centro de México.

Existe una población ubicada en el estado de Jalisco, Colotlán, la cual se denomina “La capital mundial del piteado”, debido a que cuenta con una gran cantidad de talleres de talabartería, en los que se realizan con gran maestría artesanías en base al grabado y bordado de piel.

Los maestros  artesanos de este municipio destacan por su trabajo en el bordado de la pita en la piel vacuna, así como por su destreza para elaborar sillas de montar, trajes de charro, huaraches, cintos y bolsos, a la población de Colotlán se le otorgó el título en 1991, al celebrar 400 años de su fundación, desde entonces se realiza la Feria Nacional del Piteado en el mes de mayo, evento que llega a congregar a miles de visitantes del país e incluso del extranjero.

Las artesanías de este tipo que se elaboran en distintas regiones del país son exportadas a Estados Unidos y Europa; incluso hay piezas se han llegado a vender hasta en veinticinco mil dólares, ya que a los bordados se les puede aplicar hilos de plata y oro en correas o sillas de montar.

Con el paso del siglo XXI, las máquinas láser han ingresado a la producción y cada vez menos gente compra los productos hechos a mano, sin embargo, Colotlán se dio a la tarea de la construcción de un centro artesanal talabartero, el cual pretende que todas aquellas personas que se dedican a esta actividad y que quieran ser partícipes de ese proyecto, estén presentes con sus talleres, para trabajar ahí, exponer, vender y promover sus artesanías.

Pero el verdadero origen de esta tradición que ahora luce tan mexicana, el arte del cuero nos llegó vía España desde la colonia, a su vez su desarrollo fue en Córdoba, de donde se origina el nombre de la técnica, “El cordobán.

El cordobán es la técnica de trabajar el cuero repujado que se desarrolló en la Córdoba musulmana del siglo VIII. Además de la piel, los artesanos de esa época utilizaban una planta llamada “zumaque”, para dar más resistencia y suavidad al material, generalmente usaban cuero de cabra o cordero, bellamente decoraban calzado, cintos y ornamentos de todo tipo, convirtiéndose así el cordobán en un símbolo de identidad de la ciudad, a tal grado que es muy común que las instituciones municipales ofrezcan estas artesanías como regalo a distintas personalidades que visitan Córdoba, incluso a los miembros de la Casa Real española.

Alrededor de los años del siglo XX, hubo un momento que esta tradición casi se había perdido y apenas existían unos cuántos talleres en la ciudad, el antiguo esplendor de los famosos “Cueros de Córdoba” se extinguían y sólo unos pocos artesanos lo trabajaban ocasionalmente de forma privada. Llegó un momento en que era muy difícil para los turistas encontrar muestras de pieles que representasen la tradición de los llamados “guadameciles” o “Cueros de Córdoba”,  mismos que por siglos hicieron famoso el nombre de la ciudad por todo el mundo y cuyos métodos se heredaron a la entonces nueva España.

Lentamente se han recuperado las tradiciones y los talleres de artesanos, no fue a hasta las décadas de los 80 y de los 90 cuando Córdoba logró de nuevo ser el primer centro productor de cordobanes, como en la antigüedad, cuando alcanzaron mucha fama en Europa occidental y en las colonias de España en el nuevo mundo. El nombre de Córdoba se ha ganado a pulso un lugar en la decoración gracias a los elementos de piel llamados “cordobanes”. Aún cuando en siglos pasados estas artesanías estaban ligadas a las clases sociales altas, ahora están al alcance de cualquier bolsillo, sin que se demeriten ya que hasta nuestros días la nobleza española o los jeques árabes, siguen comprando el cordobán para adornar sus espacios.

Ilustración: Gastón Ortiz

La Voz del Árabe (LVÁ) – CULTURA – Cd. de México, octubre 22 del 2019

 

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