SURCANDO EL MAR Y TOCANDO LAS ESTRELLAS SEGÚN EL FAVOR DEL VIENTO

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Los árabes fueron los primeros grandes navegantes, comerciaban incienso, mirra y dátiles, trazaron rutas a la India en busca de especias, sedas, maderas finas y piedras preciosas, del África oriental sostenían tratos comerciales…

Ruth Figueroa*

La vida en el mar se cuenta de manera distinta, no es en días y años, sino en momentos, se vive según las corrientes, las mareas, siguiendo al sol y a las estrellas del firmamento.

Los humanos siempre hemos experimentado una intensa relación con los océanos, involucrar los sentimientos en los mares es una práctica antigua, desde que la historia empezó a escribirse, las grandes civilizaciones se desarrollaron cerca del mar, esto les permitió conocer el mundo, comprobar que la tierra es redonda y después de la edad media, hombres de todos los pueblos se aventuraron más allá de su horizonte, en busca de lo desconocido.

Los viajes han sido un importante medio de intercambio cultural compartiendo ideas y conocimientos.

Los árabes fueron los primeros grandes navegantes, comerciaban incienso, mirra y dátiles, trazaron rutas a la India en busca de especias, sedas, maderas finas y piedras preciosas, del África oriental sostenían tratos comerciales de marfil, conchas de tortugas y pieles; desde sus veleros dominaban los secretos para desplazarse con vientos hacia distintas direcciones.

Hay dos hechos importantes en la cartografía árabe medieval: La peregrinación ritual a la Meca y las rutas comerciales de un mundo unificado por una misma religión con leyes comunes,  esto aunado a la vista obligada a los centros de saber del oriente musulmán, el Cairo, Bagdad y Damasco, finalmente en los siglos venideros el deseo de aventuras impulsó  a los marinos hasta China y Rusia.

Hemos cruzado los mares a través de pensamientos filosóficos, discursos inspiradores, citas y hechos universales, estamos enamorados del mar desde que lo vimos por primera vez, las playas tienen un profundo efecto en nosotros.

Dicen que: “En el mar la vida es más sabrosa” y me atrevo a declarar que las personas que vivimos en la playa, crecimos felices porque nos refugiamos en la cotidianidad que ofrece el entorno.

Mi vida fue marcada para siempre al contemplar los hermosos amaneceres, al ocultarse el sol, cuando la luna volvía a nacer y pintaba de plata el mar.

Al sentir el calor y la humedad, la conexión con la arena en los pies al caminar cada mañana a la orilla del mar; al respirar profundamente los aromas propios de una atmósfera cálida, disfrutando los sonidos llenos de fuerza y poder, pero al mismo tiempo relajantes como cuando una ola se rompe y percibimos la brisa.

Estar de pie y dejarnos maravillar por la inmensidad es recordar que somos parte de la naturaleza, de la vida y la muerte. La belleza es algo que siempre ayuda a estar presente y cuando además podemos tocar, oler, saborear, el placer culmina.

El mar y su inmensidad ha sido musa eterna de artistas, como Joaquín Sorolla; el Mediterráneo corría por sus venas y marcó su profundo amor por el mar, que utilizó como paisaje en numerosas composiciones. El mar le permitió investigar sobre la luz, el color y el oleaje con aspectos poéticos y centrándose en la belleza.

El mundo en el que vivimos se detiene cuando estamos frente al mar, olvidamos los problemas, se conjuntan nuestros sentidos: la realidad se resume en observar, oír y sentir.

Hay una calma inmediata que hace que nuestra alma entre en estado de paz y serenidad.

El horizonte parece no tener fin, sin embargo, esconde todo un universo de vida y sus misterios nos atrapan en cientos de preguntas sin respuestas.

La emoción de experimentar a través del mar la libertad y el contacto directo con la naturaleza que la tierra nos brinda, son características propias de un estado espiritual, el mar es parte de nosotros, de nuestra historia y nos hace sentir privilegiados.

“La Ola” Eterna, una pena en torno a la cual florecen las ramas. Eterna, un viaje cuyos ojos hunde el río en sus aguas. Una ola me enseñó que la luz de las estrellas, el rostro de las nubes y el gemido del polvo son una sola flor”.  -Ali Ahmad Said

 

Ruth Figueroa – Originaria de Guadalajara, Jalisco, Mx. Inició su trayectoria profesional en el medio cinematográfico en 2001. Sus películas han sido comercializadas y proyectadas en Francia, Nicaragua, EUA, Nueva Zelanda, Argentina y recientemente en Venezuela. Los temas más destacados de las películas son en torno a las tradiciones mexicanas, migración y video danza. Es columnista en el periódico El Sol de León, en Avenida Digital 3.0. Es fundadora y directora del Centro Cultural Casa Aura en León, Guanajuato. En 2019 colaboradora en La Voz del Árabe.

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Ilustración: Gastón Ortiz

La Voz del Árabe (LVÁ) – EDITORIAL – Cd. de México, julio 29 del 2019

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