LA CUMBRE EUROPEA-ÁRABE

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Los participantes expresaron su preocupación por las amenazas a la paz, la seguridad internacionales y regionales, incluido el terrorismo.

Nouhad Mahmoud

Por primera vez, una reunión cumbre entre los jefes de Estado y de gobierno de los miembros de la Unión Europea (UE) y los miembros de la Liga de los Estados Árabes (LAS) tuvo lugar el domingo 24 y el lunes 25 de febrero en la ciudad balneario egipcia de Sharm el-Sheij.

En total, fueron 28 líderes europeos y 21 contrapartes árabes quienes se reunieron para discutir desafíos conjuntos e impulsar las oportunidades de cooperación mutua. Bajo la copresidencia del mandatario Abdel Fattah al-Sissi de Egipto y Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, los participantes mantuvieron amplias discusiones sobre diferentes temas de interés común para ambos lados del Mediterráneo, que representa 12% de la población mundial. Han inaugurado el primero de los encuentros alternativos regulares que tendrán lugar entre las dos partes cada tres años. La próxima sería en Bruselas en 2022.

Ambas partes tienen sus problemas y preocupaciones, que se reflejaron en la declaración final. Los participantes expresaron su preocupación por las amenazas a la paz, la seguridad internacionales y regionales, incluido el terrorismo, la radicalización, la desestabilización, el tráfico de armas y personas por el crimen organizado.

Declararon sus objetivos de combatir la intolerancia cultural y religiosa, el extremismo, los estereotipos negativos y la discriminación, lo que lleva a la violencia y amenaza a la sociedad civil y las personas. Los europeos fueron víctimas en sus ciudades y sociedades de ataques sangrientos originados en la zona de guerra que está consumiendo el Levante en los últimos años. También se vieron afectados por oleadas de emigrantes en sus costas debido a las condiciones de apátrida en partes del norte de África.

En respuesta a la queja árabe sobre Palestina, los participantes reafirmaron su posición común sobre el proceso de paz en Medio Oriente, incluso sobre el Estado de Jerusalén y sobre la ilegalidad, en virtud del derecho internacional de los asentamientos israelíes en los territorios palestinos ocupados.

Reiteraron su compromiso de alcanzar la solución de dos Estados sobre la base de todas las resoluciones relevantes de la ONU como la única forma realista de terminar con la ocupación que comenzó en 1967, incluida Jerusalén Oriental, y de lograr una paz justa, duradera y amplia entre israelíes y los palestinos a través de negociaciones directas entre las partes, y abordar todos los problemas de estatus final.

Sobre la situación en Siria, los participantes expresaron su creencia de que cualquier solución sostenible requiere una transición política genuina en línea con el comunicado de Ginebra de 2012 y las resoluciones relevantes del CSNU, en particular la resolución 2254.

En Libia, apoyan los esfuerzos de la ONU y la implementación del acuerdo nacional de 2015. En Yemen, acogen con satisfacción el acuerdo de Estocolmo y las resoluciones 2216 y 2452 del CSNU y expresaron su preocupación por la situación humanitaria que afecta a millones de personas.

Los participantes reconocen su rica historia común, los intercambios culturales y una asociación sólida, y piden avanzar para profundizar la asociación estratégica existente.

Expresaron su compromiso con el multilateralismo efectivo y con un sistema internacional basado en el derecho internacional y la aplicación de los términos de la agenda universal 2030 para el desarrollo sostenible.

Estuvieron de acuerdo en abordar desafíos comunes como el fenómeno de la migración y se comprometieron a proteger y apoyar a los refugiados de conformidad con el derecho internacional y los derechos humanos, y para combatir la xenofobia y la intolerancia.

El nuevo diálogo entre árabes y europeos está muy atrasado. La proximidad geográfica es una razón de peso para el acercamiento y la cooperación. Los prejuicios históricos jugaron un papel negativo en la relación pasada entre los dos lados.

Ahora, a pesar de sus diferencias, encontraron que enfrentan los mismos desafíos. El fortalecimiento de los lazos entre ellos mejoraría la estabilidad, la prosperidad y la seguridad, e impulsaría la cooperación y el intercambio económico que beneficiaría a todas las partes.

En un mundo multipolar emergente, y en un momento en que la administración estadounidense bajo la presidencia de Donald Trump se está distanciando de sus antiguos aliados, es hora de que los europeos se forjen su propio camino y escapen de la influencia de una política exterior estadounidense que es presa de los lobbistas fuertes en Wa- shington, y bajo la influencia de intereses particulares de diferentes naturalezas.

Las relaciones entre las naciones pueden florecer si se guían por las reglas del derecho internacional en la política como en la economía. La cumbre de Sharm el-Sheij fue un paso en la dirección correcta.
 

*Nouhad Mahmoud: El autor fue embajador de Líbano en México entre 1999 y 2011
nouhad47@yahoo.com

Imagen: LVÁ

La Voz del Árabe (LVÁ) – EDITORIALEl Universal – Cd. de México, marzo 4 del 2019

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