COP 16 CANCÚN, MÉXICO 2010: LVÁ ESTUVO PRESENTE

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Memoria de LVÁ: Emiratos Árabes Unidos contrató a LVÁ y su director para cubrir gráficamente la COP 16 en Cancún, QR, en el 2010, hoy hace 8 año sucedió el gran evento…

Luis Miguel Cobo

La primera gran experiencia como reportero gráfico para el Mundo Árabe fue la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP-16), se llevó a cabo en Cancún, Q.R. México, del 29 de noviembre al 10 de diciembre del 2010. Comprende la Decimosexta Conferencia de las Partes (COP16), con el propósito de discutir los compromisos futuros para los países industrializados conforme al Protocolo de Kioto, en diciembre de 2005.

Ya estaba sobre la mesa la idea de la creación de la revista La Voz del Árabe, se planeaba a conciencia, aún no lo sabía nadie, no faltaba mucho… La amistad con el embajador de Palestina en México hacía pensar más para lanzar la revista cuanto antes, lo más rápido posible, la “causa árabe-palestina” tenía que ser divulgada de alguna forma por mí, lo decía el corazón y no la mente…

La amistad con el embajador palestino en México, Sr. Said Hamad era fuerte, grande y de mucha confianza. En la recepción de Fiesta Nacional de Líbano de aquel 2010, cubrí el evento para una revista diplomática. Aún era embajador el gran amigo Nouhad Mahmoud, quien colabora actualmente para este medio informativo. Era tarde y la noche abrumaba con frío, en Polanco. Los diplomáticos se encontraban en el evento a punto de salir, de pronto en un cruce “coctelero”, de esos inesperados en una reunión, con cámara en mano buscando imágenes para la revista me llamó el embajador Hamad, de inmediato acudí, me presentó al recién llegado a México embajador de los Emiratos Árabes Unidos, Sr. Saeed Rashed Obaid Saif Alzaabi, quien me sonrió, saludó y comentó que hablara cuanto antes con el Sr. Jalirán, a quien conocí en una reunión en la embajada de Palestina días antes, resultó ser el administrador de la embajada emiratí que aún se encontraba en el hotel St. Regis en avenida Reforma en la CDMX. Estaba ahí, en la embajada libanesa acompañando al embajador, lo busqué y comenté lo dicho por su jefe. Sin pensarlo me dio cita para dos días después en su oficina.

Era un jueves a medio día, estaba frente a Jalirán en su oficina en la suite del St. Regis, platicando, él de Emiratos y yo de mi trabajo periodístico, se levantaba, iba y regresaba, con papeles en la mano, chequera y un bolígrafo, las dos secretarias árabes me miraban, regresaba la mirada, una era Rachel, libanesa, rubia, la otra también libanesa, musulmana, con quien años más tarde logré magnífica amistad cuando fue asistente del embajador de Kuwait en México, Carine Ali Jambey (QEPD). De pronto Jalirán tomó asiento disculpándose, yo en silencio, acomodó los documentos y me dijo, después de haber esperado ahí por 15 o 20 minutos: “Luis Miguel, necesito que hagas las fotografías para el Día Nacional de Emiratos que será en una semana, ¿puedes?”. Respondí afirmativo, luego continuó: “Bueno, envíame un presupuesto por favor”. Hiso una pausa, continuó: “Necesito a dos fotógrafos y un video, es para la COP 16 en Cancún, empieza el 29 de noviembre y termina el 10 de diciembre, los necesito el viernes 3 allá en Cancún y se regresan el 11 de diciembre, sábado en la noche, ¿cómo ves?” Me desconcertó de momento, le pregunté: “¿y de qué se trata?, explícame un poco por favor”. Dijo sin titubear: “Mira, Emiratos Árabes Unidos es quién financia ese evento de la ONU, ahora toca a México, en Cancún, asistirá un jeque muy importante que ya conocerás, es el canciller emiratí, además del presidente Calderón y otros personajes. Necesito hacer toda cuanta fotografía se pueda tanto del jeque como del evento, al igual que los principales paneles tomarlos en video, vistas del hotel, de los asistentes, del salón principal, habrá una expo de empresas ecológicas en un lugar que es muy grande, Emiratos tendrá un stand y habrá que fotografiarlo y hacer video, tú ya sabes lo que es cubrir un evento de esa magnitud. Será en el hotel Moon Palace…” Guardó silencio, miraba unos papeles y luego concluyó: “Por favor Luis Miguel, necesito lo más rápido que te sea posible me envíes el presupuesto a mi correo, la embajada pagará todo, desde el taxi que te lleve al aeropuerto Benito Juárez  hasta el taxi del aeropuerto en el DF a tu casa. Avión, hotel y todo en Cancún lo paga la embajada, deberás incluir tus honorarios y los de tu gente, de quienes tú serás responsable, te pido que sean profesionales por favor.” Escuchaba y asentía con la cabeza, mi mente daba vueltas como rehilete, planeaba todo, pensaba a quién llamar que fuera muy profesional, luego en el viaje, la ropa, la cámara, el video, la otra cámara, todo pasaba por mi mente a la velocidad de la luz. Por último me dijo serio, muy certero: “amigo, te diré algo, necesito tu apoyo y es que ustedes paguen su boleto de ida a Cancún que les será reembolsado, te paso el nombre y dirección de la agencia de viajes, ahí pídelos, te darán el mejor precio y que el vuelo sea el más temprano para que lleguen a instalarse al hotel, tendrán esa tarde libre y allá te doy la agenda de actividades que serán muchas, así que espero ese presupuesto amigo, por favor que sea hoy en el transcurso de la tarde o a más tardar mañana antes del medio día para que lo autorice el Sr. Embajador.”

Llegué al departamento, en Polanco, dejé mi mochila y fui a comer, había un restaurante Wings a una cuadra que daba al periférico, tranquilamente llegué, en una libreta que llevé anoté los datos que tenía y nombres de varios amigos fotógrafos, para el video lo tenía claro, sería el buen Víctor, “Vico”, como le decíamos. Comí, los meseros me conocían, charlé un poco y luego durante el café continué planeando. Ya lo tenía claro, Jalirán me había dicho mucho más indicaciones, me enviaría entre ese día y el siguiente lo datos preliminares y agenda a mi correo. Fumé un cigarro, estaba en la terraza del restaurante hoy desaparecido, tomé dos tazas de café, mis primeras conclusiones fueron que el evento del día nacional de Emiratos ya lo tenía resuelto, enviaría en la noche el presupuesto, me quedaba Cancún, anotaba cantidades y fechas, más nombres y ninguno me convencía, tan solo fueron tres, pero el cuarto nombre llegó en el último momento, mientras traían la cuenta de la comida. Esperaba que aceptara aunque lo dudé por un instante, se trataba de mi gran y querida amiga Maru, la mejor fotógrafa que había conocido hasta ese día, de la sección de sociales, la conocí dos años antes en una embajada, le decía los nombres de embajadores, no los conocía, cubría sociales para un diario en esa época. Además que me gustaba mucho era una increíble mujer, admiraba su personalidad y forma de hacer foto, inclusive realizó una serie de trabajos para La Voz del Árabe tiempo después.

En el departamento frente a la computadora, teléfono en mano hablé con Maru, respondió su madre porque no estaba, llamé a su celular, tampoco respondió, estaría trabajando, pensé. Decidí entonces ir al estudio del Vico, estaba a diez minutos de mi casa, en Irrigación, él siempre estaba ahí trabajando, además que vivía en el edificio arriba, era de su madre. Llegué, ahí estaba, no tardé mucho, le platiqué lo sucedido, tal y como lo sabía, me miraba fijo y sonriente, le gustaba el proyecto, me pidió llevar a un camarógrafo, lo negué, no había presupuesto, nosotros ganaríamos menos, él dijo lo que cobraría por toda la producción realizada, tomé nota en la libreta, quedamos que pagaría su pasaje de avión, le sería reembolsado, aceptó. Platicamos un rato más, antes de las siete de la noche regresé a casa, me faltaba Maru. Hablé con ella, de entrada la invité al viaje y dije cuánto ganaría, una buena cantidad, ni siquiera lo dudó, aceptó de inmediato, nos pusimos de acuerdo, me depositaría al día siguiente para su boleto de avión, todo terminó por ese día.

Había realizado las fotos del Día Nacional de Emiratos Árabes Unidos, su primer año en México, mi primer trabajo con ellos, en la residencia del embajador, en Virreyes, Lomas de Chapultepec, todo resultó perfecto. Al día siguiente entregué las fotografías y pagaron el trabajo, sólo quedaba esperar hasta el próximo viernes 3 de diciembre…

Los tres nos encontramos en el aeropuerto, salimos temprano, el avión despegó a tiempo y llegamos a Cancún. Nos recibieron en el puerto aéreo en una gran camioneta blanca con el escudo oficial de Emiratos, nos llevó al hotel.

Llegando nos entregaron los gafetes correspondientes y pulseras para transitar libremente por todo el hotel, servían también para consumir bebidas y alimentos. El hotel completo se hallaba bajo el cuidado de la ONU, todo era nuevo hasta ese momento. A cada uno le dieron una habitación, de primera, no fuimos enviados al primer vestíbulo ni al segundo de los tres del hotel, donde estaban todos los asistentes y medios informativos, fuimos alojados en el tercero, el más pequeño y lejano a la entrada, donde se alojaría el presidente Felipe Calderón, Evo Morales y el Jeque emiratí, era donde estaba todo el personal del gobierno de EAU, el mismo embajador Saeed Rashed Obaid, otros embajadores más, donde se alojaría el jeque, en ese edificio del hotel las habitaciones estaban todas ocupadas, oficinas, embajadores, dirigentes, mucha gente, fue un gran detalle de la embajada emiratí, preferían tenernos cerca, ese fue el detalle…

Conocimos al personal de los Emiratos, los que estaban a cargo de todo aquello, coordinadores, publirrelacionistas y asistentes, preparaban la llegada del jeque, su discurso, su agenda para reuniones, los tiempos y mucho más… Cuando empezamos el trabajo, la toma general del hotel, de los anuncios y espectaculares que estaban por todos lados, anunciaban la COP 16 Mx. Más tarde con los consejeros y ministros emiratís de un lado a otro, los seguíamos, Vico hacía video, nosotros fotografía, unas ella otras yo. Por ser de la cultura islámica Maru tendría que estar cubierta de cuerpo completo, menos la cabeza por no ser musulmana, por todo el día mientras estuviéramos cerca de ellos, en las horas libres todo cambiaba, pero el trabajo apenas comenzaba…

La experiencia comenzaba a fluir, el aprendizaje más, conocimos a gente increíble, cada uno en su trabajo, concentrados, comíamos donde queríamos, lo que más nos gustaba, teníamos acceso a cualquier restaurante del hotel, bebimos, comimos y disfrutamos el trabajo, los momentos libres como nadie, pero siempre el trabajo periodístico lo primero, el arte en la fotografía y el video a flote en el aire que respirábamos los tres, lo que nos llevaba hacia adelante, de manera profesional cumplimos con todo y con todos. Hubo momentos de playa, momentos de tensión frente a los cancilleres, algunos embajadores, por un lado y otro me saludaban diplomáticos que conocía, ahí nos encontramos, miraban mi gafete de Emiratos Árabes y comentaban: “Usted está con los grandes amigo…” así fue, estábamos con los más grandes. El estar ahí emocionaba, conocimos al equipo emiratí que trabajaba día y noche enviando noticias, imágenes, llamaban y pedían fotos, pasé varias horas frente a la laptop, me gustaba, me sentía bien, todo aumentaba la experiencia periodística. Conocimos al coordinador del jeque, al secretario y a otras personas, convivimos con ellos durante momentos en algún restaurante de los muchos del hotel, siempre cordiales, nunca bebidas alcohólicas ni carne de cerdo… Pláticas de todo tipo sobre todo de su país, de su gente y de sus emires, eran emiratís cordiales, muy amigables y parecían no cansarse por las desveladas de convivencia, tan solo conversando…

Llegó el día importante para nosotros, el gobierno de Emiratos Árabes Unidos ofrecía una recepción para todos los presentes en la COP 16, los altos jerarcas, entraban solo con invitación. Jalirán me llamó al celular para darme la orden del día, a las seis de la tarde en el jardín central del hotel, frente a la playa pasando las albercas: “ahí verás una gran carpa blanca, es ahí. Los espero en punto por favor, de traje y corbata, les daré indicaciones”, dijo sin más. Ahí estuvimos los seis en punto, cámara en mano. De traje y corbata Vico y yo, de color negro formal Maru, ataviada muy elegante.

El evento comenzó, bajo la gran carpa blanca el besamanos corría como río en un bosque de grandes árboles que se movían de un lado a otro. Todos rodeaban al jeque, el personaje de la noche, Su Alteza Abdullah bin Zayed Al Nahyan, ministro de Relaciones Exteriores y Cooperación Internacional de Emiratos Árabes Unidos estaba ahí presente. La gente de México, de la Secretaría de Relaciones Exteriores, se presentó la embajadora Ma. De Lourdes Aranda con algunos acompañantes saludaron al jeque, la bienvenida a tierras mexicanas, el hotel en ese momento concedido a la ONU, hablaron medio minuto y se retiraron, la embajadora se reunió en una de las pequeñas salas del lugar con otros embajadores del Mundo Árabe invitados a la reunión. El jeque continuaba saludando.

Después de casi una hora el ritmo cambió, todos con vaso o copa en mano, algunos degustando bocadillos atendían al maestro de ceremonias que tomó su lugar en el estrado, hiso un comentario muy corto del lugar, Cancún y la COP 16, presentó a Su Alteza Abdullah bin Zayed Al Nahyan, subió enseguida y comenzó a decir su discurso, los presentes en completo silencio escucharon, la traducción impecable, todo resultaba perfecto. Vico, Maru y yo trabajando, uno grabando y nosotros haciendo foto por aquí, por allá y la que nos gustara.  

Su Alteza Abdullah bin Zayed Al Nahyan terminó el discurso, de inmediato bajó del estrado, gente lo esperaba para felicitarlo, estrechar su mano y el abrazo al que su alteza decidiera, todo era afable, sonrisas, nosotros disparando la cámara, una y otra imagen, Maru allá, yo aquí, dos flancos, nadie escapaba al disparo, escuchaba hablar en árabe, en inglés, alguien en francés y en español, lo meseros de inmediato charola en mano ofreciendo sushi y sus variantes, otros con las bebidas, los invitados no menos de 150 personas, salían y entraban a la gran carpa, había grupo musical, todo lucía esplendoroso, era la puesta en escena de Emiratos Árabes Unidos y la llegada del jeque a México. La noche transcurrió, terminamos bien nuestro trabajo. Maru enfermó por unos camarones que comió, una medicina y al día siguiente todo bien con ella. Cada quien en su habitación descargaba memorias de la cámara, poco a poco se juntaban cientos de tomas fotográficas, lo bueno era que todas servían, lo malo que eran demasiadas. Esa noche acudieron a mi habitación, eran las tres de la mañana, la gente del gobierno emiratí, querían algunas fotos para enviarlas a la Cancillería de Emiratos, les dije que en media hora y ahí esperaron, las coloqué en su USB y se fueron. Buenas noches…

Un día más en Cancún, la COP 16, hoy día clave, el día de los grandes oradores en el salón grande del primer edificio del hotel, el lobby grande y todos ahí esperando sus entradas, periodistas y fotógrafos, canales de Tv juntos, de todos los países asistentes, de los cinco continentes, hermanados: “lo que te haga falta brother…”, me dijo un sudamericano que encontré y pregunté por una entrada, allá fuimos Maru y yo, Vico no tenía trabajo esa mañana, “sólo fotos” dijeron. Llegamos a la entrada de “camerinos”, por donde entraban y salían periodistas y gente de la ONU, alguno que otro orador, el maestro de ceremonias, Maru y yo nerviosos, las manos temblaban, con la cámara en la mano listos para entrar, como si fuera el examen de final de curso, como si fuera el campo de batalla, que si lo fue…

El coordinador del jeque, ya conocido en ese momento me dio la señal, desde lejos abrió la mano diciendo “en 5 minutos”, asentí con la cabeza, miré a Maru, le pregunté: “¿tú o yo nena?”, sin dudarlo, dijo directo: “tú…” Entré al gran salón, lleno al tope, los grandes ahí presentes, el jeque, el presidente Felipe Calderón, Evo Morales y muchos importantes más. El uniformado de la ONU me señaló el lugar donde estaría para hacer las fotos y me dijo: “only 10 minutes please”, asentí con la cabeza y fui al lugar, corriendo, agachado como en el campo de guerra para librarse y no tapar al enemigo que era el público asistente a nivel de piso, llegué justo frente al jeque, primero con la lente corto, acercando lo más que podía, luego cambio de lente, un 300mm, quedaban cinco minutos, el guardia observando lo que hacía, disparaba, en momentos parecía una metralleta, tantas fotos como fuera posible, las sobrantes se borrarían. Fueron dos entradas más al salón para Maru y para mí, cada una de igual tiempo. Salimos y fuimos al lobby que nos tocaba, abajo del gran salón, recorrimos un poco observando, haríamos alguna foto del ambiente que reinaba en el lugar, de los medios informativos internacionales, eran muchos, quizá demasiados; paneles informativos, pósteres por todos lados alusivos todos al medio ambiente, gente de todas las razas, nacionalidades, todo era un mundo increíble no visto para los dos tan de cerca. Después de hacer alguna toma nos fuimos, había mucho por hacer aún.

Al día siguiente hubo una reunión de Felipe Calderón con el jeque y otras personalidades en un hotel en el centro de Cancún, a más de 35 Km según dijeron. Fuimos en camioneta del hotel, también Vico. “Siempre con su gafete puesto”: nos dijo Jalirán antes de salir. Después de esa reunión fuimos al lugar de exposiciones, también retirado, nos urgía conseguir cigarros, Marlboro para ellos dos, Camel para mí, le dijimos al chofer y muy atento nos llevó a una tienda de conveniencia antes de llegar al centro de exposiciones. Una vez surtidos fuimos allá. Llegamos por fin al centro de exposiciones, un lugar exageradamente grande, camiones de pasaje por todos lados, extranjeros en todo lugar, policías de la ONU y casetas de identificación,  cuidaban sigilosamente cada entrada, cada lugar que fuera sospechoso para ellos. Gafete y cámaras eran los pasaportes de entrada que evitaban muchos trámites, recorrimos el salón completo, muy grande, llegamos al stand de Emiratos Árabes Unidos, fotografiamos, la gente ahí presente nos daba explicaciones de industria ecológica de lo que no entendíamos mucho. Terminamos el trabajo ahí, volveríamos para la inauguración al día siguiente. Regresamos al hotel directo a comer, hambrientos, calor, sed, mucho trabajo y caminar, la hora ameritaba comer algo, eran más de las cinco de la tarde. Ese día había terminado para nosotros en cuanto a trabajo, la tarde libre, caminar, conocer un poco más el hotel y platicar entre nosotros, en la noche el trabajo de selección de fotos sería duro.

Llegó el momento de la inauguración en el salón de exposiciones, el último evento grande en Cancún. Discursos y demás momentos que integran una inauguración para tantísima gente, muchísima, de todo el mundo, nosotros sólo con Emiratos Árabes y nada más, video y fotos en todo momento… Llegó el final, el regreso al hotel, toda la mañana invertida en ese lugar.

Dentro de todo el ir y venir que tuvimos en ese gran evento, desveladas, desmañadas y demás acciones que conlleva el hermoso trabajo periodístico gráfico. Al día siguiente del que el presidente Calderón dio su discurso, era muy temprano, me citaron a las ocho de la mañana, me dirigía al lobby para esperar una camioneta que me llevaría no supe a dónde para hacer unas fotografías al jeque, una reunión con alguien importante. En el pasillo para entrar al lobby me topé de frente, a medio metro con el presidente Felipe Calderón, vestía su camisa blanca bordada con los colores de la bandera, él venía yo iba, el mismo camino, rodeado por muchos uniformados, cubriéndolo, cuidándolo, mi primera reacción al verlo fue hablar: “buenos días señor presidente”. Me miró por fracciones de segundo de frente, las miradas chocaron, hice una mueca riendo, no hiso ningún gesto, como si fuera un robot, como si hipnotizado, como si no lo saludó nadie, como si no hubiera estado frente a él, como si la resaca no le permitió hablar… Nunca fue de mi agrado, no tengo filiación ni gusto por ningún partido político, no voté por él, detestable e incoherente ignorar un saludo de un compatriota, por elemental educación, no la tuvo pero su guardaespaldas sí, una mujer gigante, muy alta, militar, ella respondió el saludo: “buenos días señor”.  El periodista sólo informa, aquí se informa…

Los días pasaban tan lentos como rápidos, más de una semana en Cancún, sentíamos que pasaba pero deseábamos que nunca terminara. Jalirán siempre pendiente de todo, era el coordinador de la embajada de Emiratos Árabes Unidos en México en Cancún, veía por el embajador, por las secretarias, por los choferes, por nosotros, por todos y los que no, todo lo tenía bajo control, me llamaba cada vez que había un evento grande o pequeño, me daba las coordenadas de donde sería dentro del gigantesco hotel, a veces los tres o a veces Maru y yo solos, dentro de lujosas habitaciones convertidas en salas de recepción con embajadores o cancilleres de África, de Sudamérica, de Asia, de donde fuera, con las directivos mexicanos los ministros emiratís, con los emiratís todo el mundo, solicitaban apoyos de todo tipo, la ecología era el tema, nosotros haciendo fotos en todo momento, escuchando en inglés y francés algunas pláticas de las que no entendíamos nada, de un lado a otro, caminábamos grandes distancias dentro del Moon Palace, de una sección a otra, en caravana como si fuéramos beduinos en pleno desierto, llegamos al lugar, nosotros cola de la caravana, esperábamos indicaciones: “en diez minutos adentro, hacen fotos y fuera” nos decían.

De pronto en cierto momento, dentro de esos días nos llamaron para hacer fotos y video de una reunión especial del jeque con algún dirigente seguramente africano. Nos dieron hora y lugar de espera, ahí estuvimos. Llegaron en comitiva varios, los ministros emiratís, el embajador de Emiratos en México, los secretarios y los tres guaruras coreanos del jeque, el jeque al final, vestido de blanco, impresionante no ver una sola arruga en su ropa. Caminamos detrás de él hasta llegar a la habitación escogida, entró él y algunos de la comitiva, los demás esperamos fuera, inquietos, nerviosos, salió el coordinador árabe y dijo en inglés: “no video now, sorry…”, de inmediato Vico se fue, no tenía caso esperar ahí. No pasaron más de 15 minutos y me llamó el mismo árabe, el coordinador, amigo de esos días y personaje que comprendía cualquier situación, siempre saludando y pidiendo disculpas por los planes fallidos que nunca faltan. Entré a la suite, miré en segundos todo lo que había alrededor, el escáner acostumbrado, ubicación natural por instinto fotográfico periodístico, el coordinador me dijo en voz muy baja lo que haría, dónde me quedaría, el jeque hablando a cinco metros de mí, no volteaba para nada, clavado en la plática con aquel hombre de color quizá africano por la vestimenta. Con la cabeza y mirándome el coordinador me decía cuando hacer las imágenes del momento, el flash podía molestar al jeque y con quien estaba, tenía escasos 15 segundos para hacer las fotos a partir de ese momento, las hice, sin temblar y sólo mirando al frente. El jeque miró al coordinador, su mirada me guio al mismo quién haciendo una señal facial dijo: “ya terminaste sal de aquí”, sin él hablar…

Una vez fuera comenté lo ocurrido y todos atentos quedaron en silencio, seguramente imaginando lo escuchado. De pronto, después de unos veinte minutos de estar ahí parados fuera de la suite salió el coordinador, me buscó y llamó con la mano, llegué y entré de inmediato, me llamó el embajador Saeed Rashed para hacer unas fotos con él, aproveché para fotografíar al jeque solo… Todo resultó increíble ese día.

En la noche, dos días antes de que el viaje terminara habíamos trabajado toda la mañana, de igual forma haciendo fotos a ministros emiratís en varios lugares y suites diferentes. “El día terminó para ustedes pero manténgase alertas por favor…” Dijo Jalirán frente a los tres. Nos fuimos a comer, la hora lo ameritaba, el trabajo también. Llegamos al restaurante donde se reunían todos los embajadores y gente de altos vuelos, ahí estábamos diario. Nos sentamos en la terraza, el clima no era muy caliente, en diciembre hasta frío sentimos en pleno Cancún. Pedimos vino tinto: “sólo francés o español, no por copa sólo por botella”, dijo el mesero, como desde el primer día lo pedimos, una y una, comimos hasta hartar, era el penúltimo día en ese lugar paradisiaco. En la mesa los tres y Jalirán también, él era mexicano no árabe ni musulmán, no habría problema por la comida y el vino. La comida en ese lugar era exquisita, lo que comieras, aunque no te gustara, lo que menos parecía era comida de hotel. Pasaba el tiempo aun sentados ya en la sobremesa, contentos, divertidos, en ese problema sin problema alguno, después del vino los digestivos, o en algún momento el anís, lo que fuera, el café negro, los postres, fue un día de comer y beber en serio, la gran experiencia fotográfica periodística en su pleno, vivíamos lo que faltaba, el momento para liberar tensiones de una vez por todas. Maru y yo hablar y hablar, de todo y nada, sonrisas y despliegues de ideas tontas que sólo hacen reír y nada más, Vico de igual forma explayando sus conceptos sobre autos Corvette y video con Jalirán.

Serian como las siete de la noche, el sol había caído y la brisa nocturna del mar se sentía en la cara y las manos, el traje y corbata servían para proteger del frío de Cancún en diciembre. Estábamos fuera del restaurante, sentados en unas sillas casi en la entrada, sólo platicando y fumando, riendo y pasando el tiempo, de pronto el coordinador del jeque se acercó, me llamó y enseguida me acerqué a él. Me dio indicaciones fuera de horario y agenda, según él, porque del otro lado de donde estábamos, en un gran patio privado del hotel se llevaría una recepción con todos los invitados VIP de la COP 16, se requería mi presencia porque su alteza estaría presente y quizá el presidente de México, dijo. Sólo pregunté la hora para estar ahí, eran las seis treinta, me dijo: “ya, desde ahora”. Avisé que me iría, me esperarían en ese lugar, fui al baño del restaurante, me refresqué la cara y arreglé la corbata, Maru cuidaba de mi maleta con la cámara. Salí corriendo hacia el lugar.

Llegando al patio busqué la entrada, me pidieron invitación la cual no tenía pero la cámara y gafete hicieron su papel, entré sin ningún problema, di una y dos vueltas por el lugar, muy bien decorado al estilo feria mexicana, toda clase de tacos y quesadillas, fritangas de lujo, dulces mexicanos y muchos más platillos de nuestra cocina. Bebidas de todo tipo, había más de 80 invitados, el espacio era grande y arreglado de tal forma que se sentía había más gente. De pronto encontré la foto, la misión encomendada, al fondo el coordinador del jeque me hacía señales para hacer la gráfica, cuando estaba a punto de hacer el segundo disparo se acercó un hombre, me tomó del hombro, lo miré y parecía un gigante vestido de traje negro, con gafete y demás cosas que usan o usaban los del Estado Mayor Presidencial, preguntó: “Disculpe ¿qué hace?” Contuve la risa, lo miré y respondí: “¿qué cree que estoy haciendo, chambritas?” Mala respuesta para pregunta tonta, nueva pregunta: “Me refiero de qué medio viene, no está permitida la prensa señor en este evento” Le dije: “no se preocupe, no vengo de ningún medio, mire…” Le mostré mi gafete, lo miró y luego dijo: “disculpe usted, sólo un favor, no fotografíe al señor presidente sentado y en ningún caso con un vaso o bebida en la mano” Nuevamente respondí: “sí lo sé, no se preocupe”. Apenas tuve tiempo para hacer tres o cuatro fotos, un oriental se colocó en frente, no permitían moverse más cerca de donde estaba, pero al final logré la foto, “el jeque Abdullah bin Zayed Al Nahyan platicando con el presidente Felipe Calderón”, la única imagen de ese tipo existente para Emiratos Árabes Unidos, según dijeron al día siguiente los del gobierno emiratí.

Luego de haber cumplido con la misión de lograr esa foto, habiendo tratado de acercarme y lograr una mejor toma, fui bloqueado por los señores del Estado Mayor, pese a eso logré lo que deseaban los jefes en ese momento. Regresé al restaurante, Vico se había ido a su habitación, Maru y Jalirán aun platicando y mucho más mareados de como los dejé, el vino tinto trabajó de más… Tomé una o dos copas de vino y luego nos fuimos a descansar.

Dentro de los sucesos interesantes del evento hubo varios que valen la pena comentar. Una de las noches en la que estábamos cenando en el restaurante del lobby que nos correspondía, de los embajadores y jerarcas de todo tipo, ahí no iba la prensa para nada, estaba con Maru, Vico aun no llegaba, empezamos a cenar después de tomar una copa de vino francés, al fondo de donde nos encontrábamos no había una sola mesa ocupada, serían como unas veinte, sólo un señor cenando y trabajando, era mexicano, vestido de traje y corbata, se acercó otro hombre vestido de negro, solo en camisa, del Estado Mayor, le pidió cortésmente que si podía desocupar la mesa ya que el señor presidente Felipe Calderón bajaría cenar, la zona era para el primer mandatario. El señor que no pudimos enterarnos quién era, sólo que pertenecía al grupo de jefes de la ONU en alguna de sus miles de secciones, le respondió muy molesto, en voz alta a punto del grito: “Oiga señor, van tres veces que me solicitan la mesa, estoy trabajando y no me voy a mover de aquí, si le estorbo al señor presidente para cenar, dígale que él también me estorba para vivir en México, que se vaya o no venga, buenas noches…” Y el señor del Estado Mayor se retiró y el presidente nunca llegó.

Otro suceso que fue muy conocido entre los que estábamos ahí: el único auto que podía circular dentro del hotel era el BMW blindado que llevaron para el jeque de Emiratos, ningún auto podía circular por órdenes de los organizadores de la ONU. Ese pequeño detalle ocasionó que el presidente Calderón se molestara muchísimo, según dijeron, ya que se transportaba junto con todos sus guardaespaldas en un carrito del transporte interno del hotel para los huéspedes, de esos parecidos a los de golf. Por eso mismo fueron muy escasos durante tres días. Fue un detalle que ocasionó risas…

Así terminó esa semana de increíble trabajo, lo escrito aquí es poco para lo que se vive y vivimos durante más de una semana en un evento de ese tamaño en Cancún, conviviendo con tanta gente de tantos países, con los árabes de Emiratos Árabes Unidos que fueron los patrocinadores de la COP 16 según informaron, la experiencia fue grande, grata y con ganas de repetir.

El siguiente miércoles el trabajo fue entregado a la embajada de Emiratos Árabes Unidos, en mano del embajador, personalmente entregué tres discos CD repletos de fotografías y tres DVD con el video que se realizó. Todo positivo y hasta la fecha el trabajo con esa embajada y otras continúa.

Hoy se festeja en México el Día Nacional de los Emiratos Árabes Unidos, por alguna razón ya que su Día Nacional es el 2 de diciembre, hoy se cumplen OCHO años de esta gran experiencia de la COP 16 en Cancún, hoy puede ser el mejor día, hoy puede ser el día que todo nos resulte positivo, hoy amigos lectores, es el día en el que todo comienza como aquel 2008, año en el que La Voz del Árabe comienza su ya largo camino, por esta razón y muchas otras decidimos publicar este recuerdo, porque La Voz del Árabe siempre tiene y tendrá memoria, hoy cumplimos como en aquella primera información en el 2008 con publicar este gran evento, por México, por Emiratos Árabes Unidos y por La Voz del Árabe en sus publicaciones de siempre.

Por último, nuevamente agradecemos directamente al gobierno y la H. Embajada de los Emiratos Árabes Unidos por esa gran oportunidad de aquel momento, sin ellos no se hubiera podido lograr. Agradeciendo también a la siempre hermosa Maru Argumedo y al gran Víctor Alonso “Vico”. Shukran… Gracias…

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Imagen: Lm.CoBo.FoTo – Maru Argumedo – México ®2010 para La Voz del Árabe

 La Voz del Árabe (LVÁ) – ESPECIALES – Cd. de México, diciembre 10 del 2018

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