ASCO, REPUGNANCIA Y VERGÜENZA: TRES SÍNTOMAS

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Todos afirman haber recibido órdenes específicas sobre la destrucción de pueblos árabes, sin embargo, para evitar el retorno de las poblaciones exiliadas, las aldeas fueron «limpiadas» metódicamente.

Mauricio Saraya Ley*

Asco, repugnancia y vergüenza son tres síntomas que se despiertan en todo aquel ser racional que se jacte de tener un mínimo de humanidad.

Los incontables crímenes perpetuados por una hipócrita asociación colonialista anglosajona, encabezada por Inglaterra y Estados Unidos, cuya podredumbre moral se vislumbra a todas luces, es cínica y despiadadamente asestada de manera cotidiana desde hace 70 años por su socio implantado en el Medio Oriente, ese pseudo Estado llamado Israel, edificado sobre ríos de sangre de inocentes, por el aberrante movimiento sionista.

Para los palestinos, 1948 simboliza el advenimiento del proceso colonial que los desposeyó de su tierra y su derecho a la soberanía, conocida como la «Nakba» (catástrofe, en árabe) y al día de hoy continúa sin que los animales depredadores paguen por ello. Después de todo, según la perspectiva del Talmud, se trata de simples gentiles, si acaso considerados poco más que simples animales.

Para narrar esta vergonzosa historia, me limito a reproducir un artículo que originalmente apareció en francés, escrito por Thomas Vescovi, profesor e investigador en historia contemporánea, autor de Bienvenue en Palestine (Kairos, 2014) y La Mémoire de la Nakba en Israël (L’Harmattan, 2015).

Y ante la aparente falta de memoria, pero sobre todo, la indiferencia del resto del mundo, vuelvo a parafrasear a Mahatma Gandhi, cuando aseveró que:

Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena

Yosef Nahmani, un oficial superior de la Haganah, la fuerza armada de la Agencia Judía que se convertiría en el Ejército de Defensa de Israel, escribió en su diario el 6 de noviembre de 1948: «En Safsaf, después de que los habitantes habían alzado la bandera blanca, [los soldados] reunieron a hombres y mujeres en grupos separados, ataron las manos de 50 o 60 aldeanos, les dispararon y luego los enterraron a todos en el mismo pozo. También violaron a varias mujeres del pueblo. ¿Dónde aprendieron tal comportamiento, tan cruel como el de los nazis? […] Un oficial me dijo que los más atroces fueron los que escaparon de los campos».

En 1985, un kibbutznik de 60 años, Teddy Katz, decidió reanudar sus estudios y se inscribió en un programa de investigación histórica bajo la dirección de Ilan Pappé en la Universidad de Haifa. Quería arrojar luz sobre los acontecimientos que tuvieron lugar en cinco aldeas palestinas, abandonadas en 1948.

Realizó 135 entrevistas a combatientes judíos, 64 de los cuales se centraron en las atrocidades que tuvieron lugar en la aldea de Tantura, despojada de sus 1.200 habitantes el 23 de mayo de 1948 por las fuerzas de Palmach.

Después de dos años de investigación, Katz afirma en su trabajo que entre 85 y 110 hombres fueron asesinados sin piedad en la playa de Tantura, después de cavar sus propias tumbas. La masacre continuaría entonces en el pueblo, una casa a la vez, y una cacería humana se llevaría a cabo en las calles. El asesinato solo se detuvo cuando intervinieron los habitantes judíos de la aldea vecina de Zikhron Yaakov. Más de 230 personas fueron asesinadas.

Testificando para la posteridad – En 2005, el realizador Eyal Sivan y la ONG israelí Zochrot desarrollaron el proyecto  “Hacia un archivo común” con el  objetivo de recopilar testimonios de los soldados judíos de 1948. Más de 30 acordaron testificar sobre los acontecimientos de aquellos días que habían estado sujetos a tales versiones conflictivas. .

¿Pero por qué los combatientes accedieron a testificar ahora, unos pocos años después? Según Pappé, director científico del proyecto, por tres razones.

Primero, la mayoría se acercaba al final de sus vidas y ya no tenían miedo de hablar.

En segundo lugar, los ex combatientes habían luchado por un ideal que se había deteriorado con el aumento en Israel de los círculos religiosos y la extrema derecha, así como el electroshock neoliberal impuesto por Netanyahu durante sus sucesivos mandatos.

En tercer lugar, estaban convencidos de que, tarde o temprano, las generaciones más jóvenes descubrirían la verdad de los refugiados palestinos y creían que era su deber transmitir el conocimiento de los inquietantes acontecimientos.

Todos afirman haber recibido órdenes específicas sobre la destrucción de pueblos árabes, sin embargo, para evitar el retorno de las poblaciones exiliadas, las aldeas fueron «limpiadas» metódicamente. A medida que se acercaban al sitio, los soldados disparaban o lanzaban granadas para asustar a las poblaciones locales. En la mayoría de los casos, tales acciones fueron suficientes para alejar a los habitantes. A veces, una o dos casas tenían que volarse a la entrada de una aldea para obligar a los pocos habitantes recalcitrantes a huir.

En cuanto a las masacres, para algunos, los actos fueron simplemente parte de las operaciones de «limpieza», ya que los líderes del movimiento sionista les habían autorizado a «cruzar esta línea», en ciertos casos. La «línea» se cruzó sistemáticamente cuando los habitantes se negaron a partir, resistieron o incluso se defendieron.

Sin remordimientos – En Lod, más de 100 personas se refugiaron en la mezquita, creyendo los rumores de que los combatientes judíos no atacarían los lugares de culto. Un lanzacohetes destruyó su refugio, que colapsó sobre ellos. Sus cuerpos fueron quemados.

Las buenas relaciones árabe-judías aparecen regularmente, y pocos testigos hablan de estar en malos términos con sus vecinos antes del comienzo de la guerra.

Durante un desalojo en Beersheba, los campesinos palestinos vinieron a pedir ayuda a los habitantes del vecino kibbutz, que no dudaron en intervenir y denunciar las acciones de los soldados sionistas.

Más de 60 años después de estos eventos, los combatientes expresaron poco o ningún remordimiento. Según ellos, era necesario liberar el territorio prometido por la ONU para fundar el Estado judío, y esto significaba que no había lugar para los árabes en el paisaje nacional.

Fuente: The crimes of 1948: Jewish fighters speak outCopyleft: Toda reproducción de este artículo debe contar con el enlace al original inglés y a la traducción de Palestinalibre.org – Fuente: Thomas Vescovi, Middle East Eye / Traducción: Palestinalibre.org

*MAURICIO SARAYA LEY – Creador de conceptos publicitarios recibió premios: “El Heraldo”, “La Letra Impresa” y “Premio Nacional Rincón Gallardo”. Más de veinte años en área creativa y dirección de arte. Escribió varios ensayos. En 2003 publica novela de suspenso “Efervescencia”. Ha escrito guiones para TV. Se han hecho adaptaciones de sus cuentos para cortometrajes. En “Ruido”, su cuarto libro, novela de denuncias con propuesta filosófica. Ha escrito variados e interesantes artículos de fondo para La Voz del Árabe desde su fundación.

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Imagen: LVÁ

La Voz del Árabe (LVÁ) – EDITORIAL – Cd. de México, noviembre 24 del 2018

 

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